Fuera mitos

La verdad sobre la araña adicta a la gasolina

Luis Javier Plata Rosas 07 / Aug / 19
Una investigación científica revela la verdad sobre los arácnidos de saco amarillo que se alojan en los mecanismos de algunos modelos de automóviles y provocan problemas técnicos

Hace algunos años (en 2011) la compañía automovilística Mazda tuvo que retirar del mercado para revisarlos a decenas de miles de autos desde México hasta Canadá por culpa de una especie de araña que, al parecer, se tomaba al pie de la letra la canción de Daddy Yankee cuando afirma y repite ad nauseam que “le gusta la gasolina” y, más aún, “le encanta la gasolina”.

El problema no era que estos arácnidos, comúnmente conocidos como arañas de saco amarillo y del género Cheiracanthium (con diferentes especies; entre las más comunes, C. mildei y C. inclusum) se hubieran adaptado evolutivamente al Antropoceno (como modestamente, en virtud de la magnitud de las transformaciones que nuestra especie ha provocado en la Tierra, pero habría que ver qué opinan de esto las bacterias, o Morena y López Obrador) y aprovechado la ubicuidad de nuestros autos de gasolina para unirse en una relación simbiótica a bacterias gasolinolíticas. 

¿Insectos huachicoles?

Así como las termitas pueden digerir la celulosa de la madera gracias a la presencia de bacterias celulolíticas (no confundir el adjetivo con celulíticas) en su intestino, quienes son las que convierte a este último en una especie de refinería —mucho más eficiente que la de Dos Bocas— en la que el compuesto es degradado y los productos resultantes aprovechados por estos insectos, las arañas de saco amarillo con bacterias que degradan la gasolina podrían alimentarse de este líquido y, al ordeñar los tanques de nuestro automóvil, sin discriminar si en vez de un Mazda Mx-5 se trata de un descontinuado Tsuru, convertirse en una amenaza peor que el huachicoleo.

Pero este escenario apocalíptico propio de Mad Max pertenece a la misma ficción que esas películas, y el verdadero riesgo es que, según informó la compañía Mazda en ese entonces, “los insectos pueden tejer sus redes en el ventilador conectado al sistema del tanque y taparlo”. La presión interna en un tanque tapado aumenta, y con ello los riesgos de que se agriete, provoque fugas de combustible y se incendie.

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La compañía Mazda tuvo que retirar miles de vehículos por la presencia de arañas saco amarillo. En la imagen una de las especies Cheiracanthium mildei | Foto: 

Arañas, sí, insectos, no

El portavoz de Mazda no era entomólogo ni aracnólogo (ni lector de cómics de Spider-Man) y ello explica su confusión al llamar insectos a quienes, a diferencia de éstos, entre otras características distintivas tienen 8 patas en lugar de 6. Además, las especies que taponaban específicamente las mangueras del sistema de control de emisiones de los Mazda y de otras marcas de automóviles, no lo hacían con sus telarañas, porque las arañas de saco amarillo se llaman así, precisamente, porque una de sus características más notables es que, en vez de tejer telarañas, fabrican una especie de saco o capullo de seda que le sirve de bolsa de dormir durante el día (si bien, por otra parte, no siempre son amarillas). Es con estos sacos con las que se empeñan en obstruir las mangueras de vapor de combustible de nuestro vehículo.

Durante el evento de Attack on Mazda no faltó el medio que aseguró, como si las arañas mismas se lo hubiesen dicho en una entrevista, que “esta especie originaria de América es una de las pocas especies de arañas del mundo que se siente atraída por el olor de la gasolina”. O sea que, según estos reportes, cada que una araña de saco amarillo huele Pemex Magna es como si el aire se llenase de feromonas sexuales y, en un arrebato propio de un junkie, se lanza de lleno a esnifarla a nuestros autos.

Y quien crea que exageramos con esta comparación, puede echar un vistazo a los titulares de otros medio que tanto en 2011, durante la primera oleada de arañas, como en 2014, durante la segunda infestación —en la que se retiraron más de 40,000 Mazda6 sedán- usaron frases como “araña adicta a la gasolina”, “extraña adicción por la gasolina de una especie de araña” o “la araña de marras se pirra por el olor de la gasolina” (momento para una cápsula cultural: pirrar, en España, es el superlativo de gustar; “me pirran las empollonas” significa que a alguien le gustan muchísimo las estudiantes estudiosas).
 

Esta especie podría ser una especie de refinería —mucho más eficiente que la de Dos Bocas— en la que el compuesto es degradado y los productos resultantes aprovechados por estos insectos, las arañas de saco amarillo con bacterias que degradan la gasolina podrían alimentarse de este líquido y, al ordeñar los tanques de nuestro automóvil, convertirse en una amenaza peor que el huachicoleo.
Foto: Especial

Automóviles adaptados al cambio

A pesar de no ser “ciencia de frontera” como la de la convocatoria de este año de Conacyt —que la define (es un decir) como “la fuente fundamental, la raíz, del cambio tecnológico de vanguardia y de la innovación tecnológica”, con “posibilidades de avanzar las fronteras del conocimiento, con una visión de largo plazo, con referentes de calidad internacional—, estudiantes del Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Indiana decidieron poner a prueba (1) la hipótesis de la atracción a la gasolina —favorita y casi única difundida por los medios de comunicación— junto con otras dos posibilidades: (2) la hipótesis de la ocupación aleatoria, según la cual la ocasional ocupación de las mangueras de vapor de combustible es producto del más puro azar (en aquellos lugares geográficos en que habitan estas arañas, por supuesto), y (3) la hipótesis de la atracción de la manguera que, tal cual, indica que no es la gasolina sino las mangueras los oscuros objetos del deseo de las arañas para construir ahí sus nidos.

No es necesario ser biólogo para considerar que la primera y la segunda hipótesis son explicaciones más sencillas para la misteriosa presencia de las arañas de saco amarillo en los autos, pero tampoco es necesario ser periodista para concluir que “Arañas inhaladoras de gasolina obligan a Mazda…” (ejemplo real) tiene un atractivo que deja muy por detrás a las otras explicaciones, por más probables que sean.

A partir de un un experimento en el que usaron ejemplares juveniles (que son los que se han encontrado en los Mazda y otras marcas de autos) de la especie Cheiracanthium mildei, los estudiantes determinaron que las arañas pasaban cantidades similares de tiempo en áreas con y sin olor de gasolina, por lo que desecharon la hipótesis de que se sientan atraídas por el olor a combustible. Observaron también que estas arañas sí prefieren pasar más tiempo en lugares en los que hay piezas de mangueras (como las que ocupan en los autos) con respecto a otros sitios sin ellas, comportamiento que no es exhibido por los adultos de esta especie y que requiere más estudios para averiguar la razón de ello.

Que sean las mangueras y no el volátil aroma de la gasolina es lo de menos para los fabricantes de auto, y aunque se especula que la preferencia por Mazda no se debe a su precio y calidad sino, de acuerdo con Scott McCracken (responsable del sistema de alerta de esta compañía), a que, como en la historia de Ricitos de Oro, el diámetro de las líneas de ventilación de algunos de sus modelos no es demasiado grande (de manera que sus sacos de dormir no lo obstruyen), ni demasiado pequeño (de forma que no pueden construir ahí sus sacos), sino del tamaño ideal para las arañas de saco amarillo.
 

A partir de un un experimento en el que usaron ejemplares juveniles (que son los que se han encontrado en los Mazda y otras marcas de autos) de la especie Cheiracanthium mildei, los estudiantes determinaron que las arañas pasaban cantidades similares de tiempo en áreas con y sin olor de gasolina
Foto: Especial

Otras marcas, como Toyota y Ford, también han tenido que lidiar con estos artrópodos y pensar en soluciones que van desde lo electrónico (ajustar el software del vehículo para que la presión interna no aumente demasiado una vez que las arañas se han apoderado de las líneas de vapor de combustible) a lo mecánico (pantallas antiarañas que impiden su anidación, como la diseñada por David Gimby, ingeniero en sistemas de combustibles de Ford, en 2004).

En el mundo del automovilismo de la Era del Antropoceno no hay asiento disponible para la araña de saco amarillo.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Schmalhofer, V.R., Reineke, P. y Roslender, C., 2016, Testing an urban myth: do spiders really ‘love’ the smell of gasoline, Poster session presented at IUPUI Research Day 2016, Indianapolis, Indiana.