Cosmos

La vida después de conquistar la Luna: ¿Qué fue de ellos?

Ana Cristina Olvera 03 / May / 19
La vida posterior de la tripulación del primer viaje tripulado a la superficie de la Luna, Neil Alden Armstrong, Edwin Eugene Aldrin Jr. y Michael Collins, estuvo marcada por la tragedia, la depresión, la soledad y la resiliencia

¿Qué hay más allá de la Luna? Para los astrónomos, por lo menos 5 planetas, cinturones de asteroides, planetoides, y cometas, seguidos en la distancia por estrellas, exoplanetas, nebulosas, quásares y otros cuerpos celestes y fenómenos cósmicos. Para los seres humanos integrantes de la misión Apolo 11 que lograron por primera vez posar un pie en nuestro satélite natural —los pioneros Neil Alden Armstrong, Edwin Eugene (Buzz) Aldrin Jr.  y Michael Collins— lo que hubo después de la gran hazaña estuvo más alejado del espacio de lo que probablemente imaginaron. 

Los tres ingenieros tenían apenas 39 años de edad después del alunizaje y su logro les permitía avizorar un futuro en el que poder usufructuar su experiencia inigualable. Sin embargo, ninguno volvió a viajar al espacio. De hecho, los tres decidieron dejar a la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) a muy poco tiempo de la hito aeronáutico para dedicarse a actividades de docencia, publicación de “best sellers”, asesoría a empresas privadas, la divulgación de la ciencia o, incluso, en momentos de oscuridad y depresión, a la compra-venta de automóviles usados. 

Perseguido por la tragedia

El nombre de Neil Alden Armstrong ha resonado en todos los rincones de la Tierra y estará presente en tanto que la civilización humana permanezca.  El hombre que realizó el primer paseo en la Luna (de dos horas y media) y una estancia de 21 horas en la superficie de nuestro satélite natural permaneció en la NASA, la institución que lo llevó a cumplir su objetivo, sólo dos años más, tiempo en el cual fue convocado a ser Administrador Asociado Adjunto de Aeronáutica. 

Durante este tiempo, también formó parte del grupo que fue designado para esclarecer las causas detrás de el fallo en la misión Apolo 13, la tercera misión tripulada que tenía como objetivo descender en la Luna y que dio pie al nacimiento de la famosa frase:  “Houston, tenemos un problema”. Su participación fue fundamental en la investigación Edgar Cortright, produciendo una detallada cronología del vuelo y llegando a determinar que un switch de termostato de 28 voltios había sido la causa de una explosión en un tanque de oxígeno, que dejó a los tripulantes —James A. Lovell, Fred W. Haise y John L. Jack Swigert— sin la posibilidad de completar la misión y con graves fallas en los sistemas de soporte de vida, y de navegación que representaron un verdadero reto para todo el equipo al tratar de mantener a los viajeros a salvo y de regreso en la Tierra. 

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Pete Conrad y Buzz Aldrin con la familia de James Lovell viendo el reingreso de la tripulación del Apolo 13, April 1970 | Foto: LIFE

En 1971, Armstrong anunció su renuncia a la NASA, aunque la vida le tendría preparado otra participación con un tinte trágico en el programa espacial algunos año después. Decidió alejarse de las alturas y los reflectores para dedicarse a asuntos más mundanos:  ejercer como profesor de ingeniería aeroespacial en la Universidad de Cincinnati a partir de 1971. Durante 8 años, contagió su amor por los aviones a sus pupilos, para después colaborar y asesorar a algunas empresas como Cardwell International, Ltd., donde fue Presidente de la Junta de Gobierno de 1980 a 1982; Aviation Inc., donde fungió como Director de Tecnologías de la Computación de 1982 a 1992; entre otras, hasta su retiro en 2002. 

Asesor ante la tragedia 

El 28 de enero de 1986 las mismas personas que habían presenciado con júbilo los primeros pasos del hombre sobre la Luna, se horrorizaban con la imagen del Transbordador Espacial Challenger estallando en el cielo tan sólo 73 segundos después del despegue de su décima misión, con una tripulación de 7 astronautas a bordo, entre los cuales no hubo sobrevivientes. Ante el sobrecogedor hecho —un verdadero reto para el boyante programa espacial estadounidense— el presidente estadounidense, Ronald Reagan, llamó al astronauta a servir como vicepresidente de la Comisión Presidencial del Accidente del Transbordador Espacial Challenger, que se encargaría de esclarecer las circunstancias que habían llevado a la tragedia. El secretario de estado en turno, WIlliam Rogers, asignó además la tarea al mismo Armstrong, junto con el abogado David C. Acheson, de escribir el reporte final de la comisión. 

Fue quizá su última participación importante en el mundo de la aeronáutica. Su muerte fue provocada por complicaciones de una cirugía de bypass para desbloquear sus arterias coronarias practicada el 7 de agosto de 2012, cuyas complicaciones pusieron fin su vida 18 días después a los 82 años de edad. 

La tormenta después de la visita al Mar de la Tranquilidad 

A diferencia de la reclusión mediática que Neil Armstrong mantuvo, el segundo hombre que pisó la Luna vio marcada su vida después de su carrera de astronauta por el alcoholismo, la depresión y, todavía hasta hoy, rodeado por episodios de controversia pública. 

Después de su viaje al satélite natural, el doctor en Ciencias Astronáuticas por el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) participó en el diseño y creación del programa del Transbordador Espacial. No obstante, en 1971 Aldrin dejó el servicio activo en NASA para regresar a la Fuerza Aérea como Comandante de la escuela de Pilotos de Prueba de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, donde tuvo que asumir los estragos políticos de un par de accidentes en los que, aunque no hubo víctimas, se perdieron los aviones involucrados. El estrés acumulado lo llevó a tener episodios de hospitalización por depresión y sufrir de intensos dolores. El 1 de marzo de 1972 fue elegido para retirarse de la Fuerza Aérea con el rango de coronel. 

En su autobiografía, Return to Earth, publicada en 1973, el piloto del módulo lunar revela detalles acerca de la depresión que lo sumió en oscuros episodios después de su misión cósmica. Y a través de sus también autobiográficos textos, Magnificent Desolation, publicado 2009, y No Dream Is Too High: Life Lessons From a Man Who Walked on the Moon (2016), sabemos que los siguientes años de su vida estuvieron marcados por hospitalizaciones a causa de la depresión y el alcoholismo, y momentos de confusa sobriedad donde llegó a trabajar como vendedor de Cadillacs usados en Beverly Hills. 

Heredé las tendencias a la depresión y a la personalidad adictiva en diferentes direcciones, y esas direcciones, si las alimentas con una vida de perfección y disciplina, y luego le quitas eso tajantemente, probablemente se convertirá en una de las más profundas preocupaciones sobre autoestima y logro. Hiciste eso como parte de un equipo; ¿qué harás ahora? Consigues un trabajo como vendedor de autos y eres un terrible vendedor. ¿Qué le hace eso al ego de una persona?”, declaró a The Guardian en el marco de las celebraciones por los 40 años del Apolo 11. 

La resiliencia del astronauta

El suicidio de su madre en 1968, presuntamente relacionado con la abrumadora carga de la carrera espacial de su hijo en cuanto a riesgos y fama, y la de su padre en 1974 después de un infarto al corazón fueron momentos decisivos en este periodo en la vida de “Buzz”. No obstante, el astronauta logró anteponerse y se mantiene sobrio desde 1978, momento a partir del cual ha tenido grandes éxitos, incluyendo una prolífica carrera como autor de libros de ficción, para niños y memorias. 

Las actividades públicas, altruistas y de divulgación educativa también han sido constantes en la vida de Aldrin. Destaca la creación de la organización sin fines de lucro ShareSpace Foundation, volcada a avanzar la educación espacial y en la llamadas áreas STEAM (siglas en inglés para ciencia, tecnología, ingeniería, arte y matemáticas) para niños entre las primeras etapas escolares y hasta la preparatoria, y a hacer la exploración y las experiencias de vuelo espacial asequibles para todos. 

También se conoce a Buzz por su constante participación en la cultura pop, pues ha tenido más de 20 papeles en películas, series y programas de televisión, entre los que se encuentran su competencia en Dancing with the Stars en 2010,y apariciones en Los Simpson, 30 Rock, The Big Bang Theoryy la secuela de Transformers del 2011. Incluso, para conmemorar 40 años del viaje a la Luna, grabó la canción de rap Rocket Experience con Snoop Dogg, Quincy Jones, Talib Kweli y Soulja Boy, cuyas ganancias fueron donadas a su fundación. 

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Buzz Aldrin en su participación en el programa de televisión Dancing with the Stars | Foto: Especial

El hombre más solo del universo

La templanza de Michael Collins, el piloto del Módulo de Comando de la primera misión tripulada a la superficie de la Luna, fue una característica fundamental en su papel en este episodio de la historia. 

Robin McKie describe en un artículo de The Guardian la misiva que el aviador estadounidense, Charles Lindbergh, envió al piloto describiendo su parte del viaje como aquella con “la mayor profundidad… has experimentado una soledad desconocida para ningún hombre antes”. Cuando el módulo Columbia pasó detrás de la luna mientras esperaba a Aldrin y Armstrong volver, se convirtió en el viajero espacial solitario más distante de la historia, separado del resto de la humanidad por más de 400 mil kilómetros. La masa del cuerpo celeste frente a él, además, bloqueaba cualquier señal de radio y cualquier tipo de avistamiento de su nave desde la Tierra.  

Esta escena de la soledad más absoluta, cargada además por la angustia de la inminente posibilidad de ser el único sobreviviente y tener que dejar a sus compañeros abandonados en otro mundo, pudo haber desequilibrado a cualquiera, pero no a Michael Collins, quien hizo del resto de su vida un ejemplo de éxito y constante sin mayores excentricidades. 
 

Carrying the Fire: An Astronaut's Journeys, fue publicado en 1974, y es considerado como uno de los textos más importantes para entender la vida de un astronauta.
Foto: Especial

A su regreso a la Tierra Collins dejó la NASA en 1970, y dio un salto del espacio a la burocracia, donde tuvo una fugaz participación como Secretario de Estado Asistente de Relaciones Públicas en la administración de Richard Nixon, desde donde enfrentaría problemas como la Guerra de Vietnam y la invasión de Camboya. 

Dejó la responsabilidad apenas en 1972 para aspirar a convertirse en el Director del Museo Nacional del Aire y el Espacio. Pero lograrlo no fue tarea fácil. Collins tuvo que gestionar los recursos para el museo ante el congreso de su país; supervisar su construcción; reclutar al equipo que lo compondría; dirigir la creación de las exhibiciones permanentes, y lanzar el Centro de Estudios Planetarios y de la Tierra, una división del museo que se encargaría del análisis de los datos obtenidos de las naves espaciales que habían viajado a la Luna y otros sitios en el espacio. Todo esto antes de su apertura el 1 de julio de 1976. 

En 1978 dejó el museo para convertirse en Subsecretario en el Smithsonian, uno de los centros de investigación más importante de los Estados Unidos. En 1980 se retiró para incorporarse al sector privado como Vicepresidente de LTV Aerospace, y fue hasta 1982 cuando se retiró definitivamente de la Fuerza Aérea. En 1985 creó su propia empresa de consultoría: Michael Collins Associates.

Su sensibilidad para la escritura lo colocó como uno de los astronautas más leídos. Con cuatro libros publicados hasta la fecha, de los cuales el más popular sigue siendo Carrying the Fire: An Astronaut's Journeys, publicado en 1974, y considerado como uno de los textos más importantes para entender la vida de un astronauta. Para la conmemoración del 50 aniversario del Apolo 11, Collins ha participado en una reedición de su libro estrella con un nuevo prólogo en el cual plasma lo que la distancia de estas décadas le ha permitido aprender acerca de la importancia de que la humanidad pueda tomar una distancia prudente del planeta en el que habita.

Expresando como lo hizo en una declaración publicada por la NASA: 

Realmente creo que si los líderes políticos del mundo pudieran ver el planeta desde una distancia de 100,000 millas, su panorama cambiaría fundamentalmente. Que todas las fronteras serían invisibles, ese ruidoso argumento sería silenciado… La Tierra debe convertirse en lo que aparenta: azul y blanca, no capitalista, no comunista, no rica o pobre; azul y blanca, no envidiosa ni envidiada.” 

De la Luna a Marte

¿Qué opinión tienen estos pioneros de los planes a mediano y largo plazo de NASA y qué estarían dispuestos a hacer para alcanzar la siguiente frontera? 

Neil Armstrong no perdió oportunidad en expresar su pesar por la pérdida de liderazgo de los Estados Unidos en los vuelos tripulados. En 2010, ante la cancelación del programa Constellation, el cual contemplaba una nave de transporte de astronautas a la Estación Espacial Internacional y viajes a la Luna para el 2020, seguidos de viajes a Marte, participó en una carta abierta también firmada por otros miembros del programa Apolo, incluidos Lovell y Cernan. Ahí apuntó:

Para los Estados Unidos, la nación líder en la exploración espacial por más de medio siglo, no tener un transporte a la órbita baja terrestre ni capacidades de exploración tripulada para ir más allá de la órbita terrestre por tiempo indefinido en el futuro, destina a nuestra nación a convertirse en una de estatura de segunda o tercera en la materia.” 

Sobre ir a Marte, en un discurso pronunciado durante el Congreso de Ciencia y Tecnología en la Haya en los Países Bajos el mismo año, aseguró que su convicción del viaje al planeta vecino era tal que ofrecería sus servicios como comandante de la misión si fuera requerido. 

Aldrin tampoco ha abandonado sus intenciones de ver a los seres humanos colonizando otros planetas. En agosto de 2015, lanzó el Instituto Espacial Buzz Aldrin en el Instituto Tecnológico de Florida “para promover y desarrollar su visión de una colonia permanente de humanos en el planeta Marte.” Su objetivo inicial al inaugurar el instituto fue poner seres humanos en Marte para festejar el 70 aniversario de la misión Apolo 11 en el 2039. 

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Playera de campaña de colonización de Marte de Buzz Aldrin | Foto: Especial

Collins, por su parte, tampoco tiene dudas. A pesar de ser mucho más discreto en su visión y sus intentos de incidir en el destino de la exploración humana del espacio, Collect Space reporta que en la nueva edición de su libro para la conmemoración de los 50 años de su viaje hacia la Luna no pierde oportunidad en dejar clara su visión.

Marte está ahí, Marte se está acercando, Marte se está convirtiendo en un destino práctico, así que Marte ocupa mis pensamientos y mi escritura. Si fuera un trato solamente de ida, tal vez cambiaría mi opinión, pero si pudiera estar entre la primera tripulación en ir a Marte y regresar a salvo a la Tierra, sí claro, cambiaría cualquier cosa por eso.” 

Este es nuestro especial por los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Selecciona el texto y descubre detalles exclusivos de la NASA:


 

Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.