Sociedad

Los problemas dermatológicos (y de otro tipo) de Santa Claus

Luis Javier Plata Rosas 21 / Dec / 18
Desde cutis seco, acné rosácea, dermatitis seborreica hasta cáncer en los testículos son algunos de los riesgos asociados al trabajo del mítico personaje navideño

A unos días de que llegue Navidad, los dermatólogos Philippe Charlier y Nicolas Kluger se han apresurado a llamar públicamente la atención de la comunidad médica mundial sobre la escasez de estudios que adviertan a Papá Noel sobre los múltiples riesgos asociados al trabajo para el que se prepara, rigurosamente hablando, durante todo un año. 

Para subsanar esta carencia en la especialidad que les compete, los doctores Charlier y Kluger han enlistado de manera minuciosa lo que seguramente servirá como guía de cuidados dermatológicos al médico de cabecera de Santa Claus, una vez que éste termine de repartir regalos y asista a su próxima revisión de rutina. 

Compartimos con nuestros lectores los puntos principales discutidos por estos expertos en el cuidado del rubicundo rostro y del resto de las abundantes dermis y epidermis del hombre del traje ídem.   

Reporte de caso clínico
El paciente, hombre de edad milenaria e indeterminada en partes iguales, tiene su lugar de residencia en latitudes altas y es posible que su hogar en sí, los talleres en que los duendes maquilan -perdón, fabrican- los juguetes y el establo donde guarda su trineo y sus renos se encuentren al menos en dos sedes distintas -una en Laponia, Finlandia, y otra en el Polo Norte-, dado que las cartas escritas por los niños y dirigidas a él llegan a sus rechonchas manos en cualquiera de estas direcciones. 

Como sea (o, citando a un clásico contemporáneo de latitudes más tropicales: “haiga sido como haiga sido”), el clima frío y hasta gélido característico de su domicilio polar es propicio para que Santa sufra de cutis seco, piel sensible y rosácea, dicho esto último no porque sea rosada —que lo es—, sino porque, dermatológicamente hablando, el acné rosácea causa enrojecimiento en el rostro por la hinchazón de los vasos sanguíneos debajo de la piel.

Cuando de riesgos dermatológicos para nuestro querido Santa se trata, no debemos olvidar que los renos son como lobos en piel de cordero, ya que pueden infectarlo con algún poxvirus 
Imagen ilustrativa / Reuters

Siglos de exposición al frío han hecho que el pellejo santaclausdiano o papanoelesco sea susceptible a sufrir sabañones (inflamación de vasos sanguíneos), urticaria por frío (ronchas que causan picazón) y paniculitis (inflamación del tejido graso que se halla debajo de la piel) por frío, también conocida como “enfermedad de los helados” por haber sido observada en las mejillas de niños que chupan paletas, helados, cubos de hielo o cualquier otra cosa que se encuentre a temperatura de congelación o menor. 

Estrés y dermatitis seborreica
Cargar con el peso de la felicidad (y de los regalos) de nuestros pequeños somete a Santa a un nivel elevado de estrés que se incrementa de manera notable en diciembre. La combinación de estrés y el aumento del frío en la temporada navideña —apuntan los dermatólogos—, hacen que Papá Noel sea proclive a una dermatitis seborreica que hace que su níveo cuero cabelludo se torne rojizo y escamoso. Así, es más probable que, cuando vemos a Papá Noel rascarse la cabeza, sea más por la caspa resultante que por tener que decidir si la conducta de Lupita o Pepito amerita el dron plegable equipado con cámara 4K que pidieron en su carta.

A Santa le llueve sobre mojado cuando consideramos que debe, además, someterse a temperaturas extremas que van desde lo muy frío, al volar en su trineo a una gran altitud, hasta lo muy caliente, al descender una miríada de veces en regiones próximas al ecuador. Durante todo un día San Nicolás está expuesto a congelamiento de sus extremidades, quemaduras solares y, posiblemente y dado que no existen reportes de que en regiones tropicales mude su grueso traje por ropa más ligera y apropiada, sudoración intensa.

El cáncer de los deshollinadores
Pero uno de los mayores riesgos de trabajo para Santa es el cáncer, no tanto por la exposición a la radiación cósmica al volar (dado que no hay aún evidencia suficiente de que exista esta asociación), como por la exposición a sustancias cancerígenas presentes en el hollín de las chimeneas (de las casas que cuentan con éstas, claro está) y que puede provocarle carcinoma de células escamosas del escroto. Este tipo de cáncer fue uno de los primeros considerados como una enfermedad ocupacional (esto es, relacionada con el trabajo de quienes lo padecían) desde que en 1775 Percivall Pott observó su alta incidencia en quienes entraban y salían continuamente de las chimeneas para: a) limpiar el ducto; b) entregar juguetes; o c) robar las casas. Como Pott bautizó esta enfermedad como “cáncer de los deshollinadores” y no “cáncer de los rateros” o, peor todavía, “cáncer de Santa”, sabemos cuál de las tres es la ocupación que garantizaba su aparición en esa época. 

Cuando de riesgos dermatológicos para nuestro querido Santa se trata, no debemos olvidar que los renos son como lobos en piel de cordero, ya que pueden infectarlo con algún poxvirus  (los virus de mayor tamaño que, a diferencia de los otros, contienen ácido desoxirribonucleico en vez de ácido ribonucleico) u ocasionarle alergia al epitelio de reno (¿epitelio “renal”? Seguro que no). 

¿Y qué decir de los niños y de los duendes o elfos? En centros comerciales y lugares públicos siempre que Santa entra en contacto con alguno de los primeros para tomarse una foto se arriesga a ser infectado con virus e impétigo (infección de la piel causada por bacterias). Con respecto a los segundos… la literatura médica sobre enfermedades —de la piel y de otro tipo— transmitidas por estos seres mágicos es nula, por lo que sólo podemos rezar por un milagro navideño en caso de que alguna vez estalle una epidemia de gripe élfica.

Los dermatólogos concluyen con dos recomendaciones para San Nicolás: 1) consultar a un dermatólogo al menos una vez al año para discutir medidas de prevención; 2) considerar la posibilidad de reubicar la residencia de Santa en alguna parte con temperaturas frías menos extremas, que podría ser México… si nuestro país garantiza la seguridad y el libre paso de renos, duendes y Santa, lo que, suponemos, no requiere de otro milagro navideño. ¡Feliz Navidad!

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).