Fuera mitos

¿Los ratones prefieren el queso?: Psicología de las mentiras que nos tragamos en la primaria

Luis Javier Plata Rosas 03 / Jul / 19
El que los alumnos infantiles crean algunos de los mitos más repetidos durante la educación básica tiene que ver con la confianza que tienen en su maestro

Al parecer, no importa que durante nuestro paso por la escuela primaria nuestra querida maestra se pasara una mañana entera convenciéndonos de que las jorobas de los camellos no son equivalentes a tinacos Rotoplast. Sin importar su experiencia y su dominio de las mejores herramientas pedagógicas para explicarnos que, aunque no estábamos tan descaminados al creer que algún uso como depósitos de emergencia -si bien de lípidos y, entre éstos, grasas- deberían tener, las jorobas camélidas no rebosan de agua, los resultados de un estudio publicado este año indican que los mitos -al menos los científicos- se muestran reacios a ser extirpados de nuestros cerebros.

O sea que, a pesar de que, en nuestra infancia, tomemos por válida la palabra de nuestra maestra (palabra que transmite tanto conocimientos como órdenes), es altamente probable que unas cuantas semanas basten para que regresemos a nuestra idea previa de jorobar a los camellos achacándoles reservorios hídricos a sus espaldas. 

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Foto donde se muestra una de las muchas opciones alimenticias de los ratones | Foto: Pixabay

¿Confianza ciega?

Y es que, cuando sean pequeños los niños sólo puedan adquirir información del mundo directamente, mediante sus propias experiencias, o indirectamente, a través de los testimonios de otras personas, no significa que en este último caso confíen ciegamente, hasta que se atraviesa la adolescencia, en lo que los demás les dicen.

De hecho, la credulidad infantil dura bastante poco, pues alrededor de los cuatro años de edad empiezan a ser selectivos en cuanto a qué fuentes de información son las más confiables para ellos y, de acuerdo con diversos estudios experimentales, tienden a elegir como más confiable al informante que proporciona información que perciben como más exacta, por encima de la familiaridad o cercanía que tengan con éste. Por ejemplo, si un niño de la edad mencionada observa que el animal que está en frente de él tiene todo el aspecto de un canino, es muy probable que confíe más en el extraño que afirma que es un perro que en su propia madre cuando asegura que, exagerando un poco, se trata de un ornitorrinco.

Cuando un niño inicia su educación primaria, como bien saben madres y padres, otorga a sus maestros una autoridad que abarca mucho más que el mero contexto escolar, donde la supremacía magisterial es tal que, cada que uno intenta enseñarle a su hijo cualquier cosa de una forma diferente a como lo aprendió en clase, se topa con un “así no me lo enseñó mi maestra”. 

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Ilustración de los alumnos en clase | Foto: Pixabay

El dominio de sus maestros a esa edad se extiende a las esferas emocional y social y, a medida que niñas y niños crecen, comienzan a restringir cada vez más esta a autoridad a ciertas áreas específicas del conocimiento (“mi maestro de educación artística sabe mucho de pintura, pero creo que le falla un poco la historia”, o reflexiones similares). Y si el maestro cometió el error de equivocarse de manera evidente en alguna ocasión, estudios muestran que la confianza en su sapiencia depositada por niños a partir de 4 a 5 años de edad disminuye.

Pero todos los resultados citados sobre la credulidad de los niños en sus maestros tienen la desventaja de provenir de estudios hechos en condiciones altamente artificiales y limitadas, como en laboratorios en los que los maestros eran ficticios y no los auténticos con los que conviven en la escuela cada día. Es por ello que la psicóloga Silvia Guerrero y sus colegas diseñaron un experimento en el que las condiciones de observación de los niños y maestros participantes fueran lo más próximo posible a las reales. 

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Unos de los mitos dice que los peces tiene memoria muy corta | Foto: Pixabay

Triada de mitos

El equipo encabezado por Silvia Guerrero consideró un total de 96 niños de dos grupos de cuarto (9 a 10 años de edad) y dos grupos de sexto año de primaria (11 a 12 años). Antes de iniciar el experimento, las científicas identificaron que 63 de los niños participantes creían que eran verdaderos tres de los mitos científicos que posteriormente desacreditarían sus maestros:

1) el ya mencionado de los camellos;
2) que los peces tienen una memoria muy corta;
3) que el queso es la comida preferida de los ratones. 

En la primera fase del experimento, los niños leyeron textos con información correcta sobre la triada de mitos considerados y se les dijo que estos textos habían sido escritos por su maestro, además de incluir el nombre de este último como autor al final de cada texto. Después de su lectura, cada niño tenía que responder si creía que los textos de su maestro eran correctos y porqué lo creía así. 

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Ilustración del experimento | Foto: Pixabay

En la segunda fase del experimento, cuatro semanas después de la primera, los niños respondieron preguntas concernientes a los tres mitos, como: ¿Los camellos almacenan agua en sus jorobas?” Una semana después de esto, cada maestro expuso la información correcta sobre los mitos a su grupo correspondiente de niños. 

Los resultados del experimento mostraron que, inmediatamente después de recibir la información correcta, la gran mayoría de los niños la aceptó (más de tres cuartas partes de ellos, por lo menos). Pero antes de que maestros y padres salten de alegría, es mejor enterarnos que, un mes después, la mayoría de los niños, tanto de cuarto como de sexto grado, habían vuelto a creer en esos mitos en menor o mayor proporción (77% en el caso de los camellos acuíferos, 67% en el de los peces desmemoriados y 58% en el de los ratones quesívoros). 

Resistencia a la verdad

La razón de la resistencia de los niños a cambiar en el largo plazo, y de manera permanente, sus ideas incorrectas sobre estos animales, es incierta. Tal vez los niños españoles (donde se llevó a cabo el estudio) tienen mucho menos contacto con camellos que con peces y ratones, quizás los niños están más interesados en animales que han protagonizado recientemente películas tan populares como Ratatoille Buscando a Memo, o a lo mejor todo tiene que ver con un fenómeno conocido por los psicólogos del desarrollo como cambio conceptual: una vez que incorporamos nueva información a lo que sabemos previamente, es probable que ambos conocimientos coexistan, a pesar de que las ideas previas sean erróneas y aún después de un largo entrenamiento. 

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Ilustración del aprendizaje de los alumnos | Foto: Pixabay

En el caso específico de los niños de este estudio, esto significa que no es que olvidaran la información correcta luego de un mes, sino que otros factores, como la autoridad del maestro más que el estar convencidos de que cosas como que, en efecto, los peces pueden recordar y los ratones comen mucho más que queso, son ciertas. Tengamos en cuenta que, no pocas veces, más de un niño responde un examen como cree que el maestro quiere que lo haga para así conseguir una calificación aprobatoria. 

Dentro de las ciencias de la educación, la relevancia de estudios como el aquí presentado, que exhiben el papel de la confianza del alumno en los conocimientos de su maestro, ponen a prueba la validez de modelos de aprendizaje tradicionales con respecto a otros en los que el alumno tiene una mayor participación en la construcción de su propio aprendizaje.

¿Confiará más en sí mismo que en su maestro y será esta confianza suficiente como para desterrar mitos como los aquí presentados? Eso aún está por verse.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Guerrero, S., Sebastián-Enesco, C., Pérez, N. y Enesco, I., 2019, Myths in science: Children trust but do not retain their teacher’s information, Journal of Applied Developmental Psychology, 62, 116-121.