Los secretos amorosos de una gota de miel

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Foto que ilustra el mecanismo de la polinización abeja-flor | Foto: Pixabay

Hagamos un zoom al interior de una flor y observemos como la evolución ha colocado sus nectarios -las glándulas que producen néctar- de tal manera que la abeja que ingresa a la flor tiene necesariamente que pasar por donde está el polen, cubriendo su cuerpo antes y después de obtener el dulce alimento; por su parte, las abejas han adecuado las tibias de sus patas traseras con el desarrollo de corbículas, una especie de canastillas para recoger y transportar el polen, además de contar con piezas bucales para lamer y succionar el néctar que hay al interior de las flores.

Tanto las plantas angiospermas como las abejas ocupan una gran cantidad de energía y recursos para producir las flores y el néctar para ser fecundadas  -las primeras- y para buscarlo, transportarlo y alimentarse con él -las segundas-. La dieta de una abeja consiste en néctar, polen y miel; los dos primeros son obtenidos directamente de las flores, pero la deliciosa miel es un producto fabricado por ellas.

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Abeja en una flor | Foto: Pixabay

De néctar a miel

El rol más peligroso que puede tener una abeja social -o sea, que vive en colmena, ya que las hay solitarias- es el de explorar y pecorear (recolectar néctar y polen) ya que en su kilométrico viaje corre el riesgo  de encontrarse con depredadores naturales, agroquímicos e insecticidas, me comenta Ingrid Estrada, promotora y meliponicultora de INANA A.C. 

Cuando una abeja visita una flor, come y succiona con su larga lengua llamada probóscide. De esta manera, el néctar ingresa a su cuerpo donde interacciona con sustancias enzimáticas del sistema digestivo. Cuando el insecto regresa a la colmena, junta su boca con la de otra abeja para pasarle la sustancia. A su vez, la abeja receptora vuelve a regurgitar el néctar mezclado con las enzimas digestivas. 

En el caso de Apis mellifera la sustancia será guardada en las celdas hexagonales; en tanto que las meliponas lo harán en los potes o almacenes de cera de aproximadamente el tamaño de un dedo pulgar. Ambos serán tapiados con cera hasta que la miel esté lista. El sistema de almacenaje sirve, además, para generar reservas que permitan alimentar a los miles de miembros de la colmena cuando la época de floración haya terminado o cuando escasean las flores.

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Foto ilustrativa de miel | Foto: Pixabay

Un acto amoroso

David Dilcher, geólogo y biólogo evolutivo, publicó en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos que en la actualidad existen entre 250 mil a 300 mil especies de plantas con flores. Si pensamos que las abejas son responsables de polinizar el 80% de ellas, no podemos más que admirar la gran responsabilidad que asumen estos pequeños insectos.

Declara Marla Spivak, entomóloga especialista en abejas, que sin la polinización desaparecerían los cultivos más nutritivos de la dieta humana como las frutas, las verduras y las plantas forrajeras necesarias para producir carne y lácteos. Es decir, sin este mecanismo de reproducción sexual que sucede como un acto amoroso todos los días por todos los rincones del mundo, sencillamente los seres humanos no tendríamos prácticamente nada que llevarnos a la boca.

Una sola abeja produce durante su vida, más o menos, una gota de miel. Así que antes de pensar en los beneficios económicos, medicinales y mucho antes de pensarla escurriendo sobre nuestro coctel de frutas, conviene valorarla como el alimento que las abejas producen para sí mismas, como recompensa de una de las labores más arduas e importantes que existen en la naturaleza.

Video de abeja recolectando polen en flor de calabaza | Crédito: Así somos:

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