Cosmos

Luna 9: Los misterios del primer alunizaje de la historia

Ana Cristina Olvera 03 / Feb / 19
El 3 de febrero de 1966, después de 11 intentos fallidos, la Unión Soviética logró el primer alunizaje controlado de la historia de la humanidad. Hoy recordamos a la misión Luna 9

  Desde un pueblo misterioso se inició la conquista de la Luna

Se trato de una misión robótica bautizada como Luna 9 (Луна-9), aunque internamente fue conocida como Ye-6 No.13. La proeza de alunizar por primera vez fue el resultado de una compleja trayectoria de eventos e intentos que buscaban probar la supremacía técnica, y el mayor alcance de una nación sobre la otra; concretamente, la competencia política, económica, tecnológica y científica que se había despertado entre los Estados Unidos y la Unión Soviética tras finalizar la Segunda Guerra Mundial. 

Se trataba no sólo de demostrar capacidades y generar nuevas conquistas sino de probar cuál sistema ideológico era el más adecuado para el mundo de la postguerra.

  пять, четыре, три, два... (Cinco, cuatro, tres, dos...)

La misión fue lanzada el 31 de enero de 1966 a las 14 horas con 41 minutos, tiempo de Moscú, a bordo de un cohete 8K87M número de serie U103-32 (después conocido como Molniya-M), despegando desde el sitio 31/6 en el cosmódromo de Baikonur, en Kazajistán. 

Un nombre que en realidad era utilizado para despistar, pues, como se conoce actualmente, y el historiador espacial, Anatoly Zak, nos detalla en russianspaceweb.com, este sitio de lanzamiento, utilizado hasta la fecha, está en realidad más cercano al poblado de Tyuratam, a largos 322 kilómetros del real antiguo sitio minero de Baikonur. 

El cambio de nombre tenía como fin evitar el espionaje que practicaban ambos países durante la guerra fría. El poblado era un lugar misterioso que se convirtió en protagonista de la exploración humana del espacio exterior, siendo el sitio desde donde despegaron exitosamente el primer satélite artificial, Sputnik-1, el 4 de octubre de 1957 y Yuri Gagarin, el 12 de abril de 1961, quien fuera el primer ser humano en viajar exitosamente al espacio y colocarse en órbita alrededor de la Tierra, para regresar a salvo a ser parte de la historia. 

Este alunizaje, entonces, se convertiría en el portal de entrada a una feroz competencia de conquista lunar, en la que la que, a pesar de sus primeros éxitos, el bloque soviético fue definitivamente derrotado el 20 de julio de 1969, con la llegada a la Luna de la primera misión tripulada, la Apolo 11 de la Administración Nacional de la Aeronáutica y el Espacio (NASA) de los Estados Unidos, la cual remataría los esfuerzos soviéticos colocando, de esa fecha, hasta 1972, a 12 astronautas estadounidenses explorando en persona y por su propio pie la superficie lunar, en las misiones Apolo 12 (1969), 14 (1971), 15 (1971), 16 (1972) y 17 (1972). 

                             Las primeras panorámicas de la Luna

Lo paradójico es que nada de lo anterior habría sido posible sin que antes la misión Luna 9 logrará hacer su descenso controlado el 2 de febrero de 1966 a las 21:45, tiempo de Moscú, con el objetivo de lograr —como reportó la Telegraph Agency of the Soviet Union (TASS)— la realización de siete sesiones de comunicación entre el 4 y el 6 de febrero con una duración total de 8 horas y cinco minutos. 

Estas transmisiones, conquista de las comunicaciones extraterrestres, lograron el hito de mandar tres panorámicas completas de la superficie lunar, compuestas de 27 fotografías, en las que se pudo ver, por primera vez desde la superficie, la zona conocida como Oceanus Procellarum, o el Océano de las Tormentas, en el oeste de la cara que la Luna muestra a la Tierra. Un sitio que se conoce como el mayor de los mares lunares, cubriendo una superficie superior a la suma del territorio de Francia, Italia, España y Portugal; y que después se convertiría en el hogar de misiones posteriores como la también soviética Luna 13 (diciembre de 1966), y las estadounidenses Surveyor 1 (junio de 1966); Surveyor 3 (abril de 1967) y la misión Apolo 12 (noviembre de 1969).

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Panorámica 1 de Luna 9 | Crédito: Mentallandscape 
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Panorámica 2 de Luna 9 | Crédito: Mentallandscape 
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Panorámica 3 de Luna 9 | Crédito: Mentallandscape 

                             ¿Imágenes robadas?

Su origen en la Tierra no fue el único misterio que envolvió a la misión de Luna 9. Hasta entonces, nuestro satélite hacía que los científicos tuvieran muchas preguntas no resueltas. Se creía, por ejemplo, en la posibilidad la Luna estuviera cubierto por una arenosa capa de regolito que tragaría cualquier objeto que se posase sobre ella. Lo cual fue refutado definitivamente gracias a las imágenes y datos que Luna 9 logró transmitir. 

Otro de los elementos más representativos del misterio en esta historia, y que siguen hasta nuestros días poco a poco siendo desvelados, fue la propagación de las primeras imágenes del satélite que fueron enviadas directamente desde su superficie. 

Versiones como la de Anatoly Zak, sugieren que las señales de las primeras imágenes enviadas desde otro mundo, que transmitió Luna 9, fueron intencionalmente pensadas para ser fáciles de interceptar y sin ningún cifrado, a diferencia de lo que se había hecho con anteriores misiones soviéticas al espacio, por lo que Estados Unidos y el Reino Unido recibieron todas las noticias de la proeza prácticamente en tiempo real. 

Las versiones relatadas y difundidas por el radioastrónomo Sir Bernard Lovell, del observatorio Jodrell Bank en Manchester, Reino Unido, y recopiladas en el libro The Superpower Space Race: An Explosive Rivalry through the Solar System, de Robert Reeves, dibujan una proeza mucho más heroica por parte de los ingleses, quienes, según esta historia, lograron interceptar y obtener las primeras imágenes provenientes de la Luna, incluso antes de que el equipo de la Unión Soviética las difundiera a sus propios medios y al resto del mundo. 

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Imagen interceptada por el observatorio Jodrell Bank y decodificadas por el London Daily Express | Crédito: Jodrell Bank Centre for Astrophysics, University of Manchester 

El clímax de la trama se da con las acusaciones de los encargados de la misión soviética de piratería hacia el Centro de Astrofísica Jodrell Bank. El argumento con el que se respondió fue que la información era de tal relevancia para la humanidad que no podían aplicar convenciones acerca de los derechos de autor o secrecía. Un dilema ético sobre la propiedad del conocimiento que ni la conquista de la Luna nos ha permitido resolver. 

                              El misterio continúa y nos invita a volver

Actualmente, científicos del laboratorio de física aplicada de la Universidad Johns Hopkins, en Laurel, Maryland, y de la Universidad Estatal del Estado de Arizona, en los Estados Unidos, intentan resolver otro misterio que esconde Luna 9: su ubicación exacta dentro de los datos que nos entrega el Orbitador de Reconocimiento Lunar de la NASA. 

Una búsqueda que resulta intrigante para los científicos debido a que, al ser pionera en su encuentro con la Luna, prácticamente se ha convertido en parte del paisaje, pues no contamos con imágenes previas a su alunizaje. Secretos todos que se suman a las razones que impulsan a la humanidad a volver para descifrar nuestro pasado y delinear nuestro futuro.

Este es nuestro especial por los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Selecciona el texto y descubre detalles exclusivos de la NASA:

Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.