Geo

Manual para surfear el tsunami de ignorancia del terraplanismo

Enrique Anzures 09 / Jul / 19
Inició como una ridiculez, pero poco a poco la absurda idea de un planeta plano comienza a ganar adeptos alimentando otros movimientos, como el antivacunas, que niegan la evidencia científica. ¿Podemos regresar al oscurantismo?

El 27 de mayo 1996, en entrevista con el periodista Charlie Rose, el astrofísico y divulgador de la ciencia, Carl Sagan, expresó su preocupación al enfatizar que, actualmente “crecemos en una sociedad basada en la ciencia y la tecnología y en la que nadie sabe nada de estos temas. Esta mezcla es un combustible de ignorancia y poder que, tarde o temprano, va a terminar explotando en nuestras caras…”.

El temor de Sagan comienza a cobrar sentido ante el incremento de movimientos sociales que desdeñan o desconocen intencionalmente, los desarrollos y beneficios que genera del avance en el conocimiento científico. 

El ejemplo más claro es el movimiento antivacunas, que ha cobrado mayor fuerza en la última década, poniendo en riesgo la salud del mundo al propiciar la reaparición de enfermedades que ya se habían controlado con la innovación del tratamiento médico inventado por Edward Jenner en 1796 (Ver Tangible: ¿Sarampión en México? La amenaza de los “antivacunas”).

Por absurdo que pueda parecer, otro tsunami nacido de la ignorancia comienza a tomar fuerza. Se trata del movimiento social que afirma que la forma de la Tierra es un plano con lo que no solo niega la evidencia más contundente, sino que atenta contra el conocimiento más básico adquirido en las aulas “desde que la Tierra es redonda”. 

magallanes.jpg
Mapa de la ruta de Magallanes de uno de los atlas de Battista Agnese (1544) | Foto: Biblioteca del Congreso de EEUU 

Hipótesis, experimentación y comprobación

La apreciación de que la Tierra es plana, no surge de consideraciones científicas, más bien, mágicas. Los científicos tienen su manera de trabajar, se basan en hechos objetivos y análisis rigurosos. Además, los científicos ponen a prueba sus hipótesis con otros científicos —o pares—”, afirma Dante Jaime Moran Zenteno, investigador del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Carl Sagan, en su última obra escrita, El mundo y sus demonios, expresó que “la ciencia es más que un simple conjunto de conocimientos: es una manera de pensar”. Es, precisamente, gracias a esta manera de pensar o razonamiento  (y a  un largo proceso histórico y social) que se ha podido comprender cuál es la forma del mundo en que habita el ser humano. Moran Zenteno afirma que “la circunnavegación es un claro ejemplo, ya que hay barcos o aviones que viajan por una dirección y regresan por la opuesta —los viajes de Magallanes fueron un claro ejemplo de cómo podemos surcar el planeta—”. 

Conocimiento antiguo 

Pero los viajes alrededor del mundo son relativamente recientes. Los primeros indicios de la forma de nuestro planeta se remontan medio siglo antes de la era común, en la ciudad de Samos, Grecia. En aquél tiempo, el matemático y filósofo Pitágoras, observó los eclipses de Luna y percibió la sombra de nuestro mundo proyectado sobre la superficie de la Luna como un círculo. Por lo tanto, dedujo que la única explicación es que fuera un cuerpo esférico, ya que, al proyectar esta figura sobre un plano, se aprecia un círculo.

Un paso importante lo dio Aristarco de Samos, pues utilizando las matemáticas, y la observación de un eclipse de Luna, pudo comparar la medida de la circunferencia entre el satélite y la Tierra y, además, también tener una noción de cuál era la distancia que nos separa del Sol.

eratosthene_2012.jpg
Experimento de Erastóstenes | Ilustración: Marie (2012)

La idea genial de Erastóstenes

En el tiempo de Aristarco, el responsable de la biblioteca de Alejandría, Eratóstenes de Cirene, logró calcular el diámetro del planeta Tierra, con un experimento que, por su sencillez y simplicidad matemática, es considerado como uno de los más representativos y elegantes de la historia de la ciencia.

La observación de Eratóstenes consistió en realizar dos observaciones en un mismo instante, el día del solsticio de verano. El matemático, conocía que, en este día, las sombras desaparecían en la ciudad de Siena, cuando el Sol se encontraba en el punto más alto, pero en la ciudad de Alejandría esto no pasaba, para lo cual dedujo que la única explicación de este fenómeno era que existía una curvatura entre las dos ciudades. 

Eratóstenes midió el ángulo de la sombra proyectada y contrato a una persona para que midiera a pie la distancia entre las dos ciudades y así, usando las matemáticas de Euclides pudo deducir que la Tierra tenía un diámetro de 40 000 kilómetros de diámetro, una precisión escalofriante, pues nuestro planeta tiene 40 067 kilómetros reales.

La comprobación final y directa de esta idea, fueron los viajes de Colón en el siglo XV y Vasco Núñez de Balboa y Magallanes en el siglo XVI, imposibles de realizar sin un mundo semejante a una esfera.

terraplanistas-portada.jpg
Modelo de los terraplanistas | Foto: Especial

La verdadera forma de la Tierra

Las aportaciones de los anteriores pensadores y navegantes sentaron las bases para la Geodesia, ciencia que estudia la forma de la Tierra para la elaboración de mapas en los que, por cierto, con frecuencia se presenta a nuestro planeta como una esfera perfecta, lo que tampoco es cierto. El avance tecnológico ha permitido a la geodesia construir una imagen más precisa de la forma de la Tierra, y la muestra como una figura esferoide con protuberancias. 

¿Confiar en los sentidos?

Según la Sociedad de la Tierra Plana (Flat Earth Society), el consenso al que han llegado sus socios acepta que la Tierra es plana por argumentos fundamentados en la premisa de que “lo más simple es confiar en los propios sentidos para discernir la verdadera naturaleza del mundo que nos rodea”. 

A partir de esta idea se afirma, por ejemplo, que las imágenes tomadas desde el espacio por las misiones espaciales, son inválidas, ya que no es una prueba contundente, al no haber sido tomadas por la persona que las ha usado para demostrar la forma de la Tierra. Así mismo, se expone que el Sol y la Luna son unas luminarias colosales que se mueven sobre el plano. y que las estrellas una especie de lámparas más pequeñas; y que fenómenos como la gravedad, se explican en el que ese plano circular, viaja velozmente en el espacio.

La listas de ridiculeces es larga y existen una docena de argumentos planteados por los autodenominados expertos en esta área —ya que no hay alguna institución detrás de su supuesta especialidad—. No obstante, los llamados terraplanistas aseguran que se encuentran en proceso de investigación para lograr cumplir los estándares rigurosos necesarios para reconocer una nueva idea en las comunidades científicas.

tierraplana.jpg
Ilustración de la Tierra plana en la que creen los terraplanistas | Foto: Especial

El pensamiento mágico 

Dante Jaime Moran Zenteno considera que “se debe de insistir que hay maneras de pensar y en este caso, se ha apreciado que cuando las sociedades se encuentran en crisis, acuden al pensamiento mágico”. Por ejemplo, narra el investigador que durante la realización de su posgrado en Alemania, “mis colegas me compartieron su experiencia, que después de la segunda guerra mundial, la población empezó a desarrollar el pensamiento mágico, refiriéndose a la búsqueda de milagros y, en el caso de la sociedad mexicana, es probable que esto suceda…”. 

Desde las ciencias sociales, antropología, medicina y biología evolutiva, el comportamiento desarrollado por los grupos que desarrollan posturas con inclinaciones al uso del razonamiento objetivo y que evaden el de la comprobación experimental, ha sido de un amplio interés.

En un estudio desarrollado por Ileana Petra-Micu y Alfredo Estrada-Avilés del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han realizado estudios para medir el pensamiento mágico de los estudiantes con el fin de “fortalecer o corregir los aspectos cognitivos de los futuros profesionistas”. Los académicos de la máxima casa de estudios definen que:

El pensamiento mágico es una “parte inseparable del ser humano; inicialmente, la magia precedía a la ciencia y ambas podían coexistir como participantes legítimas. Sin embargo, la actualidad, lo mágico es un fenómeno que tiende a relegarse a los niños, al pensamiento primitivo, a las supersticiones, a la parapsicología o a la psicopatología”, afirman.

Autor: Enrique Anzures
Enrique Anzures es periodista y divulgador de la ciencia. Ha colaborado en distintos medios informativos para las secciones de ciencia y tecnología. Fue galardonado con “Premio de la Juventud de la Ciudad de México 2010” en la categoría de Actividades Académicas, Científicas o Profesionales, y la “Medalla Luis. G. León” en el año 2011, por sus contribuciones a la divulgación de la astronomía en México.