Fuera mitos

Mesoterapia: la estafa de las microinyecciones para bajar de peso

Luis Javier Plata Rosas 27 / Mar / 19
El tratamiento para bajar de peso solo ha podido demostrar su eficacia en su estrategia de mercado

Cuando de perder peso se trata, en especial si en algo (o en mucho) nos excedimos en las celebraciones pasadas y en poco nos hemos ejercitado para exhibir nuestro físico en las vacaciones a la vuelta del mes, es entendible que, para deshacernos de la cantidad de grasa acumulada en nuestro cuerpo a discreción, busquemos con desesperación algún tratamiento que no requiera una inversión tan grande de tiempo —como el gimnasio (o cualquier otra actividad física)—, dedicación —como hábitos alimentarios más sanos— o dinero —como la liposucción—. No olvidemos que de lo que se trata es de lucir en las selfies playeras un abdomen plano y unas piernas sin celulitis, no de casi matarnos para conseguirlo. 

El tratamiento capaz de “disolver la grasa acumulada” y, de pasada, “mejorar la circulación sanguínea y linfática para eliminar el exceso de líquidos y toxinas” —si queremos creerlo y podemos pagarlo— existe, y su nombre es mesoterapia o intradermoterapia, nombre más descriptivo… si llevamos etimologías grecolatinas en la escuela (no importa si no fue así. No en este caso al menos, como el lector tendrá oportunidad de ver más adelante).  

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Fotografía de una liposucción | Foto: Especial

Cocteles reductivos

Demos primero la oportunidad de desfilar y vendernos esta “técnica altamente eficaz” (omiten decir que lo “altamente eficaz” es la mercadotecnia detrás de ella) a algunas de las varias clínicas y fabricantes mesoterapéuticos a quienes beneficia nuestro deseo de eliminar la máxima cantidad de grasa con el mínimo de dolor y esfuerzo:

Quienes aplican esta terapia nos informan que ésta consiste en “microinyecciones, con agujas muy pequeñas, de sustancias que disuelven la grasa”, ¿cómo?Destruyendo “las células de grasa adiposas, mediante […] la rotura y la muerte celular de los adipocitos”. “Sólo con la mesoterapia podremos reducir un grado [de los 4 que tiene la celulitis] en pocas sesiones [traducción: entre 8 y 10 sesiones, a un precio de entre 500 y 700 pesos por sesión]”, “productos reductores y reafirmantes […] de muy alta calidad, producidos por reconocidos laboratorios homeopáticos [esta última palabra debería encender nuestro mecanismo detector de pseudociencia]. 

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Imagen representativa del tratamiento de mesoterapia | Foto: Especial

Quien quiera comprar por su cuenta algunos de los “cocteles reductivos” inyectados en estas sesiones, puede optar también por productos no-homeopáticos que “promueven la oxidación de grasa directamente del tejido adiposo” y que “no contienen químicos, son sustancias naturales” (aquí quizás sería conveniente recordar, en especial en este Año Internacional de la Tabla Periódica, que toda sustancia, sin importar si es natural o artificial, está hecha de elementos químicos). 

El catálogo de las empresas que venden ampolletas para mesoterapia es bastante amplio y hoy mismo podemos comprar en línea el coctel que mejor se adapte a nuestras necesidades (de selfies en temporada vacacional): anticelulítico (para selfies de piernas y glúteos); antipiel + antiflacidez (para selfies de piernas y glúteos firmes); reafirmante (para selfies sin carne fofa); reductivo abdominal (para selfies sin panza) o si, de plano, la necesidad es apremiante, super-reductivo-intensivo. Si no podemos creer tanta belleza es culpa de la realidad y de la ciencia, que se empeñan en destrozar nuestras ilusiones cuando éstas no vienen acompañadas de evidencias.

De mesoterapias a mesoterapias

Retrotraigámonos en este párrafo a Francia en 1952 para hablar de Michel Pistor, médico que en 1952 acuñó el término “mesoterapia”, que en rigor se refiere en sí únicamente a la inyección subcutánea (en la dermis, debajo de la piel), mediante microagujas, de un conjunto de diferentes sustancias, sin importar qué condición médica o cosmética se desee tratar. 

Pistor observó que la procaína que le había inyectado por vía intravenosa a un paciente asmático no le ayudó gran cosa para esta dolencia pero, gracias a esta anestesia, había mejorado su audición. A Pistor se le ocurrió que podría maximizar el efecto local del anestésico con inyecciones superficiales (a una profundidad de unos 3 a 5 mm) en la oreja de su paciente. 

Ninguno de los pacientes de Pistor recuperó la audición, pero sí aliviaron sus dolores y eczemas (al parecer, como médico no siempre conseguía los resultados deseados), y en 1958 Pistor publicó un artículo en el que explicó que en mesoterapia el prefijo “meso” se refería a que las inyecciones de procaína actuaban en los tejidos formados a partir del mesodermo (una de las tres capas del embrión, siendo endodermo y ectodermo las otras dos, que da lugar a la dermis, músculos, tejido conectivo y sistema circulatorio). Desde entonces, en Francia y en buena parte de Europa no es inusual que la mesoterapia sea parte del tratamiento del dolor y, en ese país, es reconocida por la Academia Nacional (francesa, por supuesto) de Medicina.

Sin embargo, la mesoterapia cosmética —para, supuestamente, rejuvenecimiento facial, y eliminar grasa y celulitis— lo único que comparte en nuestra microrreseña histórica es el empleo de las citadas microjeringas o de pistolas automáticas de inyección que hacen (creo) las delicias de los médicos adictos a Fortnite y otros videojuegos, y la lista de lo que podemos inyectarnos mesoterapéuticamente para, en (pseudo)teoría, bajar de peso incluye extracto de alcachofa, algas, centella asiática (una planta), silicio, cafeína, vitaminas, productos homeopáticos y, en especial, fosfatidilcolina, más familiarmente conocida como lecitina.

Pseudociencia inyectada

La lecitina está presente en la bilis producida por el hígado y es necesaria para la digestión de las grasas. La pseudociencia detrás de las inyecciones de lecitina en mesoterapia conjetura que este compuesto, una vez en la dermis, ocasiona que las células adiposas que almacenan las grasa se encojan hasta su destrucción y excreción a través de la orina e intestinos, pero no hay ningún estudio que indique que en verdad tiene lugar este mecanismo de acción. 

Con respecto a la celulitis, podría ser que la inyección de sustancias como la pentoxifilina en algo ayuden al mejorar la circulación sanguínea o linfática… pero podría no ser, dado que no hay evidencia sólida de que los efectos benéficos —si los hay, cuando los hay— sean producto de la administración subcutánea de este medicamento como parte de la mesoterapia.

En cuanto a la mesoterapia como opción para rejuvenecimiento facial, con efectos positivos como reducción de las arrugas, corrección de los contornos faciales o mejora de la firmeza y elasticidad de la piel, la mayoría de los estudios son subjetivos y anecdóticos y cuentan con una evidencia visual constituida básicamente por las clásicas fotos de “antes” y “después” de quienes se someten al tratamiento. Evidencia sólida que apoyara esta aplicación de la mesoterapia cosmética involucraría estudios histopatológicos, de ultrasonido y de microscopía electrónica que, a la fecha, están ausentes.

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La única evidencia visual está constituida básicamente por las clásicas fotos de “antes” y “después” de quienes se someten al tratamiento, pero no hay estudios histopatológicos, de ultrasonido y de microscopía electrónica. | Foto: Especial

Lo que sí está más que documentado son los efectos adversos de la mesoterapia cosmética: reacciones alérgicas a las sustancias inyectadas, infecciones de la piel, y urticaria pigmentosa, entre otros. Esto motivó a que en 2005 la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Plásticos publicara en un comunicado que “sin evidencia científica para verificar la utilidad de la mesoterapia, practicantes y pacientes deben ser advertidos de los riesgos de los tratamientos y de la falta de aprobación de la FDA (siglas en inglés de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos) de los medicamentos usados en las inyecciones”. 

Tal vez esto nos inyecte más energía y determinación para exterminar nuestros adipocitos con medios algo menos cómodos, pero de eficacia bastante más probada que la mesoterapia. 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).