Sociedad

Microplásticos: la nueva dieta del ser humano

Federico Kukso 30 / Apr / 19
Se estima que cada año una persona promedio come 70.000 fragmentos de plásticos diminutos presentes en la miel, la cerveza, el agua del grifo, la sal marina, peces y crustáceos, aves y hasta en el aire que respiramos. Su efecto en la salud humana aún está en debate

En 1825, un libro sacudió los salones y bibliotecas de la sociedad parisina. Aún los ecos revolucionarios resonaban en Francia. El novedoso tratado daba cuenta de ello pero trasladaba la conmoción de la arena política a una actividad más sensual. Con su Fisiología del Gusto, el juez Jean Anthelme Brillat-Savarin dio un golpe: elevó una actividad tan mundana, milenaria y ubicua como el cocinar —y su reverso, el comer— al estatus del arte.

Con impertinencia, humor e ironía, este jurista corpulento que conversaba poco y comía mucho meditó sobre los placeres de la buena mesa y los diferente tipos de apetito, incluido el sexual. Dio consejos sobre el arte de freír, sobre la digestión, el descanso, el dormir y cómo agasajar a los invitados.

Pero en particular lo que propulsó su fama como fundador de la literatura gastronómica fueron sus filosos aforismos tales como "El descubrimiento de un nuevo plato hace más por la felicidad humana que el descubrimiento de una estrella"; "una cena que termina sin queso es como una mujer hermosa con un solo ojo" o "el destino de las naciones depende de cómo se nutran". Y en especial:

Dime lo que comes y te diré lo que eres".

Brillat-Savarin sabía, como muchos de los que lo siguieron, que somos lo que comemos. Nuestros platos hablan de nosotros, de nuestra cultura y también de nuestra época. En este sentido, vivimos en la era del plástico. En solo una generación, este material artificial y resistente -no se disuelve, ni oxida, ni se descompone- ha invadido nuestras vidas. Es una constante moderna: se infiltró en todos los resquicios de nuestra cotidianidad. Se introdujo sin hacer ruido en nuestros hogares, en nuestros autos, prendas de vestir, juguetes, playas y océanos, así como incluso en nuestros cuerpos.

Sorprendente como suena, además de proteínas, carbohidratos y grasas, comemos y bebemos plástico. Constantemente y en cantidad: en especial fibras y micropartículas de menos de 5 mm.

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Vivimos en la era del plástico. Este material ha pasado ha formar parte de todos los aspectos de nuestra vida, tanto, que lo consumimos junto con proteinas, carbohidratos y todo lo que necesitamos para sobrevivir | Foto: Especial

Plástico en todos lados

Vivimos inmersos en plástico. Se han encontrado fragmentos diminutos de este material en todo el mundo en una amplia variedad de entornos: en lugares considerados prístinos como los glaciares y en los Alpes italianos, transportadas por masas de aire.

También se los detectó en el agua de grifo y el agua de mar. Y es probable que incluso estén en el aire que respiramos. 

El año pasado, un estudio dirigido por Philipp Schwabl, un investigador de la Universidad Médica de Viena, encontró por primera vez partículas plásticas de tamaños que oscilan entre 50 y 500 micrómetros en heces de ocho voluntarios del Reino Unido, Italia, Rusia o Japón. De los plásticos buscados, el médico austríaco halló policloruro de vinilo (PVC), polipropileno, tereftalato de polietileno (PET) y hasta una decena de plásticos diferentes.

Las partículas microplásticas más pequeñas son capaces de entrar en el torrente sanguíneo, el sistema linfático e incluso pueden llegar al hígado", dice Schwabl. "Más del 50 por ciento de la población mundial podría tener microplásticos en sus deposiciones".

El esqueleto de la vida moderna

En su magnífico libro Plástico: un idilio tóxico, la escritora Susan Freinkel rastrea los albores de la era de los plásticos. Hay quienes dicen que comenzó hacia la mitad del siglo XIX, cuando ciertos inventores empezaron a desarrollar nuevos compuestos semisintéticos maleables a base plantas para sustituir materiales naturales y escasos como el marfil. El estadounidense John Wesley Hyatt, por ejemplo, inventó el celuloide, el primer polímero sintético, en 1869, con el que se comenzó a fabricar en masa peines, collares de camisas, bolas de billar y cepillos de dientes. Otros proponen que la era del plástico arrancó en 1907 cuando el belga Leo Baekeland desarrolló el primer polímero totalmente sintético: la baquelita.

Durante la Segunda Guerra Mundial, la química de los polímeros abandonó los laboratorios y se dispersó por el planeta. Para la década de 1940, la pujante industria petroquímica alentaba el reemplazo del acero en los coches, el papel y el cristal por plásticos baratos y durables como el poliestireno, nailon, acrílico, espuma de poliestireno.

En un período asombrosamente breve —recuerda Freinkel—, el plástico se había convertido en el esqueleto, el tejido conjuntivo y la piel resbaladiza de la vida moderna". 

No hay una fecha exacta que establezca el inicio de la era del plástico. Se piensa que es cuando el estadounidense John Wesley Hyatt creo el primer polímero sintético. O cuando el belga Leo Baekeland desarrolló la baquelita. Lo que es un hecho es que modificó nuestra forma de vivir y ahora nuestra forma de comer
Foto: Especial

Una fuerza maligna

Para ser estrictos, hay decenas de miles de plásticos diferentes. En lugar de formar una única familia de materiales, son más bien una colección de clanes que guardan cierta relación entre sí.

La cantidad de plástico que se consume por año en el mundo ha ido aumentando sin cesar en los últimos ochenta años. De las poco más de dos millones de toneladas en 1950 a unas 420 millones de toneladas de plásticos en la actualidad. Los números son astronómicos: en todo el mundo se compran cada minuto un millón de botellas de plástico de un solo uso.

Los automóviles y aviones actuales son, en volumen, aproximadamente un 50 por ciento de plástico. Este material es tan resistente que los humanos podríamos desaparecer de la faz de la Tierra mañana mismo y muchos de los plásticos que fabricamos perdurarían a lo largo de los siglos, como testimonio de nuestra presencia contaminante.

El idilio y pasión por los polímeros, así como la convicción naif de que nos proporcionarían un mundo más limpio y materialmente democrático, se desvaneció alrededor de 1967. El dramaturgo Norman Mailer, por ejemplo, los detestaba. "El plástico es una fuerza maligna suelta en el universo", confesó en una entrevista.

Es el equivalente social del cáncer. No habrá nada que no esté hecho de plástico en poco tiempo. Nuestros cuerpos, nuestros esqueletos, serán reemplazados con plástico".

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La cantidad de plástico que se consume en el mundo ha aumentado y reemplazado otros materiales. Se compran un millón de botellas de plástico de un sólo uso cada minuto y el 50% de los aviones y autos es de plástico | Foto: Especial

La humanidad plástica

La primera vez que se detectaron residuos de plástico dentro del cuerpo humano fue en 1972. Por entonces químicos del Instituto Nacional del Corazón y los Pulmones de Estados Unidos hallaron residuos en muestras de sangre de consumidores habituales de artículos de plástico, como vehículos, juguetes, cables. "Ahora los humanos son un poco de plástico", afirmó The Washington Post.

Hoy se estima que una persona promedio come 70.000 microplásticos cada año. Esto es, cien partículas por comida. Hay varias fuentes de esta contaminación. Por ejemplo, en una investigación publicada en Environmental Pollution, científicos colocaron placas de Petri con superficies pegajosas junto a platos de comida en tres hogares en el Reino Unido. Después de 20 minutos, los platos acumulaban un promedio de 14 microplásticos provenientes de telas sintéticas, alfombras, ropa y mucho más.
 

Existe una gran cantidad de microplásticos y su uso está presente en una gran cantidad de objetos de uso cotidiano, por ejemplo, productos de la industria cosmética, así como parte de la ropa que usamos. Incluso en productos como la miel o la cerveza.
Foto: Especial

Se han encontrado microplásticos en la miel y la cerveza. También hay en el agua embotellada —las botellas de agua de un solo uso contienen entre dos y 44 microplásticos por litro y en la sal marina. Un kilogramo puede contener más de 600 partículas.

Un estudio liderado por la ecóloga Esperanza Huerta Lwanga, investigadora del Departamento de Agricultura, Sociedad y Ambiente de El Colegio de la Frontera Sur (Ecosur), en hogares mayas del sureste de México detectó la presencia de microplásticos en los turrículos, o excretas de lombrices, y dentro de las mollejas de pollos y gallinas para consumo humano.

Hemos encontrado en huertos familiares en Campeche, donde la gente quema la basura, en específico sus botellas de plástico, que el plástico no desaparece, sino que se encuentra en un tamaño muy pequeño”, advierte esta investigadora. “Entonces es ingerido por lombrices y gallinas. Después las gallinas son ingeridas por seres humanos y esto es un problema fuerte, porque estamos hablando de una alta probabilidad de contaminación con plástico al ser humano”. 

Una amenaza diminuta

Hay varios tipos de microplásticos. Algunos provienen de productos cosméticos que llegan al ambiente marino normalmente a través de las aguas residuales. Otros son fragmentos de plásticos diminutos en que se convierten las toneladas y toneladas de desechos que llegan al mar que, al cabo del tiempo por la acción del sol y del agua se descomponen en piezas más pequeñas. También provienen de nuestra ropa. El 63 por ciento de la ropa que se fabrica en todo el mundo está hecha de fibras sintéticas —o sea, de plástico— que se desprenden cada vez que la lavamos y terminan en ríos o mares.

El Mediterráneo es uno de los sumideros de plásticos más grande del mundo. Investigadores de la Universidad de Barcelona han encontrado 500.000 microplásticos por kilómetro cuadrado, muy por encima de la media mundial, que es de 100.000. Toda clase de animales —de peces y mariscos y aves— confunden estas partículas con alimento y las ingieren. Un estudio de 2016 de la Universidad de Gante, en Bélgica, calculó que el consumidor europeo medio de crustáceos, moluscos y mariscos similares puede ingerir hasta 6.400 microplásticos al año.

La ecóloga molecular Pennie Lindeque, jefa del grupo de investigación de plásticos marinos en Laboratorio Marítimo de Plymouth (Inglaterra) ha encontrado microplásticos en todos los niveles de la cadena alimenticia, desde el pequeño zooplancton hasta las larvas de peces, tortugas, marsopas, delfines, focas grises y un cachalote.

Todos los animales están expuestos a él y lo están ingiriendo en su ambiente natural", dice. "El océano es una sopa de microplásticos y solo va a empeorar, por lo que necesitamos reducir la cantidad de residuos plásticos que se liberan en nuestros mares ahora".

Para un estudio publicado en Scientific Reports, examinó los tractos digestivos completos de 50 individuos de 10 especies marinas. Y allí encontró fibras de nylon, cuerdas y redes de pesca, microfibras para ropa, cerdas para cepillos de dientes, tereftalato de polietileno (Pet) y poliéster.

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La presencia de los microplásticos en los animales marinos, desde el pequeño zooplancton, hasta el cachalote. Ya están presentes en todos los niveles de la cadena alimenticia | Foto: Especial

En Brasil, el análisis del contenido del estómago de los peces en el río Xingu —uno de los principales afluentes del Amazonas— reveló partículas de plástico de 1 mm a 15 mm de ancho en más del 80 por ciento de las especies examinadas. "Muchos de ellos son consumidos por humanos en la Amazonía", advierte el ecólogo Marcelo Andrade de la Universidade Federal do Pará en Belém. "La contaminación plástica es una amenaza real para los seres humanos en todo el mundo".

Un llamado a la acción

Los microplásticos representan así un problema de seguridad alimentaria emergente global. El problema es que sus efectos sobre la salud humana aún son desconocidos. Por ejemplo, no se entiende muy bien cómo interactúan los microplásticos con el tejido biológico humano. Como saben los toxicólogos, todo depende de las concentraciones de exposición.

Si bien no hay aún conclusiones firmes, abundan las especulaciones. Se ha asociado la aspiración de partículas finas en el aire, aquellas que se forman al quemar combustibles fósiles, con el asma, ataques cardíacos, deterioro de la memoria y el coeficiente intelectual de los niños.
 

Los problemas relacionados con la salud de los humanos a causa de los microplásticos son un misterio. Todavía no se sabe como interactúan estos con el tejido biológico humano. Además ya se han asociado con problemas de asma, ataques cardiacos, deterioro de la memoria, y posiblemente transmitan químicos tóxicos e interfieran con las hormonas
Foto: Archivo El Universal

En un estudio publicado en 2017, Stephanie L. Wright y Frank J. Kelly del Centro para el Medio Ambiente y la Salud en el King's College de Londres en el Reino Unido determinaron que los microplásticos de menos de 25 micrones pueden ingresar al cuerpo humano a través de la nariz o la boca y los de menos de cinco micrones terminan en el tejido pulmonar. "Pueden acumularse y resultar tóxicos al inducir una respuesta inmune", determinaron.

También se piensa que las partículas de plástico acumuladas en el intestino podrían ayudar a la transmisión de químicos tóxicos y patógenos e interferir con las hormonas

Lo que realmente se necesita es más información sobre las exposiciones crónicas de dosis bajas", indica el oceanógrafo Richard Thompson, de la Universidad de Plymouth, quien acuñó el término "microplástico" en 2004. "Realmente se sabe muy poco sobre el efecto en los humanos".

Plásticos biodegradables

La bióloga marina inglesa Natalie Welden compara los microplásticos en el aire con los gases de efecto invernadero de los refrigeradores que causaron el agujero en la capa de ozono. "Originalmente a nadie le importaba realmente hasta que se detectó un impacto negativo en la salud humana y, de repente, todos se pusieron a hacer algo".

Pese al despertar de un pujante movimiento anti-plástico, las acciones políticas para combatir un problema que ha alcanzado proporciones épicas parecen no cambiar mucho la situación. Pero alientan una modificación de los hábitos de consumo. A principios de 2018, el Parlamento Europeo votó a favor de una prohibición en toda la UE de los microplásticos en cosméticos.

Otra esperanza también proviene de una nueva generación de plásticos que se biodegradan, como el ácido poliláctico o PLA, hecho de almidón de maíz o caña de azúcar, que se descompone en 12 semanas.

Se pronostica que para el año 2050 habrá más plástico en los océanos que peces. No se trata solo de algo malo para el ambiente. Además de asfixiar el entorno que nos rodea, nuestra adicción al plástico podría terminar matándonos.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.