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Música electrónica tan mala como el peor enemigo

Ángela Posada-Swafford 24 / May / 19
Al menos así parece suceder en los peces sapos —altamente sensibles al sonido— y que resistieron el estrés provocado por el Festival Musical Ultra, en Miami

Podría decirse que los peces sapo no tienen gusto musical… o por el contrario, que son unos grandes conocedores. Eso depende de qué lado esté uno de la música electrónica al aire libre. Lo cierto es que un grupo interdisciplinario de investigadores de la Facultad Rosenstiel de Ciencias Marinas y Atmosféricas de la Universidad de Miami decidió aprovechar los intensos decibeles producidos por el reciente Festival Musical Ultra —que este año tuvo lugar justo enfrente de sus tanques de acuacultura en Virginia Key— para estudiar la reacción de los peces a las mezclas musicales de famosos DJs como Afrojack o The Chainsmokers.

Los investigadores colocaron sensores para medir la intensidad de la música e hidrófonos en los tanques de los peces y también bajo el agua de mar al lado del escenario del concierto, el cual duró tres días consecutivos, 24 horas diarias. Las grabaciones revelaron que la intensidad del sonido dentro de los tanques de las criaturas alcanzó entre 7 y 9 decibeles, mientras que bajo las aguas cercanas estuvo entre  2 a 3 decibeles.

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Festival de Música Ultra en Virginia Key, marzo de 2019 | Foto: Festival Ultra

Peor que un depredador

“Hallamos que el nivel de la hormona cortisol en la sangre del pez sapo (Opsanus beta) aumentó entre 4 y 5 veces su nivel normal durante esos tres días de concierto”, dijo Danielle McDonald, profesora de biología marina de Rosenstiel. “Esa respuesta de estrés fue más alta de lo que habría sido si el animal estuviese siendo perseguido por un depredador”. Y fue similar a las simulaciones que han hecho los investigadores cuando ponen a los peces sapo a escuchar los cliqueos de los delfines nariz de botella, que son su mayor enemigo.

Los peces sapo dependen completamente del sonido para llevar a cabo su vida reproductiva, interactuar socialmente y evitar caer en la boca de otros peces. Este sentido de la audición en ellos está tan finamente calibrado, que durante las noches calmadas responden con un coro de llamados cuando las llantas de los autos que pasan sobre los puentes producen sonidos en la misma frecuencia que sus cantos de amor.

El análisis de la Universidad de Miami durante el Festival Ultra pretendía aprender más acerca de este intrincado sistema auditivo del pez sapo, y su objetivo era añadir información a los estudios acerca de los rangos de baja frecuencia en los que los peces son más sensibles a la presión del sonido. Tampoco se determinó si los elevados niveles de cortisol tendrían efectos a largo plazo en los animales.  Lo que sí quedó claro que a los peces sapo les cae gorda la música electrónica.

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​​​​​​​Los peces sapo dependen completamente del sonido para llevar a cabo su vida reproductiva, interactuar socialmente y evitar caer en la boca de otros peces. Este sentido de la audición en ellos está tan finamente calibrado | Foto: Pixabay

Autor: Ángela Posada-Swafford
Periodista científica y Knight Fellow, ha participado en seis expediciones antárticas con la National Science Foundation, NASA, y los programas antárticos de Colombia, Chile y España. Su libro ilustrado 'Hielo: Bitácora de una expedicionaria antártica' será publicado en diciembre 2018.