Cuerpo

¿Padeces pérdida del deseo sexual? La ciencia puede ayudarte

Carmina de la Luz Ramírez 13 / Jun / 19
El citrato de sildenafilo conocido como Viagra inició una revolución en el desempeño sexual. Conoce otras innovaciones

Nadie se muere por NO tener un orgasmo. De hecho, los expertos coinciden en que todas las personas somos capaces de experimentar placer sexual sin necesidad de llegar al clímax. Pero por qué no sumergirse en esa vorágine de sensaciones intensas, contracciones musculares, liberación de hormonas y emociones. De hecho, la ciencia ha puesto especial atención en buscar soluciones a los problemas asociados con el máximo placer sexual. En particular, la industria farmacéutica es responsable de productos como el citrato de sildenafilo, aunque existen otras soluciones que, con la guía de un especialista, podrían ayudar a muchos hombres y mujeres. 

El misterioso orgasmo femenino 

Los científicos aún no resuelven el origen y función del orgasmo femenino. Algunos se empeñan en encontrarle una ventaja reproductiva, mientras otros apuestan que es un simple y azaroso accidente de la evolución. Lo que sí se sabe —según datos facilitados por la Sexual Advice Association de Reino Unido— es que la denominada disfunción sexual femenina afecta a un tercio de las mujeres jóvenes y de mediana edad, mientras que la fracción sube hasta el 50% en el caso de mujeres mayores. En realidad se trata de un abanico de síntomas recurrentes y persistentes; entre ellos se encuentran, de acuerdo con la Clínica Mayo (Estados Unidos): la falta de deseo sexual, la incapacidad para mantener la excitación durante los encuentros sexuales, dolor ante el contacto vaginal y, por supuesto, la dificultad para alcanzar el orgasmo. 

Fue la venta de la primera versión de citrato de sildenafilo lo que disparó la exigencia de las mujeres por un producto semejante dirigido a controlar sus orgasmos. El reto se torna difícil dada la complejidad del clímax femenino, pues la causa de los problemas puede remontarse a aspectos psicológicos, anatómicos y fisiológicos. A menudo, las dificultades se presentan a partir de una fluctuación hormonal (por ejemplo, después de tener un bebé o durante la menopausia), pero padecimientos como el cáncer, las enfermedades cardíacas o los trastornos neurológicos también pueden provocar disfunción sexual en las mujeres. Además, medicamentos como algunos antidepresivos y antihistamínicos llegan a disminuir el deseo sexual o la capacidad de experimentar un orgasmo.

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Los científicos aún no resuelven el origen y función del orgasmo femenino. Algunos se empeñan en encontrarle una ventaja reproductiva, mientras otros apuestan que es un simple y azaroso accidente de la evolución | Foto: Especial

Pastillero rosa

La aparente dominancia de causas físicas ha provocado que los esfuerzos por combatir la disfunción sexual femenina se concentren en dos principales líneas de investigación: están los grupos que prueban tratamientos a base de hormonas —femeninas (como los estrógenos) y masculinas (como la testosterona)—, y quienes estudian sustancias que actúan directamente sobre el sistema nervioso. Si algo tienen en común es que ambos caminos son motivados por una gran demanda en el mercado de los fármacos, pues instituciones que brindan servicios de salud —como la Cleveland Clinic de Estados Unidos—señalan que solo el 10% de las mujeres logran tener orgasmos fácilmente. 

Una de las prescripciones más frecuentes para atender la disfunción orgásmica corresponde al bupropion. Este medicamento fue diseñado originalmente como antidepresivo, pero después se descubrió su utilidad en el tratamiento del tabaquismo y los problemas de orgasmo femenino. En el caso de mujeres que experimentan dolor durante sus encuentros sexuales, existe Osphena, fármaco oral que mejora las condiciones del tejido vaginal.

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Las causas físicas parecen ser la principal cuestión de disfunción sexual femenina, quienes luchan para contrarestarla se concentren en dos principales líneas de investigación: tratamientos a base de hormonas y sustancias que actúan directamente sobre el sistema nervioso | Foto: Especial

El principal problema de la oferta química, desarrollada para mejorar la vida sexual de la mujeres y aumentar su probabilidad de experimentar orgasmos, es que conlleva una gran colección de restricciones y efectos secundarios. Al respecto, el medicamento más polémico ha sido Addyi, cuyo principio activo es la flibanserina, sustancia que actúa en los cerebros con bajos niveles de serotoninaneurotransmisor conocido como la “hormona de la felicidad”—. Esto significa que Addyi (mal llamada “viagra femenina”) no es para todas las mujeres, sino únicamente para aquellas que presentan Trastorno de Deseo Sexual Hipoactivo (falta de apetito sexual) como síntoma de la etapa previa a la menopausia. Aún en dichas condiciones, la modesta efectividad de la flibanserina —aunada a sus efectos colaterales, tales como náusea, hipotensión y somnolencia— ha hecho que las mujeres se lo piensen dos veces antes de abandonar el consumo de bebidas alcohólicas para iniciar el tratamiento de una pastilla diaria. 

La píldora azul 

Para científicos como Waguih William IsHak —psiquiatra en el Cedars-Sinai Medical Center de Los Ángeles, California— la investigación no ha puesto el interés necesario para ayudar a las mujeres que difícilmente logran el orgasmo o que jamás lo han experimentado. Ese problema representa la segunda queja sexual más común por parte del sector femenino, solo después de la falta de libido. “No estamos investigando lo suficiente; hay grandes especialistas trabajando con los pacientes mediante terapia, pero cuando hablamos de medicamentos todo es ensayo y error”, dijo en 2010 IsHak, quien encabezó una revisión de 101 estudios en torno al clímax femenino y cuyos resultados fueron publicados en la Journal of Sexual Medicine.

En el caso de los varones el panorama es diferente; desde 1998 ellos cuentan con la famosa píldora azul, pese a que solo uno de cada 10 sufre problemas de disfunción sexual. El éxito de citrato de sildenafilo ha sido tal que convirtió a Pfizer en la segunda compañía farmacéutica más grande del mundo, pero la facilidad que brinda a los hombres se debe —en gran medida— a la propia naturaleza del orgasmo masculino, relativamente simple de explicar. El clímax de ellos coincide con la eyaculación, mecanismo asociado a la reproducción. 

Fue en un hospital de Gales donde se llevaron a cabo los primeros ensayos clínicos con el sildenafilo, diseñado originalmente para tratar la hipertensión arterial. Lo que hace este compuesto (principio activo de Viagra) es aumentar el flujo de sangre hacia el pene, con lo cual se logra y mantiene una erección. La empresa Pfizer asegura que, hasta 2016, 25 millones de hombres —en teoría todos con problemas de disfunción eréctil— habían recibido una receta para Viagra, con las ventajas que eso implica: solo se toma cuando se necesita, comienza a hacer efecto en un lapso de entre 30 y 60 minutos, y las contraindicaciones se deben sobre todo a la interacción con otros fármacos.
 

En el caso de los varones el panorama es diferente; desde 1998 ellos cuentan con la famosa píldora azul, pese a que solo uno de cada 10 sufre problemas de disfunción sexual.
Foto: Especial

¿Qué hay de nuevo en la farmacia?

El mismo citrato de sildenafilo que se utiliza para los hombres podría ser la solución a problemas orgásmicos femeninos. Por ejemplo, algunos estudios han mostrado que los efectos negativos de antidepresivos de tipo SSRIs (inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina) podrían contrarrestarse con ayuda del sildenafilo. Otro ejemplo que requiere de aprobación en países como Estados Unidos corresponde a la tibolona, medicamento que en Europa y Australia es utilizado para el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica. 

En lo que a los hombres respecta, la disfunción eréctil no es su único problema. La eyaculación prematura o precoz es también muy común y su remedio parece estar cifrado en la médula espinal. Desde 2002, un artículo publicado en la revista Science obtuvo evidencia sobre ello: utilizando ratas de laboratorio como modelo, los autores —académicos de la Universidad de Cincinnati— localizaron un circuito de neuronas que controla la eyaculación; al inhibir dicho circuito, los individuos seguían mostrando comportamiento sexual, pero sin llegar a la eyaculación. Este tipo de resultados sirven como plataforma para nuevas investigaciones, no solo aquellas dirigidas al tratamiento de la eyaculación precoz, sino también para favorecer la función sexual en varones con paraplejia.

Autor: Carmina de la Luz Ramírez