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¿Para comer aquí o para contaminar el planeta?

Citlali Aguilera 22 / Feb / 19
El “súper material” inventado por Hermann Staudinger está lleno de virtudes químicas... pero su uso y abuso lo han convertido en enemigo de la salud y el ambiente

Los seres humanos aspiramos a dejar un legado. Ya sea, como civilización o como fruto del trabajo individual, para casi nadie es ajeno el deseo de dejar huella de nuestro paso por el mundo. Pero pareciera que lo estamos alcanzando de la peor manera.  

El poliestireno expandido (EPS), mejor conocido como unicel o nieve seca, es un polímero termoplástico que, junto con otros más analizados por el científico alemán Hermann Staudinger, lo hicieron ganador del Premio Nobel de Química, en 1953.

Es un material versátil y rentable: su liviandad se debe a que está compuesto en un 98% por aire y, gracias al 2% de poliestireno, logra soportar hasta mil veces su peso. Además, es un aislante térmico y acústico; no absorbe agua, su olor y sabor son neutros, es inocuo —lo que lo hace apropiado para el empaque de alimentos—, es económico tanto en su fabricación como en su adquisición. 

Por si le faltaran virtudes, este “súper material”  es muy durable. Ese vaso que usamos para nuestros esquites o para nuestra agua de jamaica no se pudre, ni se degrada y tendrá una vida media de entre 500 y 800 años. Es decir, permanecerá en la Tierra el tiempo que duró el Imperio Otomano (1299- 1923). O dicho de otra manera, la primera generación que se fabricó para venta masiva por la empresa alemana BASF, en la década de los cincuenta, desaparecerá —años más, años menos— en el 2750. Un gran legado, si no fuera porque...

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El científico alemán Hermann Staudinger

Letal para la fauna
De acuerdo con la Asociación Nacional de la Industria Química (ANIG) y la Asociación Nacional de Industrias de Plásticos (ANIPAC) el consumo de unicel en nuestro país es de 125 toneladas por año. De ellas, el 25% (31.25 toneladas) se destinan a la fabricación de productos desechables para la industria alimenticia, lo demás se ocupa en construcción y embalaje. 
Lo alarmante es que, según las estimaciones que hacen las asociaciones nacionales antes mencionadas, de esas 125 toneladas sólo 1.2 toneladas (1%) de todo el unicel que se genera en la república mexicana se recicla. ¿Qué pasa con las otras 124 toneladas que no reciclamos? 

Al no contar con una política pública de impacto nacional, ni con estrategias de gestión y manejo de este residuo sólido adecuados para su reciclaje o reutilización, se generan impactos negativos para la salud humana y el ambiente.

Muchos de los recipientes en los que se nos sirven frutas y tacos tendrán, invariablemente, los ríos y mares como destino final. Allí serán ingeridos por la fauna acuática —como tortugas y peces— causándole obstrucciones en el aparato digestivo y respiratorio que llega a ser letal. 

Unicel en el aire
Por otra parte, si el unicel se quema, (lo que ocurre cuando va incluido en la basura que se incinera) despide dioxinas   —compuestos químicos que se encuentran en la lista de sustancias cancerígenas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Convenio de Estocolmo sobre los Contaminantes Orgánicos Persistentes—, las cuales logran persistir en el ambiente durante décadas. Este veneno invisible también es liberado cuando calentamos los alimentos en envases de unicel en el microondas.
¿Qué están esperando las autoridades competentes para prohibir el poliestireno expandido, junto con los demás desechables de un solo uso? ¿Qué están haciendo los negocios y empresas y, qué estamos haciendo nosotros como consumidores?
 

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Ilustrativa

Empezar por el ejemplo
Podríamos comenzar por reducir y evitar el consumo de productos de este material como vasos, platos y envases para llevar. Es importante preguntar en los establecimientos si cuentan con otra opción para ofrecernos sus productos, o su servicio de comida para llevar. Se vale exigir a los negocios recipientes de cartón, papel o vidrio retornable, pero también, nosotros como consumidores, podemos llevar nuestros recipientes desde casa. 
Muchas veces sin darnos cuenta, gastamos nuestras vidas en un mundo acelerado que demanda todo nuestro tiempo. He ahí el origen del modelo fast food, una especie de “comes y te vas” con el que estamos generando cosas perpetuas que serán un grave problema en un futuro inmediato. 
¿Valen la pena los 5 minutos que tuviste en las manos el unicel en el que te dieron la comida, ante el legado negativo y contaminante que hacemos al mundo?

Cuidemos el presente
Un arqueólogo del futuro podrá saber mucho de los que fuimos gracias a nuestros desperdicios de unicel. Podrá saber, por ejemplo, si fuimos capaces de crear conciencia y cuidar nuestra salud y nuestro planeta.

A nosotros nos corresponde transformar ese futuro desde el ahora, el presente, donde estás en este preciso momento leyendo estas palabras. Es aquí y ahora donde cada una de nuestras decisiones y acciones pueden (o no) contribuir al cuidado del planeta. Diría el cantautor y poeta argentino Facundo Cabral: cuidemos el presente que es donde viviremos para siempre.

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.