Cosmos

Para qué sirvió llegar a la Luna: Inventos legados por Apolo 11

Ana Cristina Olvera 17 / Jul / 19
El legado de conocimiento y de avances tecnológicos de la misión nos toca hasta la actualidad y van desde cómodos zapatos, sistemas de soporte de vida hasta inspiración y una fuerte conciencia de nuestra responsabilidad en el cuidado de un planeta

Recordamos la misión Apolo 11 como la cúspide de la ciencia y tecnología humana, pero el verdadero objetivo de esta primera misión tripulada a la superficie de la Luna, era político.

Según John Logsdon, historiador del espacio y profesor de ciencias políticas y relaciones internacionales de la Universidad George Washington, la prioridad absoluta era dar cumplimiento al compromiso que John F. Kennedy lanzó el 25 de mayo de 1961 ante el congreso estadounidense, con el objetivo de marcar la supremacía técnica de los Estados Unidos sobre la Unión Soviética. 

Aunque los experimentos científicos e instrumentos llevados por Armstrong, Aldrin y Collins a la superficie de nuestro satélite natural podrían ser catalogados como secundarios, tener un cheque en blanco para invertir en la resolución de los retos técnicos que implicaba el objetivo han dejado un legado de conocimiento que sigue resonando a 50 años de distancia.

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Buzz Aldrin durante la misión Apolo 11 | Foto: NASA

Lo que aprendimos sobre la Luna

El alto riesgo que implica aterrizar en un mundo nuevo y extraño no dejó mucho espacio a los caprichos científicos, por lo que el Mar de la Tranquilidad, lugar elegido para la llegada del hombre a la Luna, hacía mucho eco a su nombre y era, según palabras de mismo Logsdon, el sitio más seguro, pero también poco interesante para hacer ciencia. Sin embargo, logró acercarnos a disipar uno de los misterios más grandes que envuelve a nuestro satélite: su origen. 

Antes de la llegada de los tres intrépidos viajeros, todavía existían acalorados debates sobre si la Luna era un frío fósil, una reliquia congelada o un cuerpo planetario con actividad volcánica.

Los 22 kilogramos de muestras recolectadas por los astronautas fueron el primer paso para saber que, sin lugar a dudas, la brillante compañera de las noches terrestres había un día experimentado una fuerte actividad volcánica. El polvo o regolito que usaron para separar las piedras en los paquetes, etiquetado con el número 10084, y conocido como “La tierra para empaquetar de Armstrong”, es probablemente la muestra geológica más estudiada de la historia.

Décadas de estudio de las piedras y polvo sentaron las bases del conocimiento de nuestro vecino más cercano, y también dieron pauta para la teoría entorno a lo que sucede en el resto del Sistema Solar.

Se descubrió, por ejemplo, que la edad de nuestro satélite es de unos 4 mil 500 millones de años y que está compuesta por elementos muy similares a la Tierra, aunque consistentes con su tamaño, menor presión, falta de atmósfera y ausencia de agua. Sus minerales y rocas mostraron la presencia de un antiguo mar de magma y una diferenciación entre manto y corteza.

Todo esto, reforzando la creencia de que su origen está más cercano a la teoría de que un planeta de tamaño similar a Marte se estrelló contra la Tierra, desprendiendo fragmentos que eventualmente la conformaron. 

Efecto de los rayos cósmicos

Según Mark Robinson, investigador principal de la cámara del Orbitador de Reconocimiento Lunar (NASA Lunar Reconnaissance Orbiter Camera), también obtuvimos información a lo que le sucede a las rocas en exposición a rayos cósmicos galácticos, partículas solares, y meteoritos que van desde tamaños microscópicos hasta asteroides. Los instrumentos llevados, como un sismómetro pasivo y un retrorreflector láser, fueron la base de la captación de miles de terremotos lunares que fueron detectados en conjunto con los otros 4 sismómetros colocados por las misiones 12, 14, 15 y 16. Esta instrumentación nos permite hasta la fecha medir con precisión la distancia de la Tierra a la Luna, mientras se aleja lentamente de nosotros. 

Según Brad Jolliff, profesor Scott Rudolph de Ciencias Planetarias y de la Tierra en la Universidad de Washington, uno de los legados científicos más grandes es lo que aportó el análisis de lo recolectado a la exploración futura de nuestro Sistema Solar, pues ofrecieron la evidencia del gran bombardeo de asteroides tardío, hace unos 4 mil millones de años. Los modelos de las dinámicas orbitales del Sistema Solar temprano sugieren que Júpiter y Saturno tuvieron un cambio en sus órbitas, lo cual habría desestabilizado a los cinturones de asteroides, provocando un cataclismo unos 500 millones de años después de la formación de nuestro vecindario cósmico. Apolo nos enseñó que la clave para probar esas teorías y modelos está en la Luna y que podremos investigar más a fondo en la próxima visita.

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Muestra lunar recolectada por Neil Armstrong en la misión Apolo 11 | Crédito: CollectSPACE

Impulso al movimiento ambientalista

Roger Launius, curador en el Museo Nacional del Aire y del Espacio de los Estados Unidos, aseguró para la revista del Smithsonian que las imágenes y experiencias que los astronautas transmitieron a la humanidad al tener una visión de la Tierra desde la Luna le dieron un impulso extraordinario al naciente movimiento ambientalista. Tan solo 10 meses después del logro, tuvo lugar la celebración del primer Día de la Tierra, con el fin de hacer conciencia sobre la proliferación de los estragos causados por la actividad humana en el medio ambiente. Aunque desconfiaban de la tecnología en general, el programa espacial pareció encontrar una resonancia especial con este movimiento. Las imágenes fotográficas que miraban a la Tierra desde el espacio subrayaban tanto la unidad como la fragilidad del planeta en su conjunto, mientras que la noción del espacio como la "frontera final" capturaba la imaginación popular en un momento de divisiones sociales y económicas. 

A principios de la década de 1970 se adoptó completamente la concepción de la Tierra como una nave espacial, que fue iniciada por la fotografía conocida como el “Amanecer de la Tierra”, capturada por la tripulación del Apolo 8. Esta imagen logró identificarse íntimamente con el movimiento ambientalista. Era un grito desesperado por proteger los recursos finitos y los complejos sistemas ecológicos de la Tierra. 

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Fotografía del “Amanecer de la Tierra” tomada por Bill Anders del Apolo 8 el 24 de diciembre de 1968 | Crédito: NASA

Los inventos que llegaron para quedarse

La necesidad de resolver problemas técnicos fue apremiante, pero los resultados, adelantados a su tiempo, ayudaron a avanzar la tecnología en diversos ámbitos de la vida. Desde el desarrollo de la espuma sintética con memoria para la comodidad, la comunicación inalámbrica o herramientas impulsadas por baterías, hasta grandes avances en la medicina a distancia. 

La tecnología utilizada en las famosas botas que dejaron sus huellas en la Luna también dejó su huella en los zapatos utilizados por deportistas desde entonces. La tecnología desarrollada para que el calzado espacial absorbiera los impactos y proveyera de estabilidad y control motriz a los caminantes lunares, fue utilizada por Al Gross, un ingeniero del programa Apolo, para que ahora, en los tenis de los deportistas, estas mismas cualidades sean disfrutadas en la Tierra. 

El estadio Reliant de Houston tiene una techo retráctil hecho de una tela similar a la utilizada en los trajes espaciales del viaje a la Luna. El material es más fuerte que el acero, pero pesa menos de 30 gramos por metro cuadrado. Además de ser translúcida y muy resistente, con una durabilidad promedio de 20 años, el invento retomado de la NASA por la empresa Birdair, Inc. en Nueva York puede, según estimaciones de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio, reducir los costos de la construcción hasta en 30%. 

Pisar la Luna también nos permite ahora combatir el fuego. The Monsanto Company utilizó para los trajes de bomberos y otro personal involucrado en el combate a incendios el polibenzimidazol sintético desarrollado por la agencia espacial para proteger a los seres humanos y a los sistemas críticos de ser consumidos por un accidental fuego en las cabinas llenas de oxígeno altamente flamable. 

Aunque no hay mucha agua para beber en la Luna, nosotros tenemos algunos de los sistemas más eficientes de purificación del líquido gracias a esta estrafalaria aventura. NASA tuvo que inventar un sistema ligero de purificación de agua para el consumo de la tripulación a base de iones de plata. Actualmente es utilizada comercialmente con resultados de muy alta calidad. 

El nacimiento de la medicina a distancia
 

La medicina también recibió un impulso con el recorrido de más de 300 mil kilómetros. La tecnología utilizada para monitorear los signos vitales de los astronautas del Apolo resultó en el mejoramiento de marcapasos, sistemas de vigilancia de los signos vitales y popularizaron de la utilización de telemedicina o medicina a distancia. Mientras tanto, el procesamiento digital de imágenes, usado por primera vez para analizar la superficie lunar se tradujo en el ámbito médico a lo que ahora conocemos como tomografías y resonancias magnéticas. Además, la técnica de remoción de residuos tóxicos de los fluidos es utilizada ahora médicamente para realizar diálisis de una manera más eficiente.

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Traje espacial de Neil Armstrong | Crédito: NASA

La revolución informática

Una de las áreas en las que Apolo tuvo un mayor impacto en términos de acelerar el desarrollo de la tecnología fue en la informática. Hasta los años sesenta, las computadoras eran monstruosas máquinas que ocupaban salas enteras y consumían intensas cantidades de energía continuamente, sin ni siquiera alcanzar un décimo de la potencia con la que contamos actualmente en nuestros teléfonos inteligentes. 

Había que hacer que las computadoras cupieran en una nave espacial con toneladas de combustible, experimentos científicos, grandes motores y propulsores y tres indefensos astronautas. Los esfuerzos fueron tan fructíferos que se relacionan directamente con el nacimiento del famoso Sillicon Valley con los desarrollos y talentos incubados en la era de las misiones a la Luna. 

Uno de los elementos fundamentales fue el desarrollo del circuito integrado, el antecesor del microchip, un circuito electrónico miniaturizado que eliminó el ensamblaje manual de transistores separados. Hoy, los circuitos integrados se utilizan en casi todos los equipos electrónicos. El microchip llevó a la industria de alta tecnología a un lugar de producción en masa y economías de escala. Fairchild Semiconductor fue una de las pocas compañías que experimentaron con estos nuevos componentes microelectrónicos en ese momento.

Para ayudarles a perfeccionar el rendimiento de estos nuevos circuitos en miniatura, la NASA ordenó un millón de ellos aunque solo necesitaban unos cuantos. Dos ingenieros de esta compañía se irían en 1969 a fundar la empresa de procesadores Intel. Como ellos, muchos empresarios de tecnología informática que construyeron el Internet y la infraestructura de la computación y comunicaciones que usamos en la actualidad como si fuera totalmente indispensable, también recuerdan a Apolo como su inspiración. Uno de ellos es el magnate Jeff Bezzos, el hombre más rico de la historia de la humanidad por Amazon, y quien se prepara para contribuir con su empresa espacial a la nueva misión a la Luna. 

Los beneficios científicos aún no terminan

Como si todo lo anterior fuera poco, la ciencia proveniente de la hazaña de Armstrong, Aldrin y Collins no ha terminado. En marzo de este año, la NASA anunció que abriría un paquete de rocas lunares nunca antes tocadas y un núcleo sedimentario de las misiones Apollo para su estudio. "Las muestras se guardaron deliberadamente para que podamos aprovechar la tecnología más avanzada y sofisticada de hoy para responder a las preguntas que no sabíamos que debíamos hacer", dijo Lori Glaze, director en funciones de la División de Ciencias Planetarias de la NASA en Washington, DC "Con muy pocas excepciones, ninguna otra expedición científica sigue produciendo tanta ciencia nueva ”.

Este es nuestro especial por los 50 años de la llegada del hombre a la Luna. Selecciona el texto y descubre detalles exclusivos de la NASA:

Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con larga trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es conductora de INTERFAZ, y co-conductora del Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Colabora en Radio UNAM y NASA en español, entre otros medios nacionales e internacionales. Creadora del proyecto 4ta Revolución.