Cuerpo

Placer: secretos sólo para pacientes

Marisol Robles 29 / Nov / 18
Cuando se padece una enfermedad crónica, reencontrarse con el placer puede ser una ardua tarea, pero conseguirlo ofrece un remanso en medio del dolor y la ansiedad

Después de que me quitaron el catéter para la hemodiálisis, me colocaron una fístula, me resistía a que me la pusieran porque con ella venían incluidas sesiones con agujas enormes y me daba pánico el dolor. El primer día que tenían que puncionarme mi enfermero me dijo que iba a tocar un poco más arriba del brazo con uno de sus dedos mientras la aguja entraba, me explicó que era una trampa para el cerebro porque al registrar el roce del dedo se distraía y el piquete no parecía tan absoluto.
 
Y esto aunque en realidad tenía que ver con cómo el cerebro registra el tacto. Me llevó a  investigar qué pasaba con dolor y placer, así llegué a una lectura donde un estudio hecho en la Universidad de Massachusetts por la doctora Kay Tye. Tye quien dice, entre otras cosas, que "en la vida, todos los comportamientos posibles se resumen en dos: buscar placer y evitar el dolor", trabajó muy duro con su equipo para ver cómo el cerebro almacena la memoria emocional y encontró que los circuitos cerebrales que controlan las experiencias positivas y negativas están conectados y pueden anularse, es decir, que de alguna forma el dolor y el placer están conectados. Son como dos medusas que bailan juntas. El equipo de científicos aún está averiguando qué pasa en este baile y qué tan bueno puedo ser para neutralizar los malos recuerdos esta cercanía y tratar el estrés y la depresión, hasta ahora solo se ha observado cómo funciona en los ratones.
 
La raíz de la palabra placer, viene del latín placere y está presente en la palabra playa, placenta, plazo y pleito dice el diccionario etimológico. Pero en su tercera acepción, es decir, su significado menos conocido, viene del catalán placel y según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española quiere decir "banco de arena o piedra en el fondo del mar, llano y de bastante extensión. O Arenal donde la corriente de las aguas depositó partículas de oro".

Cuando se está en un proceso médico intensivo como el que acompaña a una enfermedad crónica, nos acostumbramos a vivir con el cuerpo torturado, se vuelve una piedra al fondo de un mar de malas noticias, en ese arenal que es la piel se van dejando señales del camino en forma de cicatrices. Yo no recuerdo cuánto tiempo pasó antes de que me pudiera ver desnuda con catéteres, moretones y cicatrices. Tenemos que acostumbrarnos a vivir la intimidad con una corporeidad llena de señales "aquí me lastima porque ayer puncionaron, o no toques cerca de donde están las secuelas de mi trombo". Estamos frágiles, tenemos que reconocernos, reencontrarnos en esta condición médica. Saber quiénes somos a mitad de un laberinto de emociones y panoramas cambiantes todos los días.
 
Y ¿cómo se halla placer a mitad de tantas heridas e incertidumbre? Les voy a compartir algunas herramientas que me fueron dadas para volver a encontrar las partículas de oro a mitad del arenal. En una de mis estancias más largas en el hospital, de la clínica del dolor me encargaron a hacer el ejercicio de escribir 10 cosas que me dieran placer estando ahí donde estaba. En esa lista iba desde cosas tan sencillas como oler el perfume de mi mamá hasta sentir el bálsamo de labios.
 
Otro de los ejercicios creado en esos días de cárcel hospitalaria era tratar de crear algo que me diera placer, a veces era pedir un poco de hielo y ponerlo debajo de la lengua, otras cerrar los ojos y volver a recordar un primer beso. El truco estaba en concentrar los sentidos en las pequeñas cosas que aun en ese contexto me llevaban a sentir rico. Y ese descubrimiento me hizo pactar que estuviera donde estuviera cada día dedicaría un instante al placer, porque es parte de lo que me hace querer estar en la vida.
 
La clave está en no olvidar que donde quiera que estemos siempre tendremos la memoria y los sentidos para llevarnos a un lugar donde el placer nos espere y nos rescate del dolor, primero porque llevamos nuestras zonas erógenas puestas y dos porque la mente será nuestra mejor aliada en la travesía de la enfermedad y de cualquier circunstancia difícil.

 
 

Autor: Marisol Robles