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¿Plátanos en peligro de extinción?

Federico Kukso 25 / Oct / 18
Nutritivas, originarias de las selvas del sudeste asiático, las bananas son uno de los alimentos más consumidos del planeta, después del arroz, el trigo y la leche. Pero en las últimas décadas, una virulenta epidemia se está esparciendo por el mundo aniquilando plantaciones enteras y haciendo peligrar este cultivo elemental para la supervivencia de millones de personas. Cuáles son las iniciativas científicas que buscan salvar a la omnipresente fruta

En el corazón de las selvas tropicales de Centroamérica, en los estériles laboratorios subterráneos de la universidad belga de Lovaina, en las instalaciones de start-ups de la ciudad inglesa de Norwich y en las calurosas plantaciones de Uganda y del norte de Australia, agricultores y científicos unen fuerzas para combatir un enemigo sin rostro pero letal que en silencio está aniquilando en estos momentos a una de nuestras frutas favoritas: la banana.

El mal puede adoptar varias formas. Pero en este caso, su vehículo es un hongo, un voraz invasor que ingresa a las plantas de plátano a través de sus raíces y una vez allí se propaga por el tejido conductor de agua y nutrientes hasta asfixiarla. O sea, hace que las plantas se mueran de hambre. El hongo Fusarium oxysporum es el asesino natural del mundo de este fruto y responsable de la llamada enfermedad o mal de Panamá, capaz de eliminar cultivos enteros en dos o tres años. No sucumbe
ante fungicidas conocidos y es tan potente que en algunas regiones lo llaman el “cáncer de la banana”.

Desde que en 1990 se identificó la virulenta cepa de la enfermedad de Panamá en Malasia e Indonesia, científicos y especialistas en protección vegetal han combatido de noche y día su propagación. Pero no han tenido mucho éxito. En pocos años, esta plaga se esparció por China y Filipinas. En 2013, se encontró en Mozambique. Después en el Líbano, Israel, India, Jordania, Omán, Pakistán y Australia. Y este año en Birmania.

No es, sin embargo, la primera vez que nos topamos con este enemigo despiadado. Muchos lo han olvidado pero hasta las primeras décadas del siglo XX nuestros abuelos disfrutaban de una banana distinta a la que comemos hoy, una variedad mucho más dulce y cremosa: el plátano Gros Michel. Con su delicioso sabor, rápidamente conquistó el mundo. Pero de repente y por alguna razón por entonces desconocida las plantaciones primero en Panamá y luego en el resto del mundo comenzaron a morir. Habían sido invadidas por un hongo insaciable y desaparecieron una por una.

Transportada por el agua y la tierra, la enfermedad de Panamá se propagó a las naciones vecinas: pasó por Costa Rica y Guatemala y al sur hacia Colombia y Ecuador. El proceso llevó décadas. Para 1960, el plátano Gros Michel había prácticamente desaparecido y la industria bananera se encontraba al borde de la bancarrota. Hasta que a último momento apareció una variedad china llamada Cavendish, inferior en sabor y hasta entonces considerada de segunda categoría, pero con una característica que la hacía única: era resistente a la plaga. Al no tener otra opción, las principales empresas bananeras la adoptaron y cambiaron la producción. “El cambio ocurrió tan rápido y sin problemas que los consumidores apenas lo notaron”, advierte el periodista Dan Koeppel, autor de Banana: The Fate of the Fruit That Changed the World.

 

Para 1960, el plátano Gros Michel había prácticamente desaparecido y la industria bananera se encontraba al borde de la bancarrota. Hasta que a último momento apareció una variedad china llamada Cavendish, inferior en sabor y hasta entonces considerada de segunda categoría, pero con una característica que la hacía única: era resistente a la plaga.
Imagen ilustrativa / El Universal

Desde entonces, la banana Cavendish --que lleva el nombre de un noble británico que cultivó las frutas exóticas en sus invernaderos-- se volvió omnipresente. Es como el Big Mac de las frutas: eficiente de producir, uniforme en calidad y universalmente asequible. Según la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), se producen 50 millones de toneladas de bananas Cavendish cada año, el 99 por ciento de todas las exportaciones mundiales de este fruto.

Pero el idilio no duró mucho. Y la banana Cavendish también terminó por sucumbir en este caso ante una nueva cepa de la enfermedad de Panamá, la TR4, que ya hizo estragos en Asia y África. El escenario que más preocupa es su propagación en el continente americano. Hasta el momento, América Latina --región en la que se cultiva el 80 por ciento de los plátanos de exportación del mundo-- se ha mantenido libre de esta epidemia. Pero se pronostica que, ya sea en cinco, diez o 20 años, el hongo eventualmente desembarcará. Las estrictas medidas de control biológico y de cuarentena no son suficientes. “Un simple turista que viaje de Asia a América con una planta podría provocar una catástrofe", señala Charles Staver, científico agrícola de la organización de desarrollo de investigación Bioversity International. “Los técnicos de la industria bananera de América Latina se mueven por todo el mundo, por lo que existe un alto riesgo de transportar el hongo”.

El cambio ocurrió tan rápido y sin problemas que los consumidores apenas lo notaron”

Una historia con sabor y sangre
Nutritiva, originaria de las selvas de Malasia, Indonesia y Filipinas, considerada uno de los alimentos más importantes del planeta --después del arroz, el trigo y la leche-- y elemental para la supervivencia de varias economías, esta fruta que en árabe significa “dedo” forma parte de la dieta y de la subsistencia diaria de millones de personas en todo el mundo. En América Latina, unos 12.3 millones de habitantes viven directamente de su cultivo.

Existen alrededor de mil variedades, incluyendo docenas de bananas silvestres, muchas de ellas no más grandes que un dedo meñique y llenas de semillas capaces de romper los dientes. El plátano brasileño, por ejemplo, es pequeño y agrio con carne firme, mientras que el rechoncho Pisang Awak, un alimento básico en Malasia, es mucho más dulce. También está el Titiaro, Cuyaco, Pineo Enano, Cambur Morado, Ice Cream, Pelipita y Popoulou (de color rosa chicle), entre tantas otras.

Además, el plátano es uno de los cultivos más intrigantes y complejos cultivados por el ser humano desde hace unos ocho mil años, un tiempo en el que a través de diversos métodos de selección y cultivo pasaron de ser frutos de unos pocos centímetros de longitud y estaba lleno de semillas con poca "carne" al estado actual en que la encontramos en los supermercados.

En Uganda, machacan la carne de la fruta con las hojas y se comen con un trozo de carne y algunos frijoles. Mientras que en Perú, uno de las botanas más populares son los chifles, rodajas o tiras de plátano verde frito, sazonados con sal. En Cuba, a esa misma colación, le llaman tostones.

India es el mayor productor mundial de bananos: allí hay más variedades de la fruta que en cualquier otro lugar. En este país se cultiva el 20 por ciento de los plátanos del mundo, casi unas 17 millones de toneladas cada año. O sea, tres veces más fruta que Ecuador, el segundo país productor del mundo. Aunque a diferencia del país sudamericano, casi ninguna de las bananas que crecen en el subcontinente asiático es enviada al extranjero. Esta abundante diversidad --más de 670 variedades-- se aprecia en sus mercados, si bien el banano favorito es el Mysore, un plátano agridulce, que se utiliza en el curry y los guisos.

Los hindúes llaman a la fruta kalpatharu, que significa en sánscrito "planta virtuosa" y muchos aún piensan que es una encarnación de Lakshmi, diosa de la riqueza, la belleza y la sabiduría.

Se estima que los primeros plátanos se cultivaron en el sudeste asiático. De isla en isla, las bananas se esparcieron al resto del mundo. Las primeras frutas consumidas en América fueron transportadas por exploradores y navegantes a comienzos del siglo XIX. Un naturalista francés llamado Nicolas Baudin, por ejemplo, plantó en la isla caribeña de Martinica una planta de banana que arrancó en el Sudeste asiático.
 

AltEn el sótano de la Universidad Católica de Lovaina en Bélgica se conservan 1.500 muestras de especies de banano comestibles y silvestres procedentes de todo el mundo
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Para los científicos, el único camino para garantizar la supervivencia del plátano es el de la edición genética
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Crédito de las fotos: Gentileza Bioversity International

Antes de 1880, la mayoría de los estadounidenses nunca habían visto un plátano. Hoy comen más bananas que manzanas y naranjas combinados. Como cuenta la historiadora Virginia Jenkins en Bananas: An American History, por entonces era considerado un alimento de lujo: se los pelaba, cortaba y envolvía en papel de aluminio para evitar herir sensibilidades victorianas con la sugestiva forma de la fruta. Desde entonces, el apetito de los consumidores norteamericanos de bananas no se sació nunca, desencadenando varios baños de sangre. Se extendieron así grandes plantaciones de banano en América Central y el Caribe. Las empresas pronto obtuvieron poder económico y político en Cuba, República Dominicana, Haití, Guatemala y México. Protegidas por tropas estadounidenses, corporaciones como la United Fruit Company (hoy conocida como Chiquita) promovieron golpes de Estado y ayudaron a establecer dictaduras títeres en países donde tenían plantaciones. De ahí surgió el término "república bananera".
Para abastecer los mercados, tendieron líneas ferroviarias, dispusieron flotas de barcos e inventaron técnicas de refrigeración para que las bananas cultivadas en las plantaciones de América Central llegaran a supermercados de todo el continente.

“Los técnicos de la industria bananera de América Latina se mueven por todo el mundo, por lo que existe un alto riesgo de transportar el hongo”

Actualmente, en México se producen dos millones 835 mil toneladas de plátano cada año. Chiapas es el principal productor con 716 mil toneladas, seguido por Tabasco, con 610 mil toneladas, y Veracruz, con 325 mil toneladas. Según el Atlas Agroalimentario 2017, elaborado por el Servicio de Información Agroalimentaria y Pesquera, el principal comprador de plátano es Estados Unidos, con 70.1 por ciento, seguido de Holanda, Reino Unido y Japón. En 2017, México exportó más de 64.5 mil toneladas de plátano a la Unión Europea.

"Es una fruta que se puede comparar al pan", dice Juan Fernando Aguilar, líder del Programa de Banano y Plátano de la Fundación Hondureña de Investigación Agrícola. "Usted come pan todos los días y no se cansa. Con el banano sucede lo mismo".

Superbananas contra el mal
A la epidemia actualmente en curso que hace tambalear el futuro de la banana se le suman otros enemigos como plagas de insectos chupadores de savia, infecciones causada por el hongo Mycosphaerella fijiensis y la "enfermedad de Moko", entre otras. Durante los últimos años, los científicos de la banana han intentado combatirlas ya sea buscando bananas silvestres o secuenciando su genoma para buscar en su interior algún secreto hasta ahora desconocido como sucedió en 2012: en total han identificado 36.500 genes, o sea, 14 mil más que los que tenemos los seres humanos. La única diferencia con el anterior Armagedón bananero (o Bananagedón) es que no hay bananos resistentes a la cepa TR4 de esta enfermedad listos para reemplazar a la banana Cavendish.

La ciudad belga de Lovaina (o Leuven) es la capital mundial de la investigación de la banana y donde tienen lugar muchas de estos estudios. En la Universidad Católica de Lovaina, a pocos kilómetros de Bruselas, la FAO y la organización Bioversity International mantienen la colección de diversidad de bananos más grande del mundo, conocida como el Centro Internacional de Tránsito de Musa (nombre científico de esta fruta): en el sótano, unos 15 mil tubos de ensayo con tapones amarillos y bien iluminados salvaguardan la diversidad de esta fruta conservada en forma de pequeñas plántulas.

La colección alberga más de 1.500 muestras de especies de banano comestibles y silvestres procedentes de todo el mundo. Es como una bóveda de seguridad en la que también se protegen en nitrógeno líquido a -196°C para futuras generaciones.

Allí, por ejemplo, el equipo del investigador Rony Swennen ha desarrollado un tipo de banana dulce que, al insertarle un gen de rábano, logra resistir a una enfermedad conocida como sigatoka negra. “La biotecnología es literalmente la única manera de salvar a la variedad Cavendish”, dice. “Además, para alcanzar la cantidad diaria recomendada de vitamina A, necesitas comer 80 bananas Cavendish. Tengo variedades en la colección que te darían toda tu vitamina A con solo comer dos bananas. Debemos aprovechar este potencial”.

La colección alberga más de 1.500 muestras de especies de banano comestibles y silvestres procedentes de todo el mundo
Foto: Gentileza Bioversity International

El gran problema, sostienen los científicos, es que la manipulación genética de cultivos padece un problema de percepción social. No tiene mucha aceptación entre legisladores, ambientalistas y consumidores. A James Dale mucho no le inquieta. A este biotecnólogo australiano de la Universidad Queensland en Australia le interesa combatir la enfermedad al manipular en laboratorios los genes de esta maravillosa planta para producir bananas Cavendish resistentes a la enfermedad de Panamá. Eso es, por ejemplo, lo que se está haciendo en varias partes del mundo como en una star-tup llamada Tropic Biosciences, con sede en Norwich, Inglaterra, como también al norte de Australia donde ya están madurando las primeras bananas genéticamente editadas en una pequeña población conocida como Humpty Doo. Ahí los investigadores descubrieron que, cuando a una planta Cavendish le insertaban un gen --conocido como RGA2-- proveniente de un plátano silvestre del sudeste asiático llamado Musa acuminata ssp malaccensis no mostraban signos de la enfermedad.

Como describió Dale en un paper publicado en 2017 en Nature, el ensayo duró tres años y espera que el primer banano genéticamente modificado se venda en Australia en 2021. "Estos superbananas no solo permitirán vencer a este hongo sino también ayudarán a combatir la deficiencia de vitamina A, de la que mueren cada año mueren entre 1.9 y 2.8 millones de personas: a través de modificación genética podemos incrementar la cantidad de pro-vitamina A en estas frutas. Es un proceso que se llama biofortificación. Tomamos un gen de un plátano llamado Asupina que crece en Papúa Nueva Guinea y tiene altas concentraciones de pro-vitamina A y lo insertamos en las bananas Cavendish".
Según el investigador, no hay multinacionales involucradas en nuestro proyecto. Es un proyecto filantrópico financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates y está teniendo lugar en Uganda. “El verdadero desafío --señala Dale-- ahora será lograr la aceptación de políticos y legisladores".
O despedirnos de los plátanos para siempre.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.