¿Por qué cada año celebramos Semana Santa en fechas distintas?

Caprichos políticos y eclesiásticos

Desde la antigüedad, la cultura hebrea puso mucha atención en los ciclos y movimientos del Sol y de la Luna, y con base en ellos diseñó un calendario lunisolar. Para este pueblo, todavía hasta nuestros días, el periodo de un año está determinado por los ciclos del astro rey, pero, en lo que respecta a los meses, la Luna marca los tiempos. 

El inicio de cada mes judío coincide con la luna nueva, mientras que la luna llena se presenta el día 14. Así sucede con el primer mes del año, Abib —también llamado Nisán—, que significa “retoño”, porque es cuando se presenta la primavera

De acuerdo con las sagradas escrituras judías, la cebada acababa de brotar cuando el pueblo de Israel emprendió la huida de Egipto, una noche en que la luna llena iluminó su camino. Por ello, la Pascua judía o Pésaj tiene lugar justamente durante el plenilunio —así es como los astrónomos llaman a la fase de luna llena— del 14 de Nisán.  

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Calendario hebreo | Imagen: Especial

Mandato del emperador

Miles de años después, la historia dio otra vuelta de tuerca y surgió una nueva tradición: la Pascua de Resurrección, que constituye la festividad más importante para la fe cristiana. Durante siglos, judíos y cristianos celebraron su respectiva pascua en la misma fecha (14 de Nisán), sin importar el día de la semana en que cayera. Sin embargo, por instrucciones del emperador romano Constantino, en el año 325, los líderes de la Iglesia Católica se reunieron en el denominado Consejo de Nicaea, y ahí determinaron las siguientes reglas para la Pascua de Resurrección:

Siempre se celebrará el domingo posterior a la primera luna llena luego del equinoccio de primavera.

Más tarde, en 1582, con la creación del calendario Gregoriano —vigente hasta nuestros días—, la Iglesia estableció arbitrariamente el 21 de marzo como fecha de inicio de la primavera, de tal forma que (según la Iglesia) la Pascua no puede celebrarse antes del 22 de marzo ni después del 25 de abril. 

Además, si la luna llena y la supuesta pascua caen juntas el mismo domingo —tal como sucedió en 1981 o 2001—, la celebración debe posponerse una semana, y lo mismo aplica si la Pascua de Resurrección llega a coincidir con la pascua judía. Todas estas restricciones provocaron que Semana Santa y pascua se alejaran de sus orígenes agrícolas y astronómicos; asimismo, el cálculo de las fechas correspondientes se convirtió en todo un problema matemático.   
 
Matemáticas y astronomía al servicio de la fe 

A partir del siglo IV, distintos matemáticos desarrollaron algoritmos para determinar Semana Santa y Pascua, con todas las reglas eclesiásticas que dicha celebración implicaba. Algunos de esos métodos, incluso, se siguen utilizando en la actualidad para marcar en nuestros calendarios el tan ansiado primer periodo vacacional del año. El más famoso de ellos fue nombrado Computus y se le consideró el cálculo más importante de la Edad Media.

Posteriormente, durante la época del Renacimiento, hubo matemáticos que utilizaron la proporción áurea —un número irracional presente en diversos aspectos de la naturaleza— y métodos algebraicos para dar con el domingo correspondiente a la Pascua de Resurrección. En tiempos más recientes, también han surgido propuestas, como la de Carl Friedrich Gauss, matemático alemán de finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX. 

El cálculo de la fecha de pascua ha fomentado, además, la incursión de la astronomía en la religión y viceversa. Muestra de ello son algunas catedrales de los siglos XVI a XVIII, pues según John Heilbron —historiador de la ciencia estadounidense reconocido por sus trabajos en historia de la astronomía— estas pudieron haber sido diseñadas como observatorios, para determinar el equinoccio de primavera y, por lo tanto, la fecha “verdadera” de la pascua.   

Vacaciones 2019

Para los astrónomos, tanto la luna llena (o plenilunio) como el equinoccio vernal (o de primavera) —fenómenos de los cuales depende la Pascua— son instantes asociados a la dinámica de los objetos celestes. En el primer caso, se trata del momento en que la Luna pasa exactamente por el lado opuesto al Sol respecto a la Tierra, algo que puede suceder antes o después de lo marcado en las tablas eclesiásticas. 

Por su parte, el equinoccio es el instante en que los rayos del Sol tocan el ecuador terrestre de forma totalmente perpendicular, lo cual puede acontecer no solo el 21 de marzo, sino también los días 19 y 20. De hecho, contrario a lo normado por la Iglesia, tendremos que esperar hasta el año 2101 para que el equinoccio vernal ocurra después del 20 de marzo. 

La luna llena (o plenilunio) como el equinoccio vernal (o de primavera), son fenómenos de los cuales depende la Pascua

Foto: Cuartoscuro / José I. Hernández

Inconsistencias astronómicas

¿Qué hubiera pasado con el calendario 2019 y el periodo vacacional de Semana Santa si solo dependiera de la ciencia? Según las efemérides astronómicas, este año el equinoccio de primavera sucedió el 20 de marzo a las 15:58 horas (tiempo del centro de México), y el plenilunio más inmediato —también llamado plenilunio postequinoccio— fue a las 01:43 horas del 21 de marzo (hora de Greenwich); por lo tanto, la Pascua de Resurrección pudo haberse celebrado el domingo 24 de marzo. Es decir, a estas alturas, ya estaríamos incorporándonos a nuestras labores, luego de una merecida semana vacacional. 

Los próximos años están llenos de este tipo de inconsistencias entre lo que podríamos llamar la “pascua astronómica” y aquella determinada por la Iglesia. Por ejemplo, en 2038, el equinoccio de primavera ocurrirá el 20 de marzo y habrá luna llena inmediatamente al otro día, el 21 de marzo. Esto significa que, astronómicamente, la pascua tendría que celebrarse el domingo 28 de marzo de 2038, sin embargo, los cristianos lo harán hasta el 25 de abril, la última fecha posible según sus propias reglas. 

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