Mente

¿Por qué recuerdas tu primer beso?: La ciencia te lo explica

Carmina de la Luz Ramírez 22 / May / 19
Húmedo; tierno o apasionado; en la secundaria o durante la preparatoria; de piquito o con lengua… En este Día Internacional del Primer Beso, te explicamos por qué lo recuerdas tan bien

Habían pasado varias décadas, pero Clementina seguía recordándolo como si hubiera sido ayer. Ella tenía doce años y el niño que le gustaba 11. Durante el recreo, corrieron al escondite donde solían conversar; sin embargo, esa vez fue diferente: nervioso y con torpeza, él llevó sus labios hasta los de ella, presionó y le regaló su primer beso. Desde entonces, cada vez que Clementina evoca ese momento, sonríe, vuelve a sentir la sudoración en sus manos, el corazón latiendo con fuerza y la sangre acumulándose en su rostro. 

¿Por qué, al igual que Clementina, la mayoría de las personas recordamos de manera tan vívida nuestro primer beso? La respuesta está en la ciencia y, en particular, en el estudio de las emociones. 

La virtud de las emociones

Los recuerdos son los habitantes de la memoria, y esta “es la forma en la que el cerebro puede recoger información con base en la experiencia, para luego almacenarla”, dice a Tangible el doctor Federico Bermúdez Rattoni, Jefe del Departamento de Neurociencia Cognitiva del Instituto de Fisiología Celular de la UNAM.

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La mayoría de las personas recordamos nuestro primer beso de forma vívida, sin importar la edad en que lo dimos | Foto: Especial

Según el especialista en neurobiología de la memoria −quien en 2013 obtuvo el Premio Nacional de Ciencias−, aquellos recuerdos que más perduran (como el primer beso) son parte de la denominada memoria a largo plazo; pero, para que la información llegue hasta ahí, primero es necesario un mecanismo conocido como consolidación de la memoria:

la evocación tan vívida que tenemos del primer beso se debe a la emoción que nos produjo, la cual juega un papel fundamental en la consolidación de la memoria”. Esto significa que, en general, todos aquellos sucesos importantes en nuestra vida debieron habernos emocionado mucho y por ello permanecen en la mente a lo largo del tiempo.

Lo anterior no es exclusivo de recuerdos agradables, pues −según explica Bermúdez Rattoni− “todas las emociones tienen la virtud de reforzar la información dentro de la memoria”. Tal es el caso de la memoria de estrés postraumático, donde las emociones experimentadas durante una situación de guerra, por ejemplo, derivan en recuerdos tan vívidos que pueden llegar a incapacitar a las personas que la padecen. Sin embargo, por muy malo que haya sido tu primer beso, difícilmente tendrás ese tipo de emociones. 

Ojos bien cerrados 

De acuerdo con Federico Bermúdez Rattoni, las emociones son fenómenos fisiológicos que se manifiestan mediante diversas reacciones del organismo, como el aumento de la frecuencia cardíaca, la dilatación de los vasos sanguíneos o la apertura de las pupilas. Muestra de ello es el aumento de las pulsaciones del corazón, que con un beso pueden subir de 60 hasta 130 por minuto, según un estudio realizado por la Universidad de Viena.
 

Al cerrar los ojos concentramos en la boca la capacidad de sentir y evitamos que muchos otros estímulos compitan con la reacción emocional del beso
Foto: Archivo El Universal

Las emociones, a su vez, son consecuencia de la secreción y flujo en el cerebro de un coctail de sustancias que, para el caso del beso, David Bueno i Torrens biólogo y genetista de la Universidad de Barcelona− resume en cuatro: oxitocina (apodada la “hormona del amor”), dopamina u hormona del placer, serotonina y adrenalina. La combinación resulta tan efectiva que no importa demasiado si eres hombre o mujer; tampoco si recibes tu primer beso en la infancia, adolescencia o adultez, mientras tu organismo sea capaz de producir dichos compuestos, las emociones harán el trabajo de consolidar el recuerdo. 

La intensidad de las emociones también influye en la consolidación de la memoria. Así se explica por qué, al cerrar los ojos durante el primero de nuestros besos, aumentan las posibilidades de que se transforme en una de las remembranzas más vívidas:

al cerrar los ojos, concentramos en la boca la capacidad de sentir y evitamos que muchos otros estímulos compitan con la reacción emocional del beso”, apunta el doctor Bermúdez Rattoni. 

¿Dónde reside la memoria?

“La mayoría de nosotros somos capaces de recordar hasta el 90% de los detalles de nuestro primer beso”, asegura Sheril Kirshenbaum −investigadora de la Universidad de Texas− en su libro The Science of Kissing (La ciencia del beso). Pero, ¿dónde es que residen esas evocaciones? Bermúdez Rattoni asegura que:
 

"No existe un lugar exacto donde la memoria esté arraigada, pero sí sabemos que existen ciertos circuitos en el cerebro asociados a varias estructuras que permiten adquirir, guardar y evocar información”.
Foto: Especial

El sistema límbico −formado por partes del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo− es una de las principales rutas relacionadas no solo con la memoria, sino también con aspectos como la personalidad y la conducta. Todos ellos continúan siendo misterios que científicos como Federico Bermúdez tratan de develar utilizando, por ejemplo, modelos con ratones. Otros investigadores (como Rebecca Todd del departamento de psicología de la Universidad de Toronto) observan in vivo el cerebro humano con ayuda de técnicas de resonancia magnética, para saber cuáles son las regiones que se encienden con los recuerdos más vívidos, como el primer beso.

Autor: Carmina de la Luz Ramírez