¿Por qué recuerdas tu primer beso?: La ciencia te lo explica

Ojos bien cerrados 

De acuerdo con Federico Bermúdez Rattoni, las emociones son fenómenos fisiológicos que se manifiestan mediante diversas reacciones del organismo, como el aumento de la frecuencia cardíaca, la dilatación de los vasos sanguíneos o la apertura de las pupilas. Muestra de ello es el aumento de las pulsaciones del corazón, que con un beso pueden subir de 60 hasta 130 por minuto, según un estudio realizado por la Universidad de Viena.
 

Al cerrar los ojos concentramos en la boca la capacidad de sentir y evitamos que muchos otros estímulos compitan con la reacción emocional del beso

Foto: Archivo El Universal

Las emociones, a su vez, son consecuencia de la secreción y flujo en el cerebro de un coctail de sustancias que, para el caso del beso, David Bueno i Torrens biólogo y genetista de la Universidad de Barcelona− resume en cuatro: oxitocina (apodada la “hormona del amor”), dopamina u hormona del placer, serotonina y adrenalina. La combinación resulta tan efectiva que no importa demasiado si eres hombre o mujer; tampoco si recibes tu primer beso en la infancia, adolescencia o adultez, mientras tu organismo sea capaz de producir dichos compuestos, las emociones harán el trabajo de consolidar el recuerdo. 

La intensidad de las emociones también influye en la consolidación de la memoria. Así se explica por qué, al cerrar los ojos durante el primero de nuestros besos, aumentan las posibilidades de que se transforme en una de las remembranzas más vívidas:

al cerrar los ojos, concentramos en la boca la capacidad de sentir y evitamos que muchos otros estímulos compitan con la reacción emocional del beso”, apunta el doctor Bermúdez Rattoni. 

¿Dónde reside la memoria?

“La mayoría de nosotros somos capaces de recordar hasta el 90% de los detalles de nuestro primer beso”, asegura Sheril Kirshenbaum −investigadora de la Universidad de Texas− en su libro The Science of Kissing (La ciencia del beso). Pero, ¿dónde es que residen esas evocaciones? Bermúdez Rattoni asegura que:
 

"No existe un lugar exacto donde la memoria esté arraigada, pero sí sabemos que existen ciertos circuitos en el cerebro asociados a varias estructuras que permiten adquirir, guardar y evocar información”.

Foto: Especial

El sistema límbico −formado por partes del tálamo, hipotálamo, hipocampo, amígdala cerebral, cuerpo calloso, septo y mesencéfalo− es una de las principales rutas relacionadas no solo con la memoria, sino también con aspectos como la personalidad y la conducta. Todos ellos continúan siendo misterios que científicos como Federico Bermúdez tratan de develar utilizando, por ejemplo, modelos con ratones. Otros investigadores (como Rebecca Todd del departamento de psicología de la Universidad de Toronto) observan in vivo el cerebro humano con ayuda de técnicas de resonancia magnética, para saber cuáles son las regiones que se encienden con los recuerdos más vívidos, como el primer beso.

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