Cuestiona

¿Por qué se utilizan ratones en los laboratorios?

Susan Irais 22 / Nov / 18
Los roedores tienen ciertas características que los hacen perfectos para su uso en el laboratorio

“Se utilizan ratones porque cumplen con ciertas características: su reproducción es rápida y continua, el costo de su alimentación es bajo, su manejo es fácil, tiene una similitud con la fisiología humana, y su periodo de vida es corto”, indica Ashley Nicolle González Luz, Química Farmacéutica Biológica de la UNAM.

Hay otros animales que pueden ser usados en un laboratorio, por ejemplo las cobayas y los conejos, “pero los ratones y ratas son más fáciles de manejar. No usamos, por ejemplo, pulpos porque se sabe que en cada tentáculo tienen muchas terminaciones nerviosas. Si nosotros le cortamos un tentáculo el dolor que sienten es semejante al de humano que pierde una extremidad sin anestesia”, expone la QFB.

 “Contrario a lo que la gente cree, en un laboratorio y en el bioterio los ratones son tratados con mucho respeto porque sabemos que ese animal está dando su vida para que nosotros aprendamos”, expresa. Todos los que interactúan con los roedores son instruidos para sujetarlos, administrarles fármacos y sacrificarlos de una forma correcta y eficiente.

“Si un ratón de laboratorio es liberado no podría sobrevivir porque vivió toda su vida en un bioterio donde tenía muchos cuidados: alimentación, higiene, temperatura, todas las condiciones estandarizadas de acuerdo a Norma Oficial Mexicana”, reflexiona.

“No nos gusta matar ratones”, expresa. Por ello, los laboratorios se rigen bajo el principio de las tres erres: reducir —usar el menor número posible de animales—; reemplazar —evitar usarlo si el experimento se puede hacer con un maniquí o otros métodos, y refinar —trabajar con el menor dolor posible y con rapidez.
 

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Académico manipulando un roedor. Fotografía: UNAM
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Principio de las tres erres, Facultd de Química. Ilustración: UNAM

Autor: Susan Irais
Periodista de ciencia. Colaboradora en Tangible y Asistente de Información de Iván Carrillo. Profesora adjunta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha escrito para la revista Algarabía y Ciencia UNAM de la Dirección General de Divulgación de Ciencia.