Mente

¿Por qué tememos tanto a Eso?: Conoce la explicación del horror en la ficción

Luis Javier Plata Rosas 05 / Sep / 19
La psicología evolutiva echa un vistazo al tenebroso payaso para entender mejor el sentimiento de atracción-rechazo que sentimos hacia él

Dos años han pasado fuera y veintisiete dentro de la pantalla del cine y en el pueblo de Derry desde el último avistamiento de Eso. Eso que nos mostró que el mal tiene cara de payaso y el poder de materializar los terrores de la infancia, que no por infantiles dejan de tener, a veces, su utilidad cuando nuestra vida está en juego. Si no todos los miembros del Club de los Perdedores se encuentran aún listos para enfrentar de nuevo al payaso peligroso y tenebroso, nosotros podremos plantar cara a El Mal en esta cinta -o al menos explicarlo- gracias a Mathias Clasen, investigador de la Universidad de Aarhus, en Dinamarca, que estudia las raíces bioculturales del horror en la ficción.

A pesar de que, como afirma Clasen que afirman los sociólogos, fuera de las ya incontables cintas de terror en las que el monstruo en turno es “el mal” encarnado, atribuir a una criatura intenciones netamente malévolas -así sea Lucifer, el Portador de la Luz que, irónicamente, es el Príncipe de las Tinieblas- porque es la única razón de su existencia, es sólo el reflejo de la necesidad psicológica que cada uno de nosotros tenemos de deshumanizar a quienes -correctamente o no- culpamos de actuar en perjuicio nuestro para así iniciar la cacería de brujas en su contra con la consciencia tranquila y sin remordimientos, toda vez que asumimos que la superioridad moral está de nuestro lado.

Personificación del miedo

Cuando el mal encarna en un payaso asesino, si disfrutamos extasiados cada vez que Beverly, Bill y los otros perdedores lo golpean y consiguen lastimarlo, eso significa que, por más sobrenatural que Eso sea, este ser producto del diseño inteligente de Stephen King ha triunfado en su personificación de algunos de los miedos, ansiedades y aversiones más comunes en nuestra especie, resultado de adaptaciones que, por selección natural, han mejorado nuestras posibilidades de supervivencia decenas y cientos de miles de años antes de la invención del cine.

Los psicólogos evolucionistas consideran que, junto con millones de otras especies, cada Homo sapiens nace con una tendencia a adoptar con gran rapidez y sin esfuerzo alguno el miedo a objetos, situaciones, otras especies, u otros individuos de la nuestra, que representaron un peligro para la supervivencia de nuestros ancestros prehistóricos. Debido a ello, antes que consultar a un aracnólogo o a un herpetólogo para asegurarnos de que la araña o la serpiente con la que nos topamos en nuestra más reciente excursión campestre es inofensiva, la adrenalina y otras hormonas activan nuestra reacción de lucha o huida, pues es mejor equivocarnos y seguir vivos que pecar de confiados y morir envenenados. Es una lástima, desde la perspectiva de la supervivencia humana, que otras probadas amenazas no nos hayan acompañado aún por tiempo suficiente para haber sido evolutivamente seleccionadas y formar parte de nuestras estrategias adaptativas, de manera que la sola presencia de un vapeador o cigarrillo electrónico, un six de cervezas o un auto deportivo genere en varios de nosotros una fobia tan irracional como la provocada por la oscuridad o las alturas.

Eso es un producto del diseño inteligente de Stephen King ha triunfado en su personificación de algunos de los miedos, ansiedades y aversiones más comunes en nuestra especie
Foto: Cortesía

Como hemos evolucionado para reaccionar y hasta sobrerreaccionar ante posibles peligros en el ambiente, que conscientemente sepamos que es imposible que Eso pase de la pantalla a la sala de cine y nos ataque no evita que sea capaz de generar en nosotros una fuerte respuesta emocional y que, como otros monstruos de las películas de terror, nos repulse y atraiga a la vez.

La fascinación por lo horrible

Desde el ángulo de la psicología evolucionista, Clasen enlista las razones por la que nos fascina Pennywise, sin ser una de ellas su habilidad dancística pregonada por su mote de “payaso bailarín” y, al parecer, compartida por Joaquin Phoenix en el papel del Joker más reciente (ya varios memes han llamado la atención sobre el parecido de la postura del actor con la de quien se mueve al compás de una cumbia de la Sonora Dinamita):

- La primera de ellas es que Eso es uno de los seres más horripilantes de la Tierra, pues los payasos ocultan detrás del maquillaje sus expresiones faciales, por lo que es imposible saber su estado emocional y sus intenciones, a lo que hay que añadir su comportamiento impredecible. Por si no fuera suficiente, Eso tiene garras y dientes aserrados más propios de un tiburón que de un bufón.
 

Desde el ángulo de la psicología evolucionista, Clasen enlista las razones por la que nos fascina Pennywise, sin ser una de ellas su habilidad dancística pregonada por su mote de “payaso bailarín”
Foto: Warner Bros

- No hay nada en el personaje de Pennywise que pueda humanizarlo, y no digamos despertar nuestra empatía, sino al menos permitir explicar sus acciones. Clasen considera que, de conocer qué lo motiva a matar niños y a comérselos, si por un instante pudiésemos ver el mundo con sus ojos burlescos, tal vez podríamos entender qué tiene de especial su frase favorita (“¡flotarás!”), si, por ejemplo, en su infancia tuvo una experiencia traumática en un circo o si su sistema digestivo está superespecializado en cachorros humanos por ser extraterrestre (a diferencia de Superman, llegó a este planeta en un meteorito y no en una nave espacial, según la novela), y ya no nos parecería completamente aborrecible.

- Junto con la existencia de padres negligentes y abusadores y grupos de bullies pendencieros, la amenaza de Eso provoca en los miembros del Club de los Perdedores conductas prosociales de ayuda mutua y amistad y valores que reflejan los que favorecieron la sobrevivencia de todo grupo social humano desde la prehistoria hasta los tiempos de la ficción fílmica.

Clasen considera que gran parte del éxito de la historia de Stephen King es que, al no haber nada que redima a Eso, Pennywise se aproxima mucho a nuestra idea del mal absoluto que sólo es posible erradicar cuando los adultos lo combaten con la inocencia propia de los niños (o, al menos, nuestra idealización de ella). Exterminar a Eso se vuelve entonces una alegoría del triunfo del bien en el mundo. Pero que esto pase en Eso es algo que tendremos que ver con nuestros propios ojos.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Clasen, M., 2014, Evil Monsters in Horror Fiction: An Evolutionary Perspective on Form and Function, en: Packer, S. y Pennington, J., A History of Evil in Popular Culture: What Hannibal Lecter, Stephen King, and Vampires Reveal About America, vol. 2, Santa Barbara, California, ABC-CLIO/Praeger, 39-47.