Mente

Psicodélicos para la salud mental, ¿funcionan?

Ágata Székely 07 / Nov / 19
La investigación de sustancias que alteran la conciencia vive un segundo aire gracias a varios resultados prometedores contra la depresión, la ansiedad y las adicciones

En marzo de este año un equipo de científicos brasileños publicó en la revista Psychological Medicine conclusiones muy favorables de un estudio realizado con la enredadera amazónica ayahuasca en pacientes que resistían los tratamientos convencionales contra la depresión. 

La ayahuasca es una bebida tradicional de pueblos indígenas, una decocción que combina dos plantas: la que le da el nombre, denominada científicamente Banisteriopsis caapi y la chacruna (Psychotria viridis, que contiene dimetiltriptamina o DMT, un químico alucinógeno). “Encontramos evidencia de un rápido efecto antidepresivo luego de una sola sesión de una dosis, en comparación con el placebo”-escribieron los investigadores, que aseguraron además que la mezcla tiene un valor terapéutico y es segura en la posología apropiada. El material se suma a una serie de hallazgos recientes en la misma línea con compuestos (naturales o sintéticos) similares: La psilocibina (derivada de hongos del género Psilocybe), la dietilamida de ácido lisérgico o LSD, la mescalina (que se obtiene del cactus Lophophora williamsii o peyote), el anestésico ketamina, e incluso la variedad del DMT que se encuentra en el “sapito” de la especie Bufo Alvarius. 

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Ayahuasca, bebida tradicional de pueblos indígenas | Foto: Especial

De esta lista, la psilocibina es una de las más estudiadas en los últimos años. En 2017 científicos del Imperial College de Londres la probaron en pacientes resistentes a los tratamientos comunes contra la depresión, y en solo una semana observaron en ellos menos síntomas de la enfermedad. Un mes después, 47 por ciento de los participantes se reportaron totalmente libres del padecimiento. Otros equipos mostraron efectos positivos de la sustancia en el tratamiento contra las adicciones y en los cuidados paliativos: en enfermos de cáncer se encontró efectividad de la psilocibina en la reducción inmediata de la depresión y la ansiedad (80 por ciento de los pacientes sostuvieron estos beneficios siete meses después de haberla consumido). 

La Organización Mundial de la Salud estima que 300 millones de personas sufren la enfermedad y un tercio de ellos no responde a los tratamientos existentes hasta el momento.

En la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos (donde en la actualidad funciona uno de los centros de investigación en psicodélicos más importantes del mundo) otros profesionales consiguieron resultados notables al combinar psilocibina con terapia cognitiva conductual en personas que seguían un programa para dejar de fumar: luego de 6 meses haber terminado el tratamiento la tasa de abstinencia fue del 80 por ciento, un número importante si se considera el porcentaje de éxito del 35 por ciento que se le atribuye a otros medicamentos. ¿Qué es lo que sucede en el cerebro que causa estos cambios significativos?
 

Neurobiología del psicoviaje

Una experiencia con psicodélicos modifica el modo en que funciona un cerebro deprimido, revelaron quienes estudian los casos. En el cerebro existen circuitos o “carreteras informativas” a través de las cuales circula la información, “caminos” en los que puede haber mucho o casi nada de “trafico”. Aparentemente, las sustancias psicodélicas reactivan el movimiento en algunas de las rutas que están más abandonadas, abren nuevas y/o liberan espacio en las más usadas, cambios que perduran en el tiempo, y permanecen después del “viaje”, cuando ya no quedan concentraciones de las drogas en la sangre. Se ha demostrado que la administración controlada de estas sustancias puede modular circuitos neurales alterados en padecimientos neuropsiquiátricos, que actúan mediante procesos de neuroplasticidad y adaptaciones de la sinapsis. 

La evidencia sobre las posibilidades curativas de los psicodélicos continúa acumulándose, y, es necesario destacarlo, no es la primera vez en la historia que se estudian. Como cuenta Michael Pollan en Como cambiar tu mente, lo que la nueva ciencia de la psicodelia nos enseña sobre la conciencia, la muerte, la adicción, la depresión y la trascendencia (muy recomendable y profunda investigación sobre el tema, de editorial Debate), en los años sesenta varios equipos científicos (en varias ocasiones con apoyo gubernamental y en importantes universidades como Harvard) reunieron un abundante caudal de pruebas de calidad diversa sobre este tipo de drogas, cuyos efectos se observaban tanto para combatir trastornos de la salud mental como para entender la neurobiología de las experiencias místicas (y aún no se tiene claro que tanto estas últimas influye en la sanación o reducción de los primeros). Sin embargo, la evidencia conseguida fue abandonada y desestimada, en parte luego de excesos y alharaca de miembros de la contracultura, beatniks y -para algunos -cuestionables gurús. La sección más conservadora de la sociedad de aquel tiempo reaccionó con “pánico moral” y los compuestos fueron víctimas de satanización y una posterior prohibición.  

La depresión será la segunda causa de discapacidad mundial para el año próximo (y la primera en México y otras naciones en vías de desarrollo.

Esperanza contra la depresión

Hoy el renacimiento de este interés y los nuevos descubrimientos representan una esperanza, en especial si se consideran las cifras actuales de la depresión: la Organización Mundial de la Salud estima que 300 millones de personas sufren la enfermedad y un tercio de ellos no responde a los tratamientos existentes hasta el momento. Se pronostica, además, que la depresión será la segunda causa de discapacidad mundial para el año próximo (y la primera en México y otras naciones en vías de desarrollo). Dada la emergencia de la epidemia ¿cuánto falta para que se pueda acceder de manera segura y legal a estas sustancias? Para David Nutt, director de la unidad de neuropsicofarmacología de la división de Ciencias del Cerebro en el Imperial College de Londres, la psilocibina será aceptada como tratamiento para la depresión en menos de 10 años. 

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Imagen ilustrativa | Foto: Pixabay

¿Y qué dice la ciencia sobre las microdosis de psicodélicos que se publicitan en internet o son ofrecidas por algunos terapeutas “alternativos”? 

Las microdosis son porciones menores de las sustancias que no llegan a provocar una alteración de la conciencia y se consumen por un tiempo prolongado, cada tres o cuatro días.

Revisiones recientes han reportado que consumir psicodélicos en estas cantidades mínimas tuvo efectos positivos en el bienestar, creatividad y ansiedad de algunos consumidores, pero, de acuerdo a un metaanálisis publicado en Plos One a principios de este año, los beneficios no fueron sostenidos y, por otra parte, un segmento de los participantes sintieron un aumento en su neuroticismo.  Los estudios en los centros de investigación importantes que han tenido resultados contundentes contra afecciones como la depresión o las adicciones, como los mencionados al principio, se han realizado con raciones mayores que sí llevan a un “viaje”. En julio pasado, los científicos del Imperial College de Londres que hacen el seguimiento del tema publicaron en el Journal of Psychopharmacology que aún no existe consenso y material suficientemente robusto para afirmar utilidad o ventajas de estos compuestos en modalidad microdosis. 

Autor: Ágata Székely
Periodista, escritora y editora experta en salud y bienestar. Autora de Freelance, Guía práctica para una vida sin oficinas (Towanda Ediciones, 2015), ha publicado artículos y columnas en las revistas Newsweek, Women’s Health, Marie Claire, Joy, Quién, Forbes, Quo, Chilango, Selecciones del Reader’s Digest, Revista del Consumidor, Moi, Balance, Equilibrio y Crónica Ambiental, entre muchas otras.