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Pterosaurios: Emperadores del aire

Federico Kukso 10 / Sep / 19
Ni dinosaurios ni aves: los pterosaurios fueron los reyes indiscutidos de los cielos durante 162 millones de años. Gracias a nuevas investigaciones realizadas en los últimos años en Brasil, Argentina, Alemania y China, ya se han descubierto más de 200 especies de estos increíblemente diversos reptiles voladores.

Cuando tenía 58 años, Jorge Luis Borges emprendió una tarea titánica. Con la ayuda de su amiga Margarita Guerrero, el escritor argentino compiló en un libro los más extraños entes que han engendrado a lo largo del tiempo los hombres y mujeres en sus sueños y pesadillas. 

El resultado fue su Manual de zoología fantástica (1957), una suerte de bestiario que con los años creció y creció hasta convertirse en el Libro de los seres imaginarios. Allí Borges revitaliza la rica tradición de animales míticos: describe a los elfos, el basilisco, el centauro, la esfinge, el Golem, las hadas, el Kraken, el Minotauro, el unicornio y a muchos más.

Pero en especial, pone atención en un monstruo: el dragón. “El pueblo chino cree en los dragones más que en otras deidades -escribió- porque lo ven con tanta frecuencia en las cambiantes nubes”.

Tan arraigado estaba este animal en el imaginario que durante siglos fue su emblema imperial. Cuando había que anunciar que un emperador había muerto, se decía que había ascendido al firmamento sobre el lomo de un dragón.

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¿Animal acuático o volador? Al principio, se pensó que los pterosaurios usaban sus alas para propulsarse en el agua. Pterodactylus antiquus, Carnegie Museum of Natural History, Pittsburgh | Foto: Dominio Público

En esta criatura se concentraron las más diversas fábulas mitológicas pero particularmente se reconoce en ella una curiosa combinación entre lo imaginario y lo real, un entretejido entre realidad y ficción. En especial, porque este animal fantástico nació de sucesivos descubrimientos, hallazgos fortuitos de extraños huesos, restos de los animales más grandes que alguna vez volaron en la Tierra: los pterosaurios.

Durante 162 millones de años, los cielos les pertenecieron a estos reptiles voladores”, cuenta el paleontólogo Mark P. Witton de la Universidad de Portsmouth. “Compartieron el mundo con los dinosaurios hasta su extinción hace 65 millones de años. Fueron animales biológicamente exitosos y diversos con interesantes e intrincadas historias de vida”.

Y aún sabemos tan poco de ellos. Aunque con el tiempo y nuevas investigaciones las piezas del rompecabezas se van juntando. En los últimos diez años se han descubierto más pterosaurios que en toda la historia. En especial en Brasil, China, Alemania, Brasil, Inglaterra, Estados Unidos y Argentina, cambiando hallazgo tras hallazgo la imagen que teníamos de estos terribles animales, algunos de ellos altos como jirafas y otros tan pequeños que cabrían en la palma de una mano.

Estamos en una era dorada de la investigación de pterosaurios. Los pterosaurólogos saben ahora que estas criaturas voladoras eran hábiles corredoras y nadadoras, que vivieron en diversos hábitats en todo el mundo, que cazaban a sus presas de las más diferentes maneras y que evolucionaron en una variedad de formas.
 
El despegue de los pterosaurios

Los pterosaurios han sido protagonistas de la literatura fantástica desde que en 1874 Julio Verne los introdujo en el mundo de la ficción a través de Viaje al centro de la Tierra.

Pero fue el inglés Arthur Conan Doyle, famoso creador de Sherlock Holmes, quien más contribuyó a su popularidad en su clásico El mundo perdido (1912), luego llevado al cine en 1925, sobre una expedición a una meseta sudamericana de la selva amazónica venezolana en donde aún sobreviven animales prehistóricos.
 

El interés popular por los pterosaurios fue despertado por Julio Verne en su libro Viaje al Centro de la Tierra (1864)
Foto: Cortesía

Desde entonces, además de ser sucesivamente comparados con demonios, dragones y vampiros, la cultura pop los adoptó como la imagen de la prehistoria, como embajadores de la extinción. Aunque, por curioso que parezca, al principio no se pensó que volaran.

Nadie conoce el nombre de quién descubrió el fósil del primer pterosaurio conocido pero se estima que fue entre 1767 y 1784 en una capa de piedra caliza de 150 millones de años al norte de Baviera, hoy Alemania.

Durante años este pequeño espécimen pasó de mano en mano y quienes lo veían no entendían qué tenían frente a sus ojos. El naturalista italiano Cosimo Collini pensó que era un animal acuático que utilizaban sus aletas para propulsarse a través de los mares. Intrigado, el naturalista francés Georges Cuvier discrepó. Y en 1809 lo llamó “Ptero-Dactyle”, que significa dedo alado, un nombre que quedó atascado en la psique del público general.

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En el siglo XIX, los pterosaurios fueron sucesivamente comparados con demonios, dragones y vampiros. Ilustración de A. Jacob para Le monde avant la création de l'homme (1886) | Foto: Biblioteca Nacional de Francia

Ni aves ni murciélagos

No fue hasta 1840 cuando la comunidad científica reconoció que se trataba de un grupo distintivo de reptiles voladores, que no estaban directamente emparentados ni con las aves ni con los murciélagos. Y así recibieron su verdadero nombre, que significa “lagartos alados”.

Desde entonces, se han descrito más de 200 especies de pterosaurios, verdaderos dragones alados que volaron sobre las cabezas de los dinosaurios. Según la paleontóloga brasileña Taissa Rodrigues, de la Universidad Federal de Espíritu Santo, eran altamente diversos en apariencia. Algunas especies tenían crestas en la cabeza de diferentes tamaños, formas y colores, mientras que otras no tenían ninguna. La mayoría contaba con dientes grandes en la punta de los hocicos y comían peces, pero otros tenían dientes más pequeños, lo que sugiere diferentes preferencias de alimentación.

Uno de los más impresionantes fue el colosal Quetzalcoatlus northropi, descubierto en Texas, Estados Unidos, por Douglas A. Lawson en 1971. Este animal, que fue bautizado en honor al dios prehispánico Quetzalcóatl —la serpiente emplumada— medía unos 12 metros de alto y vivió hace 68 millones de años. Probablemente era un depredador terrestre, como las modernas cigüeñas, y se presume que cazaba pequeños dinosaurios y otros vertebrados.
 

Se piensa que los pterosaurios rompían sus huevos listos para caminar, pero no para batir las alas y remontar vuelo. Hamipterus tianshanensis
Foto: Chuang Zhao.

Es posible que haya podido permanecer en el aire durante más de una semana, aleteando de manera intermitente sus enormes alas membranosas, sostenidas por el cuarto dedo ‒el dedo anular‒ alargado.

Sin embargo, el pterosaurio más grande hasta ahora encontrado es otro: apodado “Drácula”, los restos de este reptil volador de 3,5 metros de altura y una envergadura de 12 metros fueron descubiertos en 2009 en Transilvania, Rumania, y se exhiben hoy en el Museo Altmühltal en Denkendorf, Alemania.

Tesoros frágiles

Si bien convivieron con ellos, los pterosaurios no eran dinosaurios. Más bien, primos lejanos: evolucionaron en una rama separada del árbol de la vida. ¿Cómo habrá sido escuchar aproximarse uno de estos mortíferos animales desde lejos? ¿Cómo habrán sido sus combates, su cotidiana lucha por la supervivencia?

Muchas especies de pterosaurios vivían cerca de océanos y lagos, probablemente a la espera de poder atrapar peces u otros animales marinos mientras se elevaban sobre el agua.

Los pterosaurios más antiguos -como el Eudimorphodon ranzii, el Preondactylus buffarinii o el Dimorphodon macronyx- tenían cuerpos robustos, colas largas y cabezas pequeñas. Mientras que los más cercanos en el tiempo -Istiodactylus latidens, Dsungaripterus weii o Pteranodon longiceps- tenían colas cortas y cuellos, miembros y cabezas largas, así como crestas elaboradas.

Recién ahora los investigadores están conociendo más de cerca a estos animales. Ocurre que después del interés inicial que despertaron, los pterosaurios durante gran parte del siglo XX fueron dejados de lado por los paleontólogos. Por una razón: sus fósiles eran extremadamente raros y difíciles de extraer.
 

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Los fósiles de los ptresaurios son raros y frágiles. Diagrama de los restos fragmenarios de la especie Kryptodrakon progenitor hallada en China | Imagen: George Washington University
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Comparación de tamaño entre Tyrannosaurus rex y el contemporáneo de Quetzalcoatlus northropi | Imagen: Mark Witton

Fue en la década de 1970 que, gracias a nuevas tecnologías, volvió a surgir cierto interés. Aunque las dificultades perduraban. Si bien se han hallado restos de estos animales prácticamente en todos los continentes, el descubrimiento de material bien preservado es algo inusual. A diferencia de los dinosaurios, estos reptiles voladores dejaron solo escasos y fragmentarios fósiles. En especial porque sus huesos eran delgados y huecos. Y por ende, frágiles.

Para crecer tanto y poder volar, los pterosaurios evolucionaron esqueletos increíblemente livianos, con huesos de paredes delgadas como las partes de una bicicleta de carreras de fibra de carbono", explica Nick Longrich, del Centro Milner para la Evolución y el Departamento de Biología y Bioquímica de la Universidad de Bath.

Lamentablemente, encontrar huesos en tres dimensiones de pterosaurios no es común. Por lo general, los fósiles que son hallados en sedimentos de fondos de antiguos lagos y mares son recuperados en forma de lajas o capas de sedimento hecha roca. Se preservan como si estuvieran aplastados entre las hojas de un libro, quedando su impresión en una y otra cara de las capas al abrirse.

Uno de los mejores yacimientos de pterodáctilos se encuentra en Solnhofen, al sur de Alemania, donde hace millones de años había un lago. Debido a la falta de oxígeno en el fondo, las partes blandas no se descompusieron y aún quedan marcas de las finas membranas alares que poseían estos reptiles voladores.

Cementerio de pterosaurios

Por esa razón, cada hallazgo, por minúsculo y fragmentario que sea, se celebra. En la última década, América del Sur se ha vuelto una de las regiones donde se han realizado los descubrimientos más increíbles.

Una de las áreas más ricas es la Cuenca de Araripe -en el límite entre los estados de Ceará, Piauí y Pernambuco, al nordeste de Brasil- de donde proviene la más alta diversidad de pterosaurios de este continente.

Araripe era el fondo de un lago gigantesco pero anóxico, sin oxígeno: todo lo que caía dentro no se destruía ni se descomponía”, cuenta el paleontólogo brasileño Alexander Kellner, quien describió más de 30 especies. Este investigador del Museo Nacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro es uno de los mayores expertos en pterosaurios del mundo.

“Mi interés surgió en buena medida porque me encantaba en los sesenta una serie de dibujos animados llamada 'Los herculoides'. Había dragones y todo aquello me fascinaba", cuenta. “Los pterosaurios derivan de un ancestro común con los dinosaurios y después cada uno siguió su camino evolutivo de manera independiente. Mientras que los dinosaurios dominaron la tierra firme, los pterosaurios se convirtieron en amos de los cielos”.

Entre los tesoros hallados en Brasil están los pterosauios de la subfamilia de los Thalassodrominae ("recorredores del mar"), que tenían crestas enormes: Tapejara wellnhoferi y Thalassodromeus sethi. Y también los Tapejaridae (“seres antiguos”), con crestas menores -como el Caiuajara dobruskii-, que primero aparecieron en este país sudamericano y recién después en China y en otros lugares.

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Tapejara wellnhoferi, pterosaurio hallado en Brasil | Foto: Cortesía

Por haber contribuido a generar la fascinación popular por los dinosaurios, en 1994 Eberhard Frey y David Martill bautizaron Arthurdactylus conandoylei a un género de pterosaurios hallado al noreste de Brasil, en honor a Arthur Conan Doyle.

Las huellas fosilizadas que encontramos nos muestran que algunas especies caminaban por la tierra usando sus patas y dedos con alas”, indica Keller, quien esta semana anunció un nuevo integrante de la familia pterosauria: Keresdrakon vilsonigen ("dragón del espíritu de la muerte").

Encontrado a las afueras de la ciudad de Cruzeiro do Oeste, estado de Paraná, en la región sur del país -conocida también como "cemitério dos pterossauros"- este animal no tenía dientes pero poseía una cresta corta y habría vivido hace 100 millones de años, cuando Brasil era un vasto desierto arenoso.

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Reconstrucción del pterosaurio Caiuajara dobruskii, hallado en Brasil | Imagen: Maurilio Oliveira

La expansión

Si bien se han hallado fragmentos dispersos en Atacama (Chile), Perú, Venezuela y Uruguay, otro sitio en América del Sur que capta la atención es el centro de Argentina, en la provincia de San Luis.

Allí, en las Sierras de Guayaguas, el prócer de la paleontología argentina, José F. Bonaparte, halló en los setentas fósiles de especies como Pterodaustro guinazui, un pterosaurio de pico curvo y centenares de dientes largos, tan finos como agujas, que utilizaba para filtrar organismos pequeños del agua de la laguna.

Y allí también la paleontóloga Laura Codorniú realizó la primera descripción en el mundo de un embrión fosilizado de estos reptiles voladores. “Está casi completo y con la mayoría de los huesos articulados”, cuenta esta investigadora del Departamento de Geología de la Universidad Nacional de San Luis. “Ahora sabemos que los pterosaurios se reproducían poniendo huevos, es decir que eran ovíparos”.

Con la información de más de 200 huevos fosilizados de la especie Hamipterus tianshanensis en China, se piensa que rompían sus huevos listos para caminar, pero no para batir las alas y remontar vuelo.

Esta paleontóloga es protagonista de una expansión: el registro de pterosaurios argentinos en los últimos años aumentó notablemente. “El número de localidades desde la última revisión casi se ha duplicado, llegando a trece lugares donde se han encontrado pterosaurios hasta ahora”, revela esta científica que describió al pequeño Wenupteryx uzi. “Las habilidades de vuelo de estos animales habrían influido en su expansión geográfica, incluidas las regiones del sur de América del Sur, con la posibilidad de dispersión a través de las barreras geográficas. La expansión de los registros de pterosaurios demuestra una notable gran diversidad de estos animales en Argentina”.

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Reconstrucción de Hamipterus tianshanensis | Imagen: Chuang Zhao

Así, en en la Patagonia, el equipo del paleontólogo Fernando Novas encontró en 2010 los restos del Aerotitan sudamericanus, de más de 6 metros de envergadura, un pico de 70 centímetros y que vivió hace más de 66 millones de años. En la provincia de Neuquén, Jorge Calvo halló los fósiles del Argentinadraco barrealensis (o “dragón argentino”) y en la provincia de Chubut Diego Pol y Codorniú dieron con la especie Allkaruen koi, que significa en tehuelche “cerebro antiguo de la laguna” de 170 millones de años.

La gran sorpresa, sin embargo, se encontró en la provincia de Mendoza. Allí el paleontólogo Leonardo Ortiz David descubrió el húmero del que parece haber sido el pterosaurio más grande de Sudamérica. “Podemos estimar una envergadura de 9,1 metros -describe el investigador de la Universidad Nacional de Cuyo en el paper-. Esta estimación permite incluir al 'Pterosaurio de Padrillo' en el grupo de los pterosaurios verdaderamente gigantes”.

Hace unos 66 millones de años, al mismo tiempo que Tyrannosaurus rex y otros dinosaurios grandes se extinguieron en distintas partes del planeta, los pterosaurios también desaparecieron. En su caso, sin embargo, no dejaron descendientes. Pero sí muchos misterios que recién ahora se empiezan a resolver.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.