Fuera mitos

¿Qué dice tu firma de ti?: Grafología una mentira de la A a la Z

Luis Javier Plata Rosas 13 / Mar / 19
Durante décadas se ha buscado evidencia del poder de análisis e interpretación de la personalidad de esta técnica. Esto es lo que sabe la ciencia

La grafología es una pseudociencia que analiza la personalidad de los sujetos a partir de la escritura”, nos informa desde la primera línea uno de los sitios en internet en el que, una vez que decidimos hacer caso omiso de esta advertencia, podemos aceptar sin necesidad de prueba alguna (¿cómo explicar, si no, que seguimos ahí después de una advertencia tan directa y oportuna?) y confiando en el grafólogo en turno, que “las letras puntiagudas denotan una mayor agresividad”, que “las t’s con cruces cortas pueden indicar pereza o falta de determinación”, o que “poner el punto final de la firma puede indicar una tendencia a la negatividad o a la desconfianza”. 

Averiguar tan sólo a partir de su letra si alguien tiene “poca autoconfianza” (letra pequeña), “no le gusta sentirse agobiado” (escribe con mucho espacio) o “no se deja llevar por sus emociones al tomar decisiones” sería invaluable, por ejemplo, en la selección de personal, y por ello, sin importar lo que la ciencia tenga que decir al respecto, entre 1983 y 1991 un 52% de los métodos de contratación empleados por empresas en Francia incluyó alguna evaluación grafológica.  

Los puntos sobre las íes

Una lista de supermercado, una firma en un cheque o una plana de “Merezco la abundancia” serían suficientes para que un grafólogo pusiera los puntos sobre las íes y nos dijera que, por ejemplo, la esposa del exgóber veracruzano “es una persona egoísta, egocéntrica y con tendencias narcisistas”; que en este caso a cualquiera de nosotros —grafólogo incluido— nos baste con leer las noticias sobre ella para concluir lo mismo, por desgracia, no nos permite en este caso concluir nada sobre la eficacia del grafoanálisis.

Pero el escepticismo sobre la validez científica de la grafología se remonta mucho tiempo atrás, y va mucho más allá de la farándula política de hoy, como atestigua “La psicología de la escritura a mano”, un artículo del grafólogo Robert Saudek leído el 21 de octubre de 1926 durante una reunión de la Sociedad Británica de Psicología. “El término fue inventado […] por un francés, Jean Hippolyte Michon” [en 1871], señala Saudek y, más adelante, advierte: “... aun entonces la grafología era aún una pseudociencia, que se convirtió en una ciencia verdadera sólo muy lentamente…”. 

Si descartamos los varios siglos en los que no ha faltado quienes intentan descifrar cómo es una persona, no por lo que escribe, sino únicamente con base en cómo lo escribe —y, precisando más, por la características de su letra—, y si sólo contamos a partir del año de la ponencia de Saudek sobre el tema ante una pequeña, pero representativa, muestra de quienes son los responsables del estudio científico de la personalidad, tenemos que un centenar de años (o casi, 93) no han bastado para que la grafología demuestre que es inmerecido que la enviemos al mismo rincón pseudocientífico en el que se (y nos) entretienen astrólogos, frenólogos y quirománticos.
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La grafología es una pseudociencia que analiza la personalidad de los sujetos a partir de la escritura | Foto: Especial

Ni grafólogos ni chimpancés

Desde mediados del siglo pasado, cada cierto tiempo algún psicólogo despreocupado por hacer ciencia de frontera o ciencia pertinente, comete la —desde la perspectiva de los grafólogos— impertinencia de proponer alguna metodología que permita validar o refutar si el análisis de la escritura a mano sirve al menos para predecir la personalidad, como aseguran sus practicantes. 

La conclusión sobre grafología y personalidad en los años cincuenta fue que la falta de evidencia independiente hacía que su validez dependiera únicamente de la autoridad del grafólogo. Entre 1970 y 1990 la conclusión de varios estudios fue que no había evidencia de su validez, que el uso de signos grafológicos que, supuestamente, indicaban extraversión, no habían permitido hacerlo, y que los resultados alcanzados por grafólogos profesionales eran inferiores a los que lograría un grupo de chimpancés (dicho esto sin ánimos de ofender ni a grafólogos ni a chimpancés pero, en otras palabras, los diagnósticos de los primeros no fueron mejores que los obtenidos por pura suerte, al azar). Además, otros estudios mostraron que con frecuencia diferentes grafólogos llegaban a diferentes diagnósticos al evaluar las mismas muestras de escritura.

La escritura como biomarcador

A mediados de los noventa una revisión de los estudios más recientes (para esas fechas) concluyó que “la técnica no ha demostrado una validez aceptable” (traducción: no sirve). Y en 2009 los psicólogos Carla Dazzi y Luigi Pedrabissi aprovecharon el éxito que desde 1993 (fecha en que fue propuesto) ha tenido el Modelo de los Cinco Grandes factores que definen la personalidad humana (también en otras especies, dicho esto en rigor, puede hablarse de personalidad) para validar los resultados de grafólogos expertos. ¿Conclusiones? 1) “Por decir lo menos, los métodos actuales de análisis de la escritura no son comparables a las mediciones de la personalidad usadas comúnmente por los psicólogos”; 2) Hoy, hoy, hoy, tenemos que la grafología NO SIRVE para determinar los rasgos de personalidad. Que en siglo y medio no se haya encontrado evidencia suficiente para afirmar lo contrario no quiere decir, por supuesto, que en otro siglo y medio no pueda hallarse… aunque es extremadamente dudoso.

La buena noticia para quienes están convencidos de que algo, ya que no la personalidad, debe revelar nuestra escritura sobre cada uno de nosotros es que, así como desde hace décadas la grafología forense se emplea para determinar si una firma o alguna otra muestra manuscrita pertenece a un individuo en particular y la paleografía permite determinar la autoría de algún escrito histórico, en años recientes psiquiatras y neurólogos han sugerido que, dado que existe una relación entre la actividad cerebral y la escritura de una persona, la segunda podría servir como un biomarcador —un indicador biológico, como la saliva o la sangre— de la primera.

De ser correcta esta hipótesis, con el análisis de la escritura se podría diagnosticar de manera objetiva, sencilla y económica padecimientos que, de otra forma, requieren evaluaciones psicológicas, análisis clínicos, intervención de especialistas y, en comparación, una mucho mayor inversión de tiempo y dinero.

Grafoanálisis como herramienta

Un estudio exploratorio de 2017 indica que esto podría ocurrir en lo que se refiere al deterioro cognitivo leve (DCL, estado intermedio entre la demencia y el deterioro cognitivo esperado por y debido al envejecimiento). Como alrededor de un 75% de los casos moderados y severos de DCL no son diagnosticados —lo que retrasa su tratamiento e incrementa los costos de atención médica—, un análisis de la escritura del paciente sería de gran ayuda si permite reconocer su presencia.

En el estudio, pacientes con este deterioro pudieron ser identificados a partir de características estáticas (letras notablemente más grandes, sobre todo al escribir con mayúsculas compactas) y dinámicas (mayor tiempo para completar un simple trazo y pausas de tiempo más largas entre cada trazo) de su escritura, al compararlos con individuos no aquejados por DCL.

Otro estudio de 2013 mostró que el grafoanálisis (por llamarlo de una forma que lo distinga de la grafología como pseudociencia) podría ser una herramienta igualmente útil para diagnosticar diferentes etapas de pacientes con Parkinson, dado que una manifestación bien reconocida de esta enfermedad es la escritura anormal —y, especialmente característica en ella, letra pequeña o micrografía—, incluso años antes de que el diagnóstico clínico la confirme. Como con el DCL, los investigadores determinaron que rasgos estáticos y dinámicos de la escritura permitían identificar correctamente a un 97.5% de los participantes en el estudio como enfermos de Parkinson. 

Anticipándonos a que algún grafólogo interprete como favorables para su disciplina estos últimos estudios, hay que escribir, letra por letra, que el análisis de la escritura propuesto en ellos tiene tanto que ver con la grafología de “las o’s abiertas indican una personalidad que no sigue sus instintos” como la astrología con la astronomía moderna.
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Imagen ilustrativa de un grafoanálisis | Foto: Especial

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).