Sociedad

¿Qué tan cerca estamos de “curar” el VIH?

Federico Kukso 08 / Mar / 19
El anuncio de esta semana del segundo caso en el mundo de remisión del VIH —el "Paciente de Londres"— generó grandes expectativas de erradicar la epidemia del sida. Pero los médicos apelan a la prudencia

Revistas, diarios y otras figuras oportunistas son, por lo general, bastante exagerados a la hora de proclamar el fin de toda clase de enfermedades. En 1998, el biólogo James Watson le dijo a The New York Times que llegaría una cura para el cáncer en el 2000. Newsweek y Time, una o dos veces al año, llenan sus portadas con promesas grandilocuentes —que recuerdan a la moraleja del pastor y el lobo— sobre nuevos tratamientos para erradicar esta enfermedad que en verdad no es una sino muchas.

Cada instancia despierta esperanzas para los pacientes y sus familiares, desesperados por hallar una solución, sin importar el riesgo o el costo.

Esta semana, un consorcio internacional informó en un artículo publicado la revista científica Nature el caso de un hombre seropositivo al que, luego de ser sometido a un trasplante de médula para curarle una leucemia, se le retiró el tratamiento antirretrovirales y lleva 18 meses sin signos de regreso del VIH. A esta persona no identificada lo llaman el “Paciente de Londres" y sería el segundo adulto conocido en el mundo en el que se habría eliminado el virus del sida.

"Es muy temprano para decir que está curado", advirtió con prudencia el virólogo Ravindra Gupta del proyecto colaborativo IciStem y autor principal del trabajo. Pero varios medios y sitios web no le hicieron caso. En lugar de hablar de “remisión” del VIH —un término mucho más cauto y utilizado por los especialistas—, tal vez por negligencia o para pescar más clics, promocionaron esta hazaña hablando lisa y llanamente de "curación". 

Un avance a saltos (y golpes)
Desde que se informaron los primeros casos de lo que se conocería como sida en junio de 1981, más de 75 millones de personas en todo el mundo se han infectado con el VIH. Hoy en día, casi 37 millones de personas viven con este virus.

Se cree que el VIH se originó en la década de 1920 en Leopoldville, la capital de la colonia belga del Congo, cuando el virus pasó de los monos a los humanos y se propagó a través de la prostitución.

 

Timothy Ray Brown  se había librado de la leucemia y también del VIH. "No quiero ser la única persona en el mundo curada del VIH", dijo entonces Brown,
Foto:EFE

La cantidad de personas que se infectaron a principios del siglo XX es desconocida. Los primeros informes llegaron a fines de los años 70 y principios de los 80, cuando los grupos de hombres homosexuales comenzaron a reportar una infección pulmonar rara y un cáncer inusualmente agresivo. De ahí que uno de los primeros (e incorrectos) nombres que se le puso a esta infección fue GRIDD (o Gay Related Immune Defense Disorder). Impulsada por la ignorancia, la histeria caló hondo y el sida fue apodado la "plaga gay".

La década de 1990 vio una serie de avances científicos, incluidos los primeros ensayos de una vacuna contra el VIH. Pero lo que realmente revolucionó el campo fue la introducción en 1996 de fármacos antirretrovirales para tratar la infección. Estos medicamentos evitan que el VIH, una vez en el organismo, se replique, ayudando a las personas seropositivas a vivir una vida más larga y sana. 

Este tratamiento diario es tan efectivo que hoy en día una persona que vive con el VIH tiene casi la misma esperanza de vida que una persona sin la infección del VIH. "Indetectable = intransmisible" es el mensaje de una nueva publicación de la organización ONUSIDA, realizada a partir de evidencias contundentes de que las personas que viven con el VIH con una carga viral indetectable no pueden transmitir el VIH mediante el intercambio sexual.

México, por ejemplo, cuenta desde 2003 con una política nacional sobre el tratamiento del VIH que brinda acceso universal a la terapia antirretroviral a través del sistema nacional de salud, lo que han permitido una disminución de la mortalidad. Desde 2010, las nuevas infecciones por VIH en el país han disminuido en un 22 por ciento.

El club más elitista del mundo
En 2008, durante una conferencia realizada en Boston, Estado Unidos, se dio a conocer una de las esperanzadas más fuertes para erradicar esta pandemia: el "Paciente de Berlín".
Mientras vivía en la capital alemana en 1995, un hombre caucásico fue diagnosticado con VIH. Durante diez años, este publicista fue tratado con medicamentos antirretrovirales. En 2007 le diagnosticaron leucemia, un tipo de cáncer que implica la proliferación descontrolada de glóbulos blancos, las células encargadas de proteger el organismo. Luego de que la quimioterapia fracasara, el médico Gero Hütter lo sometió a un tratamiento agresivo de trasplante de células madre provenientes de un donante anónimo que portaba una rara mutación genética que protege contra el VIH.

La sorpresa vino después: con un sistema inmune renovado, Timothy Ray Brown —quien reveló su identidad en 2010— se había librado de la leucemia y también del VIH. "No quiero ser la única persona en el mundo curada del VIH", dijo entonces Brown, que desde entonces permanece libre de la enfermedad. "Quiero que otros pacientes se unan a mi club".
 

Alt
Imagen ilustrativa

El arte de vender
Desde entonces, los científicos han buscado replicar el tratamiento que curó al "Paciente de Berlín" del VIH sin mucho éxito. A muchos medios no les importó: no hay año en el que alguna publicación no exagere al titular con imprudencia "el fin del sida" o la aparición de algún tipo de cura. 

En noviembre de 2013, un bebé nacido de una madre VIH positiva recibió tratamiento cuatro horas después del nacimiento y nueve meses después se declaró curado funcionalmente. Se lo conoció como "el bebé de Mississippi".

Para entonces, el Daily Telegraph del Reino Unido anunció: "La cura para el VIH posible dentro de tres años".

Sin embargo, después de dos años sin terapia de antiretrovirales y de no tener ninguna prueba del virus, el niño presentó niveles perceptibles de VIH. Desenlaces similares tuvieron otros intentos fallidos como los del "Paciente de Barcelona", los "Pacientes de Boston", el "Paciente Essen", entre otros.

En otros casos, los titulares exagerados tuvieron como punto de origen operaciones de prensa. El año pasado un comunicado de engañoso de la compañía de biotecnología israelí Zion Medical sobre un nuevo medicamento llamado Gammora se replicó desde Uganda al resto del mundo desperdigando falsas esperanzas. "Nuevo medicamento cura el VIH/sida", tituló el diario ugandés Daily Monitor. Los resultados de los ensayos clínicos de este fármaco no fueron publicados en una revista revisada por pares ni presentado en una conferencia científica.
Los titulares son por su propia naturaleza reduccionistas, no solo debido a las limitaciones de espacio sino en especial debido al esfuerzos de editores por atraer a los lectores en un océano de estímulos y distracciones. El arte de vender aniquila cualquier cautela.

Ya en 1997, el periodista Jon Cohen, autor de Shots in the Dark: The Wayward Search for an AIDS Vaccine, observó que esta hipérbole propia de la cobertura mediática tenía implicaciones potencialmente graves: por ejemplo, la pérdida de la fe pública en la ciencia médica. "La cobertura a menudo crea la falsa impresión de que el sida ahora está casi curado, lo que ha llevado a una complacencia generalizada y, en última instancia, podría dar lugar a una reacción pública contra la ciencia", indica Kristen Alley Swain, profesora de la School of Journalism and New Media en la Universidad de Mississippi. 

Murallas contra el virus
Toda nueva investigación y hazaña biomédica debe ser recibida en un un delicado equilibrio entre optimismo y cautela.

Con respecto al "Paciente de Londres", el investigador español Javier Martínez-Picado, integrante del consorcio internacional IciStem, advierte también: "No queremos hablar de curación".
La persona en tratamiento —que pidió que no se revele su nombre, edad o nacionalidad—era portador del VIH desde 2003 y en 2012 se le detectó un linfoma de Hodgkin por lo que se sometió a un trasplante de células madre en 2016. Las células del donante tenían una mutación, llamada "CCR5 Delta 32", que impide la entrada del virus a las células. 

Los científicos creen que esta mutación genética ha sido heredada de ancestros que sobrevivieron a los brotes masivos de peste bubónica en Europa hace siglos.

Al día de hoy, 18 meses después, el virus permanece indetectable en su sangre. Algo así no se veía desde el "Paciente de Berlín". Pero, aunque notable, no es una prueba contundente de que el VIH se mantendrá en remisión.

Además, los médicos advierten que por ahora este tipo de trasplante es un procedimiento de alto riesgo. Según informó The New York Times, solo 38 personas en el mundo lo han recibido. El "Paciente de Londres" fue el número 36. 

Después de casi 40 años de investigación sobre el VIH, el optimismo, sin embargo, no es injustificado. Algunos científicos se entusiasman ante las posibilidades y promesas de la edición genética.

Pero lo cierto es que dos potente herramientas contra la diseminación de la enfermedad ya están disponibles. Uno de los grandes avances en los últimos años ha sido la profilaxis previa a la exposición (PrEP): una píldora que, cuando se toma a diario por personas en grupos de alto riesgo, puede reducir el riesgo de infección con el VIH hasta en un 86 por ciento. “La pastilla anti-VIH es una cuestión de derechos humanos”, advierte el infectólogo francés Jean-Michel Molina.

La otra gran muralla contra el VIH es mucho más simple y capaz de caber en un bolsillo: el preservativo que, además de prevenir enfermedades venéreas como la gonorrea, clamidia y sífilis, salva vidas.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.