Fuera mitos

¿Qué tiene que ver las tortugas ninja y el desarrollo sostenible?

Luis Javier Plata Rosas 02 / Nov / 18
Aparentemente se trata de un programa televisivo más, pero un par de investigadores se dio cuenta que, en los profundo de sus entrañas, la kilométrica saga protagonizada por Leonardo, Donatello, Rafael y Miguel Ángel aborda el dilema de la generación de energía sostenible para el futuro de la humanidad

l 2 de noviembre de 1996 se transmitió al aire, por última vez y en el canal que la vio nacer, el episodio final de la serie original que hizo famosos a Leonardo, Donatello, Rafael y Miguel Ángel; claro está que no a los pintores renacentistas, quienes no podrían serlo más, sino a cuatro adolescentes convertidos en mutantes humanoides por culpa del misterioso ooze, en ninjas gracias a la rata de su maestro Splinter y en devoradores de pizzas por voluntad propia.

Si cada uno de los 193 episodios que constituyeron las 10 temporadas televisivas de Las tortugas ninja (1987-1996) hubiesen tratado únicamente de exhibiciones de artes marciales y de la destreza en el manejo de armas como la katana y los sai en repetitivas peleas de sus protagonistas contra Destructor, Krang y sus esbirros, el programa no habría llamado la atención de Matús Misík, experto en seguridad energética de la Unión Europea, y de Nada Kujundzic, estudioso de la narrativa para niños[1].

A diferencia de aquellos padres y maestros que lo único que vieron fue una caricatura más que añadir a la lista de series infantiles violentas a evitar o, peor aún, simples comerciales creados para vender juguetes y chucherías a carretadas (si bien tienen razón en que esta caricatura, como muchas otras, fue encargada con este propósito principal en mente), Misík y Kujundzic notaron que un tema central en la caricatura era, sí, la lucha entre los malos que desean conquistar al mundo (en este caso, para destruirlo más que para gobernarlo) y los buenos que tratan de impedirlo, pero con un ingrediente diferente: para vencer, los villanos de Las tortugas ninja necesitan una fuente de energía y se pasan una década entera buscándola para así alimentar a ese plagio alienígena de la Estrella de la Muerte conocido como el Tecnódromo que, si funcionara, abriría un portal para teletransportar a la Tierra de inmediato a la temible Dimensión X.

Siendo puro cerebro, es inexplicable porqué si Krang pudo crear una máquina bélica con tecnología supuestamente mucho más avanzada que la humana, no usó energías sustentables como la solar para no tener que lidiar con las tortugas a la hora de recargarlo. El hecho es que buena parte de las diez temporadas el Tecnódromo aparece arrumbado y sin carga en algún rincón del planeta, desde el Polo Norte hasta el fondo del océano y, por si no fuera suficiente, cerca del centro de la Tierra.

Tecnódromo o no, Misik y Kujundzic señalan también que la energía en alguna de sus formas es central en el guión formulaico de la mayoría de los episodios, ya sea solar, hidráulica, nuclear, geotérmica o, inclusive, como imaginaria energía psicocinética generada por extraterrestres.
 

Los episodios de Las tortugas ninja ejemplifican cómo la dependencia excesiva de villanos como Destructor y Krang en abundantes cantidades de energía para poner en funcionamiento una máquina tan poco eficiente como el Tecnódromo ¿por qué en diez años no se les ocurrió un plan B para conquistar al mundo, igual de malévolo, pero que no necesitara este aparato?
Foto: Especial

Las fuentes energéticas con que tienen que lidiar las tortugas pueden ser cristales, isótopos o baterías de diamante. Destructor y Krang intentan robar diferentes dispositivos que convierten materia en energía o viceversa con nombres tan imaginarios como imaginativos, como la Unidad Alienígena de Conversión de Energía, el Acumulador de Energía, la Aspiradora de Energía, el Generador de Energía Sólida y hasta un reactor de fusión, descrito como “la fuente más asombrosa de energía en el mundo” (la construcción de este último en verdad está en fase experimental).

Por si no fuera suficiente, aunque hacen honor al adjetivo “mutante” a la hora de crear villanos humanoides como el jabalí Bebop y el rinoceronte Rocksteady, los escritores de Las tortugas ninja se inspiraron en electrizantes formas de energía para crear a Electrozapper -cuyo escondite es una central eléctrica y que intenta drenar la energía de las tortugas para recargarse-, Tempestra -quien en un episodio necesitaba con urgencia una planta nuclear para poder recargarse-, Megavolt -quien entrena a un grupo de ninjas para que roben fuentes de energía para recargarlo al máximo- y Synapse -un mutante hecho de “pura energía”, que puede controlar cualquier máquina eléctrica-.

Lo más extraño de todo esto es que la década de los 80 no se caracterizó por alguna crisis energética que provocara lo que raya en la obsesión por parte de los creadores de la caricatura.
Misik y Kujundzic enfatizan que en la serie original de Las tortugas ninja el tema principal no es la disponibilidad inmediata de energía, ni su uso a corto plazo, sino su disponibilidad futura y su uso a largo plazo. Dicho de otra forma y sin que nunca se diga explícitamente: desarrollo sostenible, cuya definición formal apareció precisamente el mismo año en que inició la primera temporada de la caricatura, 1987, y que ahora todo estudioso en esta área recita como mantra: “satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las posibilidades de las generaciones del futuro para atender sus propias necesidades”, de acuerdo con el catecismo conocido como Informe Brundtland.

Una gran diferencia es que, sin que los niños tengan que recitar como credo “Los tres pilares del desarrollo sostenible son el económico, el social y el ambiental” sin entender bien a bien sus implicaciones, los episodios de Las tortugas ninja ejemplifican cómo la dependencia excesiva de villanos como Destructor y Krang en abundantes cantidades de energía para poner en funcionamiento una máquina tan poco eficiente como el Tecnódromo (¿por qué en diez años no se les ocurrió un plan B para conquistar al mundo, igual de malévolo, pero que no necesitara este aparato? ¿Por qué en vez de robar energía no construyeron su propia planta nuclear con ayuda de sus soldados del Clan del Pie?) es, además de su palpable estupidez, la razón detrás de su fracaso.

Peor todavía, de haber conseguido finalmente que el Tecnódromo funcionara, Misík y Kujundzic concluyen que estaríamos en presencia de un uso insostenible de la energía: al pasar la Tierra por el portal a la Dimensión X, el daño ambiental sería irreversible, sería imposible mantener trabajando al Tecnódromo y el éxito de Destructor y Krang sería sólo temporal.
En síntesis: que otros supervillanos se jacten de querer dominar, exterminar o vengarse de la humanidad, los supervillanos de Las tortugas ninja se conformarían con apoderarse de alguna fuente de energía sustentable e inagotable. ¡Cowabunga!
 

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Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Kujundzic, N. y M. Misík, 2018, Powering up the Technodrome: Energy sustainability in the 1987 Teenage Mutant Ninja Turtles, The Journal of Popular Culture, 51(3), 575-594.