Sociedad

¿Quién no ganó el premio Nobel de Física?

Gerardo Herrera Corral 08 / Oct / 18
Gerardo Herrera Corral
Nació en Delicias, Chihuahua, el 2 de enero de 1963. Realizó la licenciatura en Ingeniería Física en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey en 1984, la Maestría en Ciencias en el Departamento de Física del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional en 1987 y el Doctorado en la Universidad de Dortmund, Alemania en 1991.
Hace una semana se anunció la lista de científicos que recibirán el premio Nobel en diciembre. En estos días todo mundo habla del trabajo que los ha hecho merecedores al galardón. De lo que nadie habla es de quién no lo ganó.

El próximo 10 de diciembre se entregará el Premio Nobel de Física al estadounidense Arthur Ashkin – quien con 96 años es la persona de mayor edad en recibirlo –. Lo hace merecedor de la distinción el desarrollo de trampas de luz con las que se puede confinar pequeñas estructuras y mantenerlas suspendidas en un haz luminoso. Además de él lo recibirán el francés Gerard Mourou y la canadiense Donna Strickland quienes desarrollaron una técnica para producir pulsos de luz laser muy cortos y muy intensos. Estos pulsos han encontrado gran cantidad de aplicaciones que van desde la cirugía oftálmica, hasta la manipulación molecular y las aplicaciones industriales.

Pero ¿Quién no ganó el premio Nobel de Física?
El año pasado el Premio Nobel de Física fue otorgado a Barry Barish, Rainer Weiss y Kip Thorne por su contribución al diseño y construcción del detector LIGO que condujo a la detección de ondas gravitacionales. No lo recibieron cientos de científicos que también hicieron posible el descubrimiento con un trabajo colectivo en el que se generaron ideas grandiosas. Los estatutos de la fundación Nobel establecen que el reconocimiento se entrega a no más de tres personas, aun cuando el logro puede ser de muchos. La pretensión de que una persona tiene la idea y los demás trabajan para él es tan falsa como petulante. El conocimiento se construye en una dinámica de sinergia y a menudo las grandes ideas pierden autoría en su naturaleza colectiva.

Lo mismo ocurrió en 2015 cuando se reconoció el descubrimiento de oscilación de neutrinos. El carácter colaborativo de la ciencia no solo se refleja en el trabajo de estos grandes grupos, es de por sí, una característica inevitable del quehacer científico. Bien lo dijo el médico y fisiólogo francés, Claude Bernard, “El arte soy yo, la ciencia somos nosotros”.

Dejar fuera a buena parte de los que trabajaron en el descubrimiento no es la única forma en que la premiación se queda corta, también lo hace al ignorar la historia. En 2014 se otorgó el Premio Nobel a Isamu Akasaki, Hiroshi Amano y a Shuji Nakamura por el desarrollo del LED (Light Emitting Diode) que hoy vemos por todas partes en lámparas frías que consumen menos energía eléctrica que las convencionales, pero no se otorgó a los que durante décadas hicieron un trabajo incremental en su desarrollo, ni a los pioneros como Oleg Losev o Nick Holonyak.

El descubrimiento del bosón de Higgs en los experimentos del Gran Colisionador de Hadrones en 2012 llevó al comité Nobel a otorgar el Premio a Peter Higgs y Francois Englert. No se reconoció a los físicos experimentales que hicieron el descubrimiento ni a los físicos teóricos que de manera simultánea plantearon las mismas ideas en trabajos parecidos.

El estadounidense Arthur Ashkin, quien con 96 años es la persona de mayor edad en recibirlo, fue merecedor de esta distinción por el desarrollo de trampas de luz con las que se puede confinar pequeñas estructuras y mantenerlas suspendidas en un haz luminoso
Foto: Reuters

En 2011 se otorgó el premio Nobel a Saul Perlmutter, Brian Schmidt y Adam Riess porque sus observaciones develaron la expansión acelerada del Universo, pero no lo recibió el chileno Mario Hamuy que encontró la manera de medirlo. En 2006 recibieron el premio Nobel John Mather and George Smoot por su liderazgo en el proyecto COBE que descifró la naturaleza de la radiación cósmica de fondo y en esa ocasión se ignoró por completo al proyecto soviético Prognoz 9 enviado en 1983 con el mismo objetivo. Se olvidó así la presentación de resultados similares por parte de Andrei Brukhanov en 1992.

Cuando Steven Chu, Claude Cohen Tannoudji y William Phillips recibieron el premio Nobel en 1997 por el desarrollo de técnicas de enfriamiento y trampas de iones con luz, científicos rusos reclamaron la prioridad diciendo que ellos habían desarrollado las técnicas con más de una década de antelación.

Un clásico de las controversias es el premio Nobel de 1983 cuando se reconoció la labor de William Fowler en la comprensión teórica y experimental de la formación de los elementos en el Universo dejando a Fred Hoyle de lado. Sobre este entuerto mucha gente se expresó abiertamente y todavía se dice que la Academia de Ciencias Sueca trató de enmendar posteriormente con el premio Crafoord en 1997 para Fred Hoyle y Edwin Salpeter.

La observación accidental de la radiación cósmica de fondo le valió el premio Nobel a Arno Penzias y Robert Wilson en 1978 pero los que dilucidaron la naturaleza del ruido que estos observaron en su antena no fueron reconocidos. En particular Ralph Alpher quien había previsto la existencia de esta radiación en 1948, pasó desapercibido.

Cuando en 1969 se otorgó el premio Nobel a Murray Gell Mann por su contribución en los estudios de clasificación de las partículas elementales que llevarían a postular la existencia de los quarks llamó la atención que no se considerase a George Zweig entonces estudiante, quien de manera independiente propuso la existencia de “aces” equivalente de “quarks”. La publicación de sus ideas no estaba en una revista formal sino en un pre-print, - manuscrito previo a una publicación -, del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN). También se comenta de la publicación independiente por parte del físico israelí Yuval Neeman sobre la clasificación similar a la de Murray Gell Mann, quien tampoco fue tomado en cuenta para el premio de ese año. El premio Nobel de 1959 en que se reconoció a los inventores del transistor dejó de lado una larga lista de patentes que lo precedieron.

En 1950 se otorgó el premio Nobel al inglés Cecil Powell por la invención del método fotográfico para el estudio de reacciones nucleares y el subsecuente descubrimiento del mesón más ligero hoy llamado pion. Sin embargo, el físico brasileño Cesar Lattes investigador principal y primer autor del artículo de la revista Nature donde se anunciaba el descubrimiento, fue ignorado por el comité. Cesar Lattes no solo mejoró las películas de emulsión que hicieron posible la observación, el mismo las expuso para hacer el descubrimiento. Posteriormente trabajó con Eugene Gardner en Estados Unidos para verificar, con un acelerador de partículas, la existencia del pion. Estos son solo algunos ejemplos de las erratas Nobel. La historia es larga, polémica, embarazosa, inconveniente y abstrusa cuando de méritos se trata.
 

Un clásico de las controversias es el premio Nobel de 1983 cuando se reconoció la labor de William Fowler en la comprensión teórica y experimental de la formación de los elementos en el Universo dejando a Fred Hoyle de lado.
Foto: Fred Hoyle / Especial

Pero: ¿Quién no ganó el premio Nobel en 2018?

No lo ganó el descubrimiento experimental del gluon, la partícula que media la interacción fuerte y de la que ya se tiene mucha evidencia experimental y teórica. Fue observada por primera vez a finales de la década de los años 70 y comienzos de los 80 en un acelerador que hacía colisionar electrones contra positrones en el laboratorio DESY de Alemania. La evidencia experimental, como en el caso de muchas que vienen de la física con aceleradores, involucra detectores construidos por mucha gente, pero si seguimos la lógica del comité Nobel que busca liderazgos, los receptores del premio serían Sau Lan Wu, quien además participó en otros importantes hallazgos y sigue activa en experimentos de CERN. Esta gran mujer estuvo acompañada en el descubrimiento del gluon por Paul Söding, Günter Wolf y B. Wiik (qepd).

Este año, tampoco ganó el premio Nobel, Roberto Marshak ni George Sudarshan, - este último ya no lo recibirá más porque murió hace unos meses -. Ellos contribuyeron de manera fundamental en la construcción del modelo del mundo microscópico que actualmente tenemos.

Tampoco lo recibieron los cientos de científicos que descubrieron el quark “top” en 1995. Este es el más pesado de los quarks que componen todo lo que vemos a nuestro derredor.

En 2018 no recibió el premio Nobel Sandra Moore Faber norteamericana que ha estudiado la formación y evolución de las Galaxias, que participó en la construcción de observatorios, hizo importantes contribuciones al telescopio Hubble y descubrió la relación Faber-Jackson. La relación que lleva su nombre es una ley de movimiento de las galaxias que permite determinar la distancia a la que se encuentran.

Como ellos, muchos otros no obtuvieron el premio Nobel de Física en 2018.

El Premio Nobel se instituyó hace más de 120 años. Desde entonces, la manera de generar conocimiento ha cambiado. La participación de las mujeres creció y la cooperación, la comunicación y el intercambio de ideas se hizo más complejo. Quizá por eso los estatutos iniciales con los que el Comité juzga las nominaciones han comenzado a perder vigencia.
 

Autor: Gerardo Herrera Corral
Es profesor titular del Departamento de Física del Centro de Investigación y De Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV). Es líder del trabajo de los científicos mexicanos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC) del Centro Europeo de Investigaciones Nucleares (CERN). Es autor de los libros "El Universo, la historia más grande jamás contada" y "El azaroso arte del engaño", entre otros.