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¿Quién y por qué está aniquilando a los delfines rosas del Amazonas?

Federico Kukso 01 / Feb / 19
De continuar la tendencia actual, para el 2060 habrán desaparecido estas criaturas consideradas mágicas por las comunidades indígenas y, sin duda, uno de los más bellos mamíferos que existen

Hace 15 millones de años, una familia fue separada a la fuerza. A las madres les arrancaron a sus hijos, hermanos tomaron caminos separados. Por entonces, en lo que hoy es Sudamérica, el nivel del mar era más alto y extensas regiones, incluida la Amazonía, se encontraban inundadas. Cuando aquel mar interior finalmente emprendió la retirada, se produjo una gran fractura: según análisis de ADN realizados por la bióloga estadounidense Healy Hamilton, los delfines que permanecieron en la cuenca fluvial evolucionaron en su aislamiento hasta convertirse en lo que hoy son los delfines rosados de agua dulce (Inia geoffrensis), adoptando características propias y distintas de sus ancestros, de los que derivan los delfines marinos modernos más conocidos.

Conocidos en Brasil como botos vermelhos, son una de las especies animales más enigmáticas: se desconoce el tamaño verdadero de su población y existen pocos estudios referidos a su ecología, comportamiento, estructura social y biología.

Los delfines rosados hoy habitan ríos como el Orinoco en Colombia y Venezuela, así como del Amazonas, en Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Guyana y Bolivia. El Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que actualmente hay entre 20.000 y 50.000 ejemplares de delfines en la Amazonía, si bien considera que estos datos son poco fiables pues todavía existen muchas áreas inexploradas en la región.

Su rasgo distintivo es el color. Hasta el momento no hay una explicación consensuada sobre por qué son rosados, si bien los hay de color gris o café claro: están los que dicen que es una adaptación para camuflarse entre los sedimentos de los ríos. Otros aseguran que se debe a la abundante presencia de capilares sanguíneos en la superficie de su piel, tejido cicatrizado resultado de las peleas que suelen sostener los machos.

Lo que sí se sabe es que el color cambia con la edad. “Los individuos más jóvenes son grises y se vuelven más rosados a medida que envejecen —señala Vanessa Mintzer de la Universidad de Florida—. Por lo general, los machos adultos son los más rosados”.

Espíritus del Río
A diferencia de sus primos marinos, los botos tienen una mandíbula fuerte con dientes puntiagudos y el hocico muy largo con los que rastrillan el fondo de las oscuras aguas cargadas de sedimentos o entre las raíces de los árboles en busca de peces, cangrejos y tortugas pequeñas.

 Allí deslizan entre las ramas y ondulan como serpientes alrededor de los troncos. Arquean sus cuerpos color rosa chicle mientras se desplazan a tientas: la mayoría son casi ciegos, rasgo que compensan al emitir ultrasonidos a modo de sonar para producir una ecografía tridimensional de su mundo tenebroso. Emite una serie de “clics” también para comunicarse entre sí.

 

Hace 15 millones de años los delfines rosados de río se separaron de sus primos evolutivos, los delfines marinos más conocidos. Hoy estos animales conocidos en Brasil como botos vermelhos son salvajemente cazados como carnada
Foto: EFE

El boto es el ejemplar más grande de las cinco especies de delfines de agua dulce. Las otras viven en el Ganges (India), en el Indo (Pakistán), en el Yangtse (China) y en el Río de la Plata (entre Argentina y Uruguay).

 Los machos de esta especie llegan a medir hasta 2,55 metros y pesar hasta 207 kg. Se cree que puede vivir cerca de 30 años y suelen ser solitarios. Según un estudio realizado por investigadores brasileños y británicos, los delfines cortejan a las hembras recogiendo pedazos de madera o montones de lodo. “Creemos que lo que intentan es impresionar a las hembras y hacerles saber que serán buenos padres y a la vez intimidar a otros machos rivales”, señala Tony Martin de la Unidad de Investigación de Mamíferos Marinos de la Universidad St. Andrews, en Escocia. “Quizás esta conducta se asemeja a la de los hombres que suelen lucir su auto de lujo, o comprar un ramo de flores para conquistar a las mujeres”.

Un regalo para el emperador
Según registró en sus viajes el explorador alemán Alexander von Humboldt en 1880, los aborígenes venezolanos llamaban a estos animales “orinoconas” o “las féminas del Orinoco”. Los conquistadores españoles, en cambio, en su momento los conocían como “toñinas”, que era como denominaban a los grandes atunes y a los delfines marinos, creyendo erróneamente que estos entraban del Océano Atlántico al Río Orinoco. 

 Aunque su nombre científico —Inia geoffrensis— proviene de la denominación que le daban los aborígenes amazónicos guaraníes a los delfines (Inia) y en recuerdo del naturalista francés Geoffrey St. Hilaire, quien cual capturó un boto y lo transportó a Portugal como regalo para Napoleón Bonaparte. 
 
Los encantados del Amazonas
Los delfines rosados han estado desde siempre ligados al misterio y la leyenda. Pobladores en comunidades indígenas —como los Itonamas o Baurenses— creen que alguna vez este animal fue un joven y apuesto guerrero. Los dioses, envidiosos de sus atributos físicos y su extrema masculinidad, lo transformaron en delfín y lo condenaron a vivir en lagos y ríos de la Amazonía de por vida.

El mito no se queda ahí: muchos están convencidos de la existencia de una ciudad sumergida dentro del río llamada “El Encanto” (o “Encante”), habitada por estos seres que salen de noche sobre todo en noches de luna llena, cuando hay fiestas en los pueblos. Vestido de blanco y con sombrero de paja —donde esconde su frente bulbosa—, se presenta en el pueblo para divertirse y para robarse a las mujeres.

“La leyenda de su transformación humana nocturna se ha utilizado para encubrir el adulterio”, indica el biólogo Gabriel Melo Alves dos Santos de la Universidad de St. Andrews.
 

Los pobladores de las comunidades indígenas creen que durante las noches de luna llena los delfines rosados salen de una ciudad sumergida llamada “El Encanto”, se transforman en humanos y conquistan a las mujeres
Foto: EFE

Una extinción anunciada
 Los delfines de río no tienen depredadores. Salvo el más peligroso de todos, el ser humano: actualmente estos animales son cazados con arpones, atrapados en redes y cruelmente golpeados hasta su muerte o asesinados a machetazos por los pescadores.
 
 Se cree que la matanza deliberada de botos comenzó alrededor del año 2000 en Brasil. A pesar de ser ilegal, la práctica se está extendiendo, simplemente de pescador a pescador.

Como registró la organización World Animal Protection, su carne —muy gruesa y de olor fuerte— es utilizada como carnada en la pesca del pez mota (o piracatinga), una especie de bagre carroñero, cuyo comercio es ilegal en Brasil pero todavía es permitido en Colombia. 

“Nuestros datos mostraron que las poblaciones de delfines se redujeron a la mitad aproximadamente cada década”, cuenta la ecóloga Vera da Silva del Instituto Nacional de Pesquisas de la Amazonia. "Las poblaciones de delfines que habíamos estado monitoreando casi a diario durante varios años desaparecían frente a nuestros ojos. Esto fue un gran shock, y comenzamos a hacer campaña para proteger a esta especie. Como resultado, el gobierno brasileño estableció una moratoria de cinco años para este tipo de pesca de bagre".
 Algunos pescadores les extraen dientes, ojos y genitales para usarlos como amuletos pues creen que facilitan el éxito profesional, mejoran el desempeño sexual y atraen al ser amado. En mercados se venden tarros de aceite de la grasa del delfín de río como tratamientos contra el reumatismo.

Otra gran amenaza la constituyen el aumento de la contaminación en su ecosistema, producida por el mercurio, resultado de la extracción de oro en las minas, así como también la construcción de hidroeléctricas, la deforestación del amazonas y el creciente tráfico acuático. 

Con el tiempo se ha buscado salvar al delfín rosado a partir de leyes protectoras. Desde 1996, en Perú su caza y comercialización están prohibidas. Lo mismo en Brasil. Aunque, debido a la corrupción, estas normas usualmente no son respetadas. La agencia brasileña de protección ambiental (Ibama) cuenta con solo 1.300 agentes para cubrir la selva, mucho más grande que toda  India.

Como consecuencia de esto, en 2016 la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza incluyó al delfín rosado en su lista de animales en peligro de extinción.
 

Los machos de esta especie llegan a medir hasta 2,55 metros y pesar hasta 207 kg. Se cree que puede vivir cerca de 30 años y suelen ser solitarios
Foto: EFE

 
Fecha de vencimiento
Los delfines rosados son más que animales simpáticos, sociables, curiosos, uno de los habitantes más pintorescos del Amazonas. Estos mamíferos desempeñan un rol crucial en el ecosistema: controlan la población de pirañas y otros peces que podrían llegar a ser una amenaza por causa de la sobrepoblación. 

Por eso, mediante de la iniciativa Global South American River Dolphins —impulsada por la WWF y Fundación Omacha (un grupo ambiental en Bogotá), en colaboración con más de 50 organizaciones de carácter ambiental, gubernamental y universitarias—, se promueve el marcaje o etiquetado satelital de los delfines con el fin de conocer los sitios estratégicos en los que se desplazan para ayudar a su conservación.

Uno de los oasis de estos animales se encuentra en la reserva Mamiraua, a 1500 km al oeste de Manaos, en Brasil. Allí es la base de operaciones del llamado "Projeto boto", un proyecto de investigación pionero totalmente dedicado a la conservación de estos mamíferos acuáticos.

"El delfín de río es el símbolo de la Amazonía", dice el biólogo Miguel Miguéis, quien cree que si el número de estos animales continúa disminuyendo, no habrá más delfines del Amazonas para el año 2060. Para entonces, este vistoso animal, como muchos otros, se habrá convertido en un recuerdo.

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.