Sociedad

Ratones congelados a la carta

Federico Kukso 11 / Oct / 18
Ubicado en el pequeño pueblo de Bar Harbor, en la costa este de Estados Unidos, el Jackson Laboratory es el principal proveedor de ratones de laboratorio del mundo: almacena, reproduce y vende más de 9 mil variedades de ratones genéticamente modificados para el estudio del cáncer y diabetes, entre otras enfermedades. Bienvenido al reino del ratón.

En un ruidoso almacén ubicado a las afueras del pequeño pueblo de Bar Harbor, en Maine, Estados Unidos, dieciséis tanques coquetean con la eternidad. Son altos. Son metálicos. Son congeladores de bajísimas temperaturas. “En realidad, es una bóveda. El Fort Knox de los ratones congelados”, dice Kurt Christiansen, supervisor de biorepositorios en The Jackson Laboratory, mientras con unos guantes blancos y con mucho cuidado abre uno de los refrigeradores de nitrógeno líquido en el Bio Bank de esta institución, donde descansan alrededor de 9.000 variedades de células -esperma y embriones- de ratones genéticamente modificados que, en un estado de pura potencialidad, esperan.

Aguardan para volver a activarse. En 10, 50 o incluso 100 años, bien podrían ser una parte vital de los experimentos de futuras generaciones de científicos. “Dentro de treinta años -dice Christiansen-, cualquier investigador podría recrear colonia de ratones mediante la implantación de estos embriones congelados en ratones vivos".

En una pared, un cartel mantiene un registro del inventario: 4.286.307 embriones de ratones crioconservados, protegidos contra cualquier eventualidad en estos tanques de acero de nitrógeno líquido a -196 grados Celsius. Desde la instalación de las primeras muestras a fines de la década de 1970, este número ha crecido de manera constante, convirtiendo a esta institución de investigación biomédica independiente y sus 40 laboratorios en un actor clave en la lucha mundial contra afecciones como el cáncer, los trastornos inmunitarios, la diabetes, la obesidad y enfermedades infecciosas, neurodegenerativas y neuromusculares.

Porque el Jackson Lab no es solo un banco de embriones congelados. Es el principal proveedor de ratones de laboratorio, el más grandes del mundo. Almacena, reproduce y vende más de 9000 variedades de ratones transgénicos, embriones y muestras de ADN con los que toda clase de científicos pueden llevar a cabo sus experimentos.

Los humanos pensamos que somos especiales, diferentes al resto de los animales con los que cohabitamos este planeta que llamamos “Tierra”. Pero aunque parezca sorprendente, los ratones son muy similares a nosotros. Compartimos casi el 98 por ciento de nuestros genomas. Y hay más: padecemos casi las mismas enfermedades.

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“Esa es la razón por la que el ratón se ha convertido en uno de los modelos más profundamente útiles para el estudio de los trastornos genéticos humanos”, me dice Ken Fasman, asesor científico de este laboratorio también conocido como JAX Lab. “Aquí genéticamente diseñamos ratones para imitar el perfil genético de alguien con una enfermedad específica. Esto permite a los científicos realizar experimentos que serían éticamente imposibles en humanos. Vendemos y distribuimos ratones modificados genéticamente a 20.000 laboratorios en 56 países en todo el mundo. Algo así como 2,6 millones de ratones al año. Si un científico en India necesita un tipo particular de ratón para su investigación, revisamos los congeladores y le enviamos los embriones congelados por correo”.

El mejor amigo de la ciencia
Hay casi un millón de ratones vivos en las instalaciones de Jackson Lab. Y se siente. El olor los delata.

Desde su aparición en la meseta de Asia Central hace unos cinco millones de años, estos pequeños animales se han infiltrado en nuestra imaginación como portadores de enfermedad y en la cultura pop. Al fin y al cabo, Mickey Mouse, Faivel, Mighty Mouse, Jerry (de Tom y Jerry) y Speedy González son algunos de los grandes personajes del cine y la televisión de las últimas décadas.
 

“Esa es la razón por la que el ratón se ha convertido en uno de los modelos más profundamente útiles para el estudio de los trastornos genéticos humanos”, Ken Fasman, asesor científico de este laboratorio también conocido como JAX Lab
Foto: En el interior del laboratorio / Federico Kukso
 

“Evolucionaron como especies en algún lugar de la región de Kazajstán, Irak, Irán”, explica el genetista Gary Churchill. !Hace miles de años, algunas personas comenzaron a tomar ratones en la naturaleza y llevárselos a sus casas como mascotas. El ratón doméstico o Mus musculus con el que estamos familiarizados sigue a las personas y le gusta vivir en estructuras, come granos. A medida que se dispersaron por el sudeste asiático y por Europa, se aislaron geográfica o genéticamente”.

“Dentro de treinta años -dice Christiansen-, cualquier investigador podría recrear colonia de ratones mediante la implantación de estos embriones congelados en ratones vivos".

Lo que muchos desconocen es que el ratón es el mejor amigo del científico (y la científica). Sin ratones, las investigaciones sobre los grandes males que azotan a la humanidad -del cáncer al Alzheimer- casi no podrían avanzar. Durante el siglo pasado, el ratón doméstico se ha convertido en el modelo de mamífero preferido para la investigación genética: son fáciles de cuidar, son baratos y se reproducen en solo tres semanas.

Al examinar su fisiología, anatomía y metabolismo, los científicos pueden obtener una valiosa información sobre cómo funcionamos los humanos. Su genoma, además, es fácil de manipular y tienen una vida útil corta de dos a tres años, por lo que se pueden observar varias generaciones de ratones en un período de tiempo relativamente corto. Según la Fundación para la Investigación Biomédica, el 95 por ciento de todos los animales de laboratorio son ratones.

Gracias a centros proveedores de !ratones genéticamente customizados! como el Jackson Lab se pueden simular trastornos genéticos específicos para estudiar su desarrollo y probar nuevas y mejores terapias y fármacos contra las enfermedades genéticas más devastadoras de la humanidad. Por ejemplo, Kevin Mills, especialista en el campo de la reparación del ADN, los usa para estudiar lo que se llama "inestabilidad genómica" y para desarrollar nuevos tratamientos y diagnósticos del cáncer. "Nos centramos en los tumores, la leucemia, el cáncer, las enfermedades autoinmunes y otros trastornos".

En otro laboratorio, Carol Bult, investigadora principal del Mouse Genome Informatics consortium (Consorcio de Informática del Genoma del Ratón), desarrolla bases de conocimiento para, por ejemplo, predecir computacionalmente la función de un determinado gen en el ratón y también para comprender las vías genéticas en el desarrollo y la enfermedad pulmonares normales.
 

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Células, tejidos y embriones de ratones genéticamente modificados se conservan en grandes tanques de nitrógeno líquido a -196 grados Celsius. / Federico Kukso
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Lo único que deben hacer los científicos es inspeccionar online el amplio catálogo de este laboratorio, elegir el ratón de su elección y ordenarlo / Federico Kukso
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Los ratones son los animales favoritos de la ciencia. Comparten el 98 por ciento del genoma con los seres humanos. Padecen también muchas de las mismas enfermedades / Federico Kukso
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Fotos: Federico Kukso

Ratones a pedido
Cada rincón de las instalaciones del campus del Jackson Lab cuenta una historia. En los pasillos de este instituto que comenzó a usar y desarrollar ratones en 1929 hay esculturas de ratones, refrigeradores con caras de gatos, pinturas de ratones, juguetes de ratones. Es el reino del ratón.

El catálogos online de ratones genéticamente modificados que ofrece es enorme. El investigador lo único que debe hacer es revisarlo con paciencia y elegir el ejemplar de su preferencia genética y pagar: el ratón obeso llamado TALLYHO, por ejemplo, imita muchas características de la diabetes mellitus tipo 2. Pueden desarrollar hiperglucemia y se lo utiliza en la investigación de la diabetes y la obesidad. Cuesta 89.50 dólares. El ratón AJ, en cambio, se usa ampliamente para modelar el cáncer y en investigación cardiovascular. Su precio: 38.75 dólares. Un ratón albino de ojos rojos llamado SJL tiene una susceptibilidad a la inflamación del sistema nervioso, lo que lo convierte en un buen modelo para la investigación de la esclerosis múltiple.

También está el ratón Drd2flox, creado por el investigador argentino Marcelo Rubinstein y su equipo en el Instituto de Investigaciones en Ingeniería Genética y Biología Molecular (INGEBI/Conicet). Fue el primer modelo animal desarrollado por un laboratorio de América Latina en ser incluido en su colección: le falta un grupo específico de receptores de dopamina y permite profundizar los estudios de ciertos mecanismos específicos que intervienen en enfermedades como Parkinson, esquizofrenia, trastorno por déficit de atención con hiperactividad y adicciones.

Sin embargo, aquí la celebridad es el ratón C57 Black 6, presente en casi el 60 por ciento de las investigaciones médicas en todo el mundo. La razón de esto es que es versátil: se lo utiliza para estudiar desde defectos en los ojos y la audición a obesidad, tuberculosis, inmunología y toxicología. Además, no es muy caro: cuesta 22.94 dólares.

Ahora, gracias a la edición genética a partir de la popular técnica CRISPR/Cas9, incluso está comenzando la era de los ratones de diseño: ratones con genes agregados o eliminados a pedido. Así están los llamados "ratones humanizados", es decir, con pocas células humanas, ya sea un poco de ADN, tejido o tumor humano en los que se pueden llevar a cabo ensayos preclínicos para nuevos medicamentos contra el cáncer.

Una vez seleccionados, los ratones elegidos viajan al destinatario en jaulas especiales que contienen un suministro de comida para dos semanas y un paquete de gel que reemplaza al agua (y así evitar que el animalito se ahogue). “Les damos a nuestros ratones el mayor respeto y les brindamos atención y tratamiento éticos y humanos”, asegura Chuck Hewett, vicepresidente de este instituto.

En 2004, el escritor David Foster Wallace visitó el Festival de la Langosta de Maine y en un profundo e impactante ensayo titulado Hablemos de langostas describió a estos grandes crustáceos marinos como la principal atracción e industria de la región. Económicamente, tenía razón. Científicamente, estaba equivocado. Aquí, en estas hermosas tierras que sacudieron la imaginación y las pesadillas de escritores como Stephen King y H. P. Lovecraft, el ratón es el verdadero emperador.

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Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.