Fuera mitos

¿"La Noche Estrellada" de van Gogh representa la anatomía del cerebro?

Luis Javier Plata Rosas 10 / Oct / 19
Tan fascinantes como misteriosas resultan las muchas interpretaciones de la obra más famosa del artista neerlandés a la que se le atribuyen, incluso, representaciones neurológicas. ¿Es cierto?

Es cierto que interpretaciones de una obra artística son tan numerosas y diversas como las personas que las dan, y cuando estas interpretaciones provienen del área de las ciencias es bastante común que más de uno -sea o no científico o artista- levante una ceja escéptica, como mínimo, cuando biólogos afirman que los abejorros se sienten más atraídos por el cuadro de Los girasoles de Vincent van Gogh, o físicos aseguran que cierto cielo nocturno presenta una atmósfera con movimiento turbulento.

Sin embargo, cuando, como en los casos citados, hay experimentos y mediciones convincentes que apoyan estas aproximaciones tan sui generis al arte en general y a estas obras impresionistas en particular, mientras que no exista algún otro análisis que proporcione evidencias en contra (errores metodológicos o de otro tipo cometidos por los científicos) u otra explicación más convincente (lo que aquí significa: con pruebas empíricas que permitan validarla), sin hacer a un lado el escepticismo podemos aceptar provisionalmente las conclusiones de estos estudios inter, multi y hasta transdisciplinares.

El nacimiento del mito

Es posible que un cuarteto de neurólogos fanáticos de van Gogh, con Bradford A. Richardson a la cabeza, quizás se dejó llevar demasiado por su doble pasión y, al igual que el hambriento que a todo le ve cara de comida, atribuyeron ojos de neuroanatomista y manos de cirujano a este genio creativo. El asunto es que, en septiembre de 2017, pudieron haber sido responsables del nacimiento de un mito asociado a la obra más famosa de su trío nocturnal, La noche estrellada, creada durante su estancia en el monasterio de Saint Paul de Mausole.

Biólogos afirman que los abejorros se sienten más atraídos por el cuadro de Los girasoles de Vincent van Gogh, o físicos aseguran que cierto cielo nocturno presenta una atmósfera con movimiento turbulento.

No sería la primera vez que desde la medicina ha habido uno que otro sesgo disciplinar (hablar de sesgo cognitivo sería un exceso) al aproximarse a van Gogh, pues donde los psicólogos ven masoquismo, demencia, narcisismo y ciclotimia (trastorno caracterizado por altibajos extremos en los estados de ánimo: de la depresión más honda a la alegría más explosiva en un solo viaje sin escalas), los psiquiatras diagnostican esquizofrenia y desorden bipolar afectivo, en tanto que los bioquímicos intentan convencerse y convencernos porfiadamente de que el artista nació con porfiria aguda intermitente (enfermedad hereditaria que afecta al sistema nervioso), los toxicólogos de que van Gogh se envenenó al mordisquear plomo presente en los pigmentos (la hinchazón de las retinas debida a esta intoxicación plúmbea podría ser la causa de la luz en forma de halos circulares que pintaba) y, para no quedarse atrás, los neurólogos se aventuran a diagnosticarlo con una enfermedad que lleva el nombre rimbombante de síndrome de Gastaut-Geschwind.

Teoría del todo de van Gogh

El síndrome de Gastaut-Geschwind presenta como ventaja el ser algo así como una Teoría del Todo aplicada a van Gogh, pues sus síntomas representan la intersección de neurología, psiquiatría y psicología en lo que también es conocido como epilepsia del lóbulo temporal. ¿Por qué ningún médico llegó a esta conclusión mientras examinaba al pintor? Si bien del Dr. Paul-Ferdinand Gauchet, quien lo trató luego de su paso por Saint Paul de Mausole, no podíamos esperar mucho (dado que era un homeópata), el principal problema fue que esta enfermedad aún no había sido descrita en tiempos de van Gogh.

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Representación artística de Vicent van Gogh | Foto: Pixabay

La “fisionomía única de van Gogh, una asimetría craneofacial aparente en fotografías y autorretratos” y “ciertos cambios conductuales y emocionales que son únicos en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal” incluyendo “irritabilidad episódica que contrasta con una disposición hipersocial/hiperreligiosa/hiperética”, “compulsividad, hipergrafía [traducción: escribir como si nuestra vida dependiera de ello] y locuacidad e hipo o hipersexualidad”… todos estos detalles, citados profusamente por Gastaut y colaboradores en estudios que datan de los años cincuenta de que epilepsia del lóbulo temporal es, por mucho, el diagnóstico más certero, Richardson y sus colegas neuroanatomistas se subieron a este tren y, ya encarrerados, propusieron que en el centro del cielo de La noche estrellada van Gogh había representado una sección transversal del lugar físico en que residía su enfermedad: “la formación hipocampal humana y el giro parahipocampal”. El hipocampo, pues: la parte de nuestro cerebro que regula nuestro comportamiento, nuestras emociones y nuestra memoria.

¿Por qué detenerse ahí, cuando con un poco (o un mucho) de conocimientos médicos tenemos ante nosotros la versión impresionista de una lección de anatomía? Ahí está el giro occitemporal, el giro dentado, el sulco colateral, la fisura hipocampal, el núcleo caudado y el resto de las estructuras… De haberse tratado de un caballito de mar en vez del hipocampo cerebral, no habría estado mejor detalladas sus partes por las pinceladas del artista.

Vincent van Gogh inspiró hasta un síndrome, el de Gastaut-Geschwind, sus síntomas representan la intersección de neurología, psiquiatría y psicología en lo que también es conocido como epilepsia del lóbulo temporal.

Galaxia Del Remolino

Los mismos médicos que este 2019 llaman la atención sobre la improbabilidad de que otro título para La noche estrellada bien podría ser La noche del hipocampo recuerdan como alternativa más fiable la del escritor Michael Benson, quien en 2014 señaló el parecido de los trazos centrales del cielo de van Gogh con el dibujo de la Galaxia del Remolino (M51), de tipo espiral y debida a la mano científica del astrónomo William Parsons en 1845. Claro que es posible que esta hipótesis sea incorrecta también.

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Algunas supuestas semejanzas encontradas entre La noche estrellada y parte del cerebro humano | Foto: especial

Es una lástima que, lo que pudo haber sido una interpretación tan rica en simbolismos, se haya topado, de entrada, con la ausencia completa de evidencias que indiquen que van Gogh habría aprobado un examen de conocimientos anatómicos. Y es que no siempre las convergencias entre ciencia y arte son lo que uno quiere ver.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Richardson, B.A., Rusyniak, A.M., Rusyniak, W.G. y Rodning, C.B., 2017, Neuroanatomical interpretation of the painting Starry Night by Vincent van Gogh, Neurosurgery, 81(3), 389-396.,Onciul, R., Mohan, A., Seceleanu, V., Marinescu, A. y Ciurea, V., 2019, Myth or reality in Starry Night (1880). Did Vincent van Gogh paint his morbus loci? Whirlpool Galaxy, hippocampal formation or just a paintbrush move? Medical Surgery Journal, 123(3), 459-463.