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Riesgos rojos: Los muchos peligros de un viaje a Marte

Ana Cristina Olvera 01 / Apr / 19
Además de los retos tecnológicos, una eventual conquista marciana requiere considerar los múltiples riesgos para la salud humana. Un médico mexicano participa en las investigaciones de la NASA

El 14 de julio de 1965, la sonda Mariner 4 de la NASA sobrevoló Marte exitosamente y envío las primeras imágenes de su superficie. Hasta ese momento, los seres humanos fantaseábamos con un mundo vecino donde podrían existir vestigios de alguna antigua civilización. La idea no era descabellada, antes bien, había sido alimentada por las observaciones del astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli quien, en la gran oposición del planeta, en 1877, encontró lo que parecían canales formados por agua corriente, desatando la imaginación de los expertos que no tardaron en pensar en la posibilidad de un eficiente sistema de distribución de agua.

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Cráteres marcianos vistos desde la Mariner 4 | Foto: NASA/JPL

Las 17 misiones exitosas subsecuentes a Marte (sin contar las ocho activas en la actualidad) se encargaron de desmitificar esta ensoñadora idea. Pero el deseo de posar finalmente un pie humano en la superficie marciana parece haberse incrementado de manera inversamente proporcional.

En 2015 el excéntrico magnate de la tecnología, Elon Musk, reveló que su único objetivo para acumular riqueza con sus empresas era “convertir a los seres humanos en una especie multiplanetaria”, creando una colonia en Marte de un millón de personas a lo largo de este siglo.

Los planes de Musk, CEO de la empresa espacial Space X, parecen sumamente ambiciosos y, de hecho, se han retrasado constantemente. Pero, aunque alcanzara el objetivo de crear cohetes que lograran la hazaña de transportar a los seres humanos, —además de las 850 a 1,250 toneladas de combustible necesario con la tecnología existente y todos los suministros de agua y comida necesarios hasta el cuarto planeta del Sistema Solar— queda un problema fundamental para la ciencia: ¿Qué riesgos enfrentarían los seres humanos al someterse a un viaje a Marte?

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Arquitectura del transporte a Marte según Space X | Foto: Space X

Riesgos rojos
El doctor mexicano Emmanuel Urquieta participa como científico en el Instituto de Investigación Trasnacional para la Salud Espacial del Colegio Imperial de Medicina. Se trata de un proyecto financiado por la NASA, como parte de su programa de investigación humana, con el objetivo de mitigar los riesgos de viajar a la siguiente frontera de la exploración.
 

En entrevista exclusiva para Tangible, nos revela que la NASA no enviará a ningún miembro de nuestra especie más allá de la Luna antes de que hayan logrado entender cómo reducir al mínimo posible los que se conocen como “riesgos rojos”. Sin duda, un nombre adecuado para los peligros que representa el trayecto a esa superficie ocre característica del óxido de hierro que la compone. El más desafiante, asegura el especialista, es la radiación cósmica.

Se trata de una energía compuesta de neutrones, protones y una gran variedad de isótopos que van desde el oxígeno, helio, hidrógeno y un largo etcétera. Con estas peculiares características es imposible utilizar materiales muy densos para intentar detenerla, como el plomo que funciona bastante bien aquí en la Tierra, pues se provoca la generación de rayos x secundarios y más radiactividad. 

Hay otra gran diferencia de esta radiación con la podemos experimentar en la Tierra (como la de los rayos X o a alguna similar a la desatada durante el accidente en la planta nuclear japonesa de Fukushima): Su origen en lo profundo del Universo y de las supernovas, lo que provoca viaje prácticamente a la velocidad de la luz. 

¿Daños al sistema nervioso?
Otra complicación es que estamos hablando de una energía crónica. Es decir que, aunque es relativamente baja, su presencia es constante prácticamente durante todo el viaje, lo que evita que las células vivas se regeneren o compensen el daño. Esta variable afecta al sistema nervioso central y al cardiovascular, los más esenciales para la vida humana. 

El recientemente nombrado fellow asociado de la Asociación Médica Aeroespacial, explica que los principales efectos de la radiación son el incremento de la oxidación de todos los componentes celulares: “hay partículas que llegan a atravesar por completo el ADN o el ARN, generando mutaciones en el genoma; y la más inmediata y evidente, provoca muerte celular”. 

Otro de los problemas que se debe tener en consideración es el síndrome neuro-ocular asociado al vuelo espacial (SANS, por sus siglas en inglés). Los científicos han detectado que los astronautas presentan un deterioro en la visión de cerca después de estancias largas en el espacio. “Probablemente esté asociado con la microgravedad, pero todavía no logramos descifrar qué es exactamente lo que lo produce”, declara el Dr. Urquieta. Lo que sí saben es que, hasta la fecha, ninguna de las mujeres que han viajado al espacio ha presentado el problema.

El sistema nervioso y el sistema cardiovascular pueden verse afectados por la energía crónica, la cual impide que las células vivas se regeneren o compensen el daño
Foto: Fernando Villa del Ángel

Presión psicológica
Más allá de los obstáculos físicos y anatómicos, existe la presión a la que se sometería a los viajeros. Entre los diez principales “riesgos rojos” se describe la presión psicológica que generará el permanecer en aislamiento durante tanto tiempo, y la necesidad de un buen trabajo en equipo. “Un viaje a Marte de ida y vuelta, considerando tiempos de trayecto y estancia en el planeta mientras se espera su siguiente perigeo, o punto más cercano al centro de la Tierra, tardaría aproximadamente 3 años, lo cuál significa que tendrías que convivir intensamente, y muy de cerca con otras 3 personas”, afirma el investigador.

No menos importante es el reto de la alimentación. “El vehículo va a tener una cantidad muy limitada de masa y de volumen para llevar y, obviamente, no va a haber la posibilidad de mandar reabastecimiento.” Además de tener que durar en condiciones aptas para el consumo, mínimo por tres años, y contar con las propiedades nutrimentales óptimas, así como mantener un sabor y textura apetecibles para las personas cuya vida dependerá inevitablemente de esa fuente alimenticia. 

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Imagen de la Tierra desde Marte tomada por el Rover Curisosity. Nos deja tener una representación gráfica de los 160 millones de kilómetros que implica el trayecto | Foto: NASA

Mismo problema que se presenta cuando hablamos de los medicamentos, pues la mayoría expiran entre uno y dos años: “Para tratar de resolver este problema, en nuestra última convocatoria, estamos solicitando investigación para compañías o instituciones que puedan crear medicamentos en tiempo real. Ya sea impresos en 3D o combinando moléculas que puedan producir medicamentos en tiempo real sin tener que preempaquetarlos”, señala el médico aeroespacial. 

Todos estos riesgos, enfatiza el Dr. Urquieta, están previstos para un viaje proyectado por la NASA para finales de la década del 2030 o principios de 2040, en la que los astronautas viajarían aproximadamente 6 meses para colocarse en órbita alrededor del Planeta Rojo. Tras el trayecto, permanecerían durante dos años en la nave para después regresar a la Tierra en el siguiente acercamiento de los planetas. Para que los seres humanos pongan botas en la superficie de Marte, no existe aún un plan desarrollado por la NASA, por lo menos en lo que a consecuencias de salud se refiere. 

No cabe duda de que los retos de una eventual conquista marciana la hacen parecer como una misión imposible, pero hace apenas unas décadas, estábamos convencidos de que los seres humanos no sobreviviríamos a un vuelo común. Como nos advertía Stephen Hawking, si no encontramos la forma de salir de la Tierra y habitar otros planetas, estamos condenados a extinguirnos con ella… en unos 1000 años según predijo el físico poco tiempo antes de su muerte.

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Autor: Ana Cristina Olvera
Licenciada en Filosofía y Maestra en Emprendimiento Social, con trayectoria en la comunicación. Fue directora de Difusión y Relaciones Interinstitucionales de la Agencia Espacial Mexicana. Actualmente es Directora Adjunta de la Agencia Informativa de Educación de México, Co-conductora de INTERFAZ, Iberoamérica al Día y el Noticiero Científico y Cultural Iberoamericano. Creadora del proyecto 4ta Revolución y colaboradora de NASA en español.