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Ritos funerarios bajo la lupa de la ciencia

Berenice González Durand 01 / Nov / 18
Para descubrir los secretos de las tumbas mayas, la identidad de las momias más antiguas del mundo y entierros neandertales, los aceleradores de partículas y otras tecnologías han revolucionado el conocimiento

Cuando murió tenía cuatro años de edad y probablemente el arsénico que se encuentra de forma natural en el terreno volcánico del norte de Chile fue acabando poco a poco con su organismo. Su corta vida transcurrió alrededor del año 5, 000 a. C. y pasó a la historia por ser la momia más antigua de la que existe registro en el mundo. En la actualidad, poderosos escáner están permitiendo entrar en la era 3D para recobrar la identidad de seres de los que sólo queda un enigmático rastro. Tal es el caso de las primeras momificaciones de que se tienen registro y que se realizaron en nuestro continente dos mil años antes de que lo hicieran los egipcios. Los Chinchorro, una civilización precolombina de pescadores recolectores poco conocida que vivieron entre el norte de Chile y el sur de Perú, tenía un culto que aparentemente implicaba mantener a sus muertos durante un tiempo como si estuvieran vivos, además de que era una práctica íntima, familiar, y no restringida a las altas élites, como en el caso de Egipto.

Hace un par de años, 15 de las momias de la colección del Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN) fueron expuestas a sofisticados escáneres para saber más sobre estos seres que han llamado la atención mundial por la especie de esculturas momificadas que creaban con los muertos. La complejidad del proceso, no le pide nada al de los egipcios. Estos últimos extraían el cerebro por los orificios de la nariz mediante unos ganchos de bronce y se vertía natrón en el cráneo para disolver los restos y mantener el cráneo sólo con un líquido formado por resina de coníferas, cera de abejas y aceites vegetales perfumados. Las vísceras eran extraídas a través de incisiones y después venían los procesos de deshidratación y vendaje. Los especialistas del museo chileno han señalado que, sin embargo, en el caso de los Chinchorro, el proceso incluso era más complejo.

Había menos reglas y cada momificación tenía diferencias, probablemente por las diferentes etapas históricas que fueron atravesando, pero el proceso general constaba en eviscerar el cuerpo y extraer musculatura. Después, en torno al esqueleto se reconstituía el cuerpo con diferentes materiales, como arcillas, plumas, rellenos de plantas y fibras vegetales. Posteriormente se volvía a poner la piel y a veces se pintaba de rojo o negro o se cubría con vendajes con una pátina de barro con diferentes diseños. Para los especialistas, se trataba de crear organismos pensados para trascender y no para el olvido, por lo que las nuevas herramientas tecnológicas podrían ir aportando cada vez más información sobre estos individuos en vida y los procesos a los que eran sometidos sus cuerpos después de la muerte, con aportaciones directas sobre su cosmovisión.

De aceleradores de partículas y reinas rojas
Los materiales cuentan historias y los aceleradores de partículas, literalmente, las sacan a la luz. Una herramienta fundamental como parte del proyecto ANDREAH (Análisis no Destructivo para el Estudio del Arte, la Arqueología y la Historia) es un acelerador de partículas Tandem Pelletron que se resguarda al interior del Instituto de Física de la UNAM y con el que se han descubierto muchos de los secretos de los objetos considerados patrimonio cultural e histórico de México. El doctor José Luis Ruvalcaba, a cargo de este instrumento, ha comentado que la herramienta que ocupa toda una habitación sirve básicamente para dos cosas: cambiar las propiedades físicas de los materiales, es decir, diseñar nuevos materiales; pero también para hacer análisis y saber de qué están hechos.

 
José Luis Ruvalcaba modificó un acelerador de partículas Tandem Pelletron para realizar caracterización de materiales.
Foto: UNAM

A partir del análisis de la composición de un objeto, un experto puede interpretar varias cosas, no sólo la manufactura del material, sino su probable procedencia. Ante la falta de refinamiento industrial, los materiales de la antigüedad tenían pequeñas impurezas, es así que las trazas o elementos menores se convierten en marcadores de las fuentes minerales geológicas de los cuales se extraían. Mediante su estudio también se puede determinar qué tecnología usaron para alguna aleación y si el objeto viajó a otra latitud. En general, en el caso de Mesoamérica, los metales llegaban de Centro y Sudamérica. Otra cosa que se puede saber respecto a la composición es si están deteriorados y a partir de esta alteración se puede saber su antigüedad. Como las tecnologías, los materiales van cambiando a través del tiempo y el registro de determinado pigmento puede corresponder a una cierta época.

Pero no es necesario transportar las piezas o el objeto a examinar hasta el interior de ciudad universitaria donde se resguarda esta impresionante pieza, hace más de una década y con el apoyo del CONACYT se propició el desarrollo de equipos portátiles y la adquisición de otros equipos para realizar estudios integrales in situ. Las metodologías usadas incluyen desde las técnicas de registro de imágenes empleando diversos tipos de luz como la ultravioleta, la infrarroja, y la visible, hasta equipos portátiles de aceleradores de partículas, Fluorescencia de Rayos X (XRF), espectroscopia Raman e Infrarroja con Trasformada de Fourier (Mid-FTIR), así como los microscopios electrónicos de barrido (SEM) y transmisión (TEM).

Con este conjunto de herramientas se han estudiado importantes piezas que forman parte del patrimonio arqueológico nacional como un estudio un estudio de la lítica de las tumbas reales de palenque. Las culturas prehispánicas le daban una gran importancia a las piedras verdes, pues este color significaba vida eterna y fertilidad. La jadeíta era un material exclusivo de las elites, sin embargo había otras piedras de este color al que también tenían acceso los pobladores menos privilegiados. El ajuar funerario de la Reina Roja, la mítica esposa del rey Pakal, cuyo ajuar se expuso hace poco creando largas filas en el Museo del Templo Mayor, también ha sido estudiado con estas herramientas para realizar una comparación del tipo de minerales utilizados en los diferentes templos contrastando con la cronología y el desarrollo de Palenque.

El polvo rojo que cubría a la mujer de apenas poco más de metro y medio de altura y con entre 50 y 60 años es cinabrio, un material tóxico usado para la conservación, pero además este color es considerado un elemento mágico-ritual en el contexto prehispánico. Se considera que el cinabrio o sulfuro de mercurio (también contienen 15% de azufre) se extraía directamente del yacimiento, pero debía de ser sublimado para poder utilizarse como pigmento, lo que supone además procesos de gran complejidad y dan pistas del alto grado de desarrollo tecnológico que alcanzaron todas estas civilizaciones prehispánicas. La muerte ofrece algunas pistas no sólo de su filosofía, sino de sus herramientas científicas.
 

Hace un par de años, 15 de las momias de la colección del Museo Nacional de Historia Natural de Chile (MNHN) fueron expuestas a sofisticados escáneres para saber más sobre estos seres que han llamado la atención mundial por la especie de esculturas momificadas que creaban con los muertos
Foto: EFE

La muerte y los Neandertales
Los Neandertales siguen dando de qué hablar y cada vez se encuentran nuevas estrategias para penetrar al mundo de esos seres ancestrales con quienes paulatinamente se establecen coincidencias más cercanas al hombre moderno. Los estudios paleogenéticos indican un origen común, así como hibridaciones entre ambas variedades de homínidos en Asia y Europa.

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social tienen un nuevo proyecto para caracterizar los patrones de desplazamiento y territorialidad de las poblaciones neandertales y sapiens de la Península Ibérica a lo largo del Paleolítico, precisamente a través del análisis de las materias primas líticas. Nuevamente las piedras tienen la palabra. Se busca estudiar los recursos minerales, principalmente el sílex de algunos yacimientos arqueológicos donde aparecieron los retos de los neandertales. El sílex es un material perteneciente a las anhidras amorfas, donde también están minerales como el cuarzo o la calcedonia. Mediante Fluorescencia de Rayos-X Dispersiva en Energía (EDXRF), Difracción de Rayos-X (XRD) y Análisis de Activación Neutrónica (NAA) se busca obtener más datos para analizar las relaciones entre los grupos y el medio que habitaron, a la vez que se obtendrá más información sobre sus costumbres.

Por la cantidad y calidad de conservación de los yacimientos dedicados a los restos funerarios, algunos especialistas piensan que el mundo de la muerte ya era  muy importante desde la sociedad neandertal. Se han encontrado restos de manifestaciones funerarias asociadas a restos vegetales o líticos. Los enterramientos podían ser principalmente en cuevas dedicadas exclusivamente a lo funerario, o en cuevas donde habitaban y que temporalmente se convertían en lugares de enterramiento. En este sentido, el ritual funerario más común era la inhumación, es decir, el enterramiento de los humanos con la intención de su preservación sobre todo en huecos formados de forma natural, los cuales se cubrían con tierra o con piedras. El estudio de los neandertales ha cambiado el rumbo de la historia. Los intercambios culturales y genéticos siguen arrojando nuevas pistas sobre el pasado que es futuro.

 

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.