¿Sarampión en México? La amenaza de los “antivacunas”

¿De qué tamaño es la amenaza de los grupos “antivacunas”?
Igual de peligrosa que el Ébola

La primera semana del año la Organización Mundial de la Salud (OMS)  dio a conocer la lista de los “10 riesgos para la salud mundial de 2019”. En el documento publicado en línea, se aborda una serie factores que ponen en peligro la salud humana a nivel mundial, atendiendo principalmente, puntos estratégicos que van desde los originados por las condiciones sociales como catalizadores de enfermedades, a los patógenos mortales altamente contagiosos.

Para el 2019, la “Renuencia a la vacunación” orientada en gran medida por el incremento del movimiento social denominado “antivacunas” aparece emparejado  junto a patógenos tan peligrosos como los virus del Ébola y el VIH.

Una comparación que puede ser espeluznante, pues la enfermedad producida por el virus del Ébola, es considerada por la Organización Mundial de la Salud, como un serio riesgo para la humanidad, debido que tiene una taza de letalidad que ha llegado en algunos casos hasta el 100%, como sucedió en el caso del brote en Uganda en 2011; en la actualidad se contabilizan 12,962 defunciones provocadas por este virus entre 1976 y 2015. 

Por otra parte, de acuerdo con el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, se conocen 39 millones de muertes producidas por el Virus de la Inmunodeficiencia Humana (VIH), desde su detección en 1981. En el año 2016, la OMS estimó que existían 36.7 millones de personas  infectadas por este virus. 

30% de incremento en sarampión

La OMS, justifica su decisión de posicionar la renuencia a la vacunación entre las enfermedades más peligras del mundo, debido a que “los casos de sarampión… han experimentado un aumento del 30% a nivel mundial. Las razones de este aumento son complejas, y no todos los casos se deben a la renuencia a vacunarse. Sin embargo, algunos países que estaban cerca de eliminar la enfermedad han experimentado un resurgimiento…”.

Según Comite Nacional Para la Vigilancia Epidemiológica de nuestro país en el año 2017 a nivel mundial se notificaron 173,330 casos confirmados de sarampión en 183 países. Al mes de diciembre de 2018 a nivel mundial se confirmaron 229,068 casos de sarampión, en comparación con los 173,330 notificados en 2017, mostrando incremento de 32%. 

El Dr. Ricardo M. Castro Acosta, jefe operativo del laboratorio de análisis de moléculas y medicamentos biotecnológicos del Instituto de Biotecnología de la UNAM; considera aún más peligros el movimiento “antivacunas”, que los mismos patógenos de la lista de la OMS, “porque la cantidad de pacientes que pueden estar expuestos, llegar a ser mucho mayor, tomando en cuenta que la principal causa de contagio, son niños…, una de las poblaciones más vulnerables”. 

El origen de la fobia

La fobia hacia la vacunación, se originó un siglo después de que el médico inglés Edward Jenner diera a conocer el descubrimiento de la inmunización para el virus causante de la Viruela, en 1756. El primer antecedente conocido es la Liga Antivacunación, una agrupación fundada en la ciudad de Londres en 1853. Unas décadas después, en 18790, en los Estados Unidos, se fundó la Sociedad Antivacunación de ese país.

Además, surgieron movimientos religiosos, que actuaron como importantes instrumentos de propaganda “antivacunas”; tal es el caso de la Sociedad Watchtower Society, que difundía en la década de los 30  —a través de en su revista The Golden Age— campañas propagandísticas para infundir miedo hacia las vacunas. 

No obstante, el momento de oro del movimiento “antivacunas” se le debe al médico británico, Andrew Wakefield, quien publicó en el número de febrero de 1998 de la revista médica The Lancet, un reporte titulado: Hiperplasia ileal-linfoide-nodular, colitis inespecífica y trastorno generalizado del desarrollo en niños. En la investigación, el médico relacionó el origen del autismo con la vacuna (SPR), que conglomera tres agentes para inmunizar los virus del Sarampión, Parotiditis (Paperas) y Rubéola

Para su investigación, Wakefield, se basó en la relación de afectaciones entre un cuadro intestinal y daños en el cerebro, conectado con un incremento en la población de autistas. Sin embargo, poco tiempo después de la publicación se dio a conocer un grave conflicto de intereses, pues la organización “Comité de Asistencia” —que es un movimiento “antivacunas”—, estaba detrás del financiamiento  para realizar la investigación, con el objeto de encontrar evidencia que diera elementos para demandar a los fabricantes de vacunas.

Debido a la falta de ética profesional y rigor científico en el estudio, el 28 de enero de 2010, el Consejo General Médico de Reino Unido, sancionó Wakefield con la cancelación de su licencia médica; así mismo, la prestigiosa revista The Lancet, retiró el polémico artículo el 2 de febrero de 2010. 

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El movimiento antivacunas ha encontrado su principal medio de propaganda en las redes sociales.  Ilustración: Agencia Sinc / Cinta Arribas

Inmunización activa

El mecanismo de acción de una vacuna, consiste en iniciar en el organismo un proceso denominado inmunización activa. En él, el sistema inmunitario produce células con memoria, como los linfocitos T y B, capaces de reconocer moléculas características de un patógeno. Así, cuando el cuerpo humano se ve enfrentado nuevamente al microorganismo en cuestión, se produce una respuesta eficaz, que evita que el cuerpo sea infectado

Para generar esta memoria, se han creado diferentes tipos de vacunas que  implica la exposición al cuerpo humano de: 1) microorganismos que no tienen capacidad de generar enfermedad (vivos o atenuados); 2) proteínas o fragmentos pequeños que sean reconocidos por el sistema inmune (desactivadas o “muertas”); 3) moléculas producidas por el patógeno como toxina o químico (vacunas de subunidad); 4) con proteínas artificiales muy similares a los que tienen los microorganismos (biosintéticas). 

Para entender el mecanismo de inmunización los médicos suelen recurrir a una simple analogía: Las vacunas son como las imágenes de asaltantes colocadas en los bancos, que tienen como objetivo alertar al personal de seguridad si llegasen a entrar a alguno, para ser detenido.

De la misma manera, la “fotografía” de cada patógeno esta revelada en una molécula característica, es decir, el antígeno, y las células defensoras encargadas de registrar esta información son los linfocitos. Cuando una de estas células identifica al microorganismo, liberan anticuerpos y permite que otro tipo de células llamadas macrófagos, eliminen al intruso.

Aunque las vacunas son medicamentos muy seguros, se debe decir tienen un factor mínimo de riesgo. El Dr. Castro Acosta afirma, que “el costo beneficio final de todas las vacunas, como el de la influenza, las vacunas contra el rotavirus etc., es mucho mayor de lo que se difunde. Siendo así, es importante señalar que, las vacunas tienen cierta probabilidad de causar un efecto adverso, pero ese caso es muy bajo. El problema se presenta, cuando la información se saca de contexto; por ejemplo, una persona en 500 mil puede tener reacciones adversas (...) ¡pero las otras personas…van estar completamente protegidas contra cualquier tipo de infección bacterial o viral!” 

95 % de vacunación 

Ante la potencial amenaza de un brote de sarampión en México el Comite Nacional Para la Vigilancia Epidemiológica recomienda

1.-  Mantener coberturas homogéneas de vacunación del 95% con la primera y segunda dosis de la vacuna contra el sarampión, la rubéola y las paperas, en todos los municipios.

2.- Vacunar a poblaciones en riesgo, sin prueba de vacunación o inmunidad contra el sarampión y la rubéola, tales como personal de salud y turismo.

3.- Fortalecer la vigilancia epidemiológica del sarampión para lograr la detección oportuna de todos los casos probables en los servicios de salud públicos y privados, y asegurar que las muestras se reciban en el laboratorio en el plazo de 5 días después de haberse tomado y que los resultados de laboratorio estén disponibles en un periodo no mayor de 4 días.

4.-  Respuesta rápida frente a los casos importados de sarampión para evitar el restablecimiento de la transmisión endémica, a través de la activación de equipos de respuesta rápida.

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