Cosmos

Se evaporan los anillos de Saturno

Carmina de la Luz Ramírez 21 / Dec / 18
Diversos indicios sugerían la desaparición de los anillos del sexto planeta del Sistema Solar, pero no tan rápido como lo predice una nueva investigación de la NASA

Saturno se quedará sin anillos, y lo hará más pronto de lo que se pensaba. Así lo señala un nuevo estudio realizado por el Centro de vuelo espacial Goddard de la NASA y publicado en la revista especializada en investigaciones sobre el Sistema Solar, Icarus. La noticia, emitida por la famosa agencia espacial el pasado 18 de diciembre, conmocionó a todo aquel que haya contemplado las impresionantes imágenes del gigante gaseoso rodeado por sus características estructuras de hielo y roca. Sin embargo, esta no es la primera vez que un asunto sobre los anillos de Saturno nos toma por sorpresa.

Desde 1610, un desprevenido Galileo Galilei se asombró cuando frente a su telescopio vio a Saturno como un planeta formado por tres cuerpos, muy diferente comparado con Marte o Júpiter. El científico italiano no tuvo otra opción que dibujarlo así, igual a la silueta de la cabeza de un Mickey Mouse moderno. “El telescopio de Galileo no tenía la definición necesaria para distinguir los anillos”, cuenta el ingeniero José de la Herrán, destacado Académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), “así que tuvieron que pasar años, antes de que existiera un instrumento capaz de detectarlos como una estructura que circundaba al planeta sin tocarlo”.

  Fue el astrónomo neerlandés Christian Huygens quien, en 1659, descubrió que Saturno estaba rodeado por un anillo plano y delgado: “Esto fue una novedad muy grande, e incluso se llegó a pensar que se trataba de un anillo sólido”, dice de la Herrán, reconocido por haber diseñado el telescopio de 2.1 metros de diámetro que se sitúa en el Observatorio Astronómico Nacional San Pedro Mártir (Baja California) desde 1979.  

Según información del Centro de Tecnología de California (Caltech), los anillos de Saturno están constituidos por miles de millones de fragmentos de roca, hielo y polvo; algunos son del tamaño de casas, mientras que otros apenas alcanzan la talla de un grano de arena. Estas partículas están distribuidas en varios cientos de anillos separados entre sí, de tal manera que el sistema completo mide 400 mil kilómetros de ancho, es decir, prácticamente la distancia que hay entre la Tierra y la Luna. 

James O’Donoghue, líder de la reciente investigación por parte de la NASA, utilizó datos obtenidos por Cassini al final de su misión
Foto: NASA

Lunas de hielo
Respecto a su origen, la mayoría de los astrónomos coincide en que se formaron a partir de la colisión de pequeñas lunas de hielo cuyas órbitas alrededor de Saturno fueron alteradas por el paso de un asteroide o de un cometa; esto pudo haber ocurrido hace unos 100 millones de años, mucho después de la formación del planeta, que tiene una edad superior a los 4 mil millones de años. Todo este conocimiento se debe, en gran medida, a proezas tecnológicas, como las sondas Voyager 1 y 2 (que exploraron Saturno en la década de los 80s), la misión Cassini (2004 - 2017) y el Observatorio W. M. Keck (que opera en la cima del volcán Mauna Kea, en Hawái, desde 1993).

James O’Donoghue, líder de la reciente investigación por parte de la NASA, utilizó datos obtenidos por Cassini al final de su misión —cuando por primera vez en la historia un instrumento científico exploró el espacio entre Saturno y sus anillos— y los empató con observaciones de uno de los telescopios Keck. Su conclusión fue contundente: los anillos de Saturno están desapareciendo. 

Fuga de agua cósmica 
En realidad, el hallazgo no es de extrañar, pues ya desde 1967 se habían publicado estudios que sugerían la existencia de una erosión en el material de los anillos, causada por la luz solar; asimismo, las observaciones de las Voyager también señalaron una pérdida de material en el sistema. La gran aportación del trabajo de O’Donoghue y sus colaboradores fueron los cálculos: “Estimamos que, cada media hora, esta ‘lluvia’ [ring rain] drena de los anillos de Saturno una cantidad de agua equivalente a una alberca olímpica”, dijo el joven astrónomo a la prensa. De acuerdo con las hipótesis de O’Donoghue (quien actualmente realiza una estancia posdoctoral en el centro Goddard), a ese paso, Saturno podría perder completamente sus anillos entre los próximos 100 a 300 millones de años. 

Para Alejandro Farah, académico del Instituto de Astronomía de la UNAM, las predicciones del equipo de O’Donoghue representan el peor de los escenarios para los anillos de Saturno. El experto en instrumentación destaca que lo más relevante del estudio es que los investigadores detectaron parte de la “lluvia de anillos” desde el Observatorio Keck. 
“Lo interesante es que han logrado ver en infrarrojo un poco de ese flujo de partículas de polvo que entran a la atmósfera de Saturno cuando se cargan eléctricamente; eso está afirmando la teoría de que los anillos se están yendo hacia el planeta, los está engullendo por atracción gravitatoria”, dice el Doctor en Ingeniería que ha participado en proyectos como el diseño del Gran Telescopio Canarias. 

Pero ¿cómo es que se produce ese fenómeno? El doctor José Franco, investigador del Instituto de Astronomía de la UNAM y ex presidente de la Academia Mexicana de Ciencias, explica que “los instrumentos de la sonda Cassini analizaron la composición de las partículas que se encuentran entre Saturno y los anillos, y lo que encontraron es que el material está cayendo justamente hacia Saturno, y está compuesto principalmente de agua y silicatos”. 

Según Franco, lo que sucede a grandes rasgos es que la radiación ultravioleta proveniente del Sol, así como el plasma interplanetario, provocan que el hielo de los anillos se evapore, y que las partículas queden cargadas eléctricamente. Cuando esto pasa, el material interactúa con el campo electromagnético de Saturno, es extraído de los anillos y finalmente cae por gravedad hacia el planeta. 

Respecto a su origen, la mayoría de los astrónomos coincide en que se formaron a partir de la colisión de pequeñas lunas de hielo cuyas órbitas alrededor de Saturno fueron alteradas por el paso de un asteroide o de un cometa
Foto: NASA

Un Universo en constante cambio
Los resultados del trabajo de O’Donoghue sorprendieron incluso a algunos de sus colegas. Tal es el caso de Patricia Hernández, quien está realizando su Doctorado en Astrofísica en la UNAM: “Cuando me enteré de la noticia, me emocioné, porque es cuando te das cuenta de que todo en el Universo está en continuo cambio”. 

La joven especialista en astronomía planetaria y origen del Sistema Solar asegura que los científicos “ya sospechábamos que los anillos de Saturno eran algo temporal, pero no sabíamos que podría ser tan rápido; 100 millones de años es muy poco en términos astronómicos”. 

Para Patricia, el reciente descubrimiento es un motor para investigar más: “Yo soy admiradora de Saturno no solo porque es muy bonito, sino porque sus anillos nos dan pistas sobre el origen del Sistema Solar; por ejemplo, creemos que son similares a los anillos protoplanetarios a partir de los cuales se formaron los planetas. Lo que está sucediendo con sus anillos pudo haber sucedido en Júpiter o Neptuno, así que estudiar a Saturno es una forma de mirar al pasado”. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez