Cosmos

Señales del espacio exterior

Federico Kukso 18 / Oct / 18
Ambientada en el instrumento científico más grande y complejo de México, el Gran Telescopio Milimétrico, la película 'Cygnus' del director Hugo Félix Mercado se dirige hacia donde nadie ha ido antes: con elementos de suspenso y ciencia ficción pone por primera vez a la ciencia local en el rol de protagonista.

Durante una noche, a 4640 metros de altura, en la cima del volcán extinto Sierra Negra en el estado de Puebla, un joven astrónomo mexicano descubre una extraña e inesperada señal proveniente de la constelación de El Cisne (o Cygnus). Al principio, Fabián Ocampo duda pero pronto los instrumentos del Gran Telescopio Milimétrico (GTM) Alfonso Serrano lo confirman: es real. A partir de ese momento, cosas extrañas empiezan a suceder en este complejo astronómico. Algunos creen que el científico se ha vuelto loco.

Así comienza Cygnus, una de las más ambiciosas películas de ciencia ficción de la historia del cine nacional que se estrena el próximo 2 de noviembre en todo el país, luego de más de diez años de gestación, y que, como pocos films lo han hecho hasta ahora, ponen en primer plano tanto a la figura de los investigadores mexicanos como a una joya tecnológica de la ciencia local.
“El GTM fue el escenario ideal para la película. Mucha gente no conoce a astrónomos mexicanos ni sabe que existen en el país este tipo de telescopios --cuenta el cineasta Hugo Félix Mercado, director de la película--. Lo que hace a Cygnus diferente es que hablamos de cosas que mucha gente no cree que sean posibles aquí. En muchos lugares, nos preguntaron si al escenario lo habíamos generado por computadora”.

Cygnus no es un documental. Sino una historia de suspenso con toques de ciencia ficción que utiliza conceptos científicos básicos como punto de partida para contar una historia entretenida. El proyecto de la película tardó más de diez años en cocinarse. En 2005, con la idea en mente de hacer algo distinto --primero grandilocuente, luego algo más factible--, dos amigos --el guionista Carlos Alvahuante y Félix Mercado-- se pusieron a investigar. Consultaron a especialistas y a astrónomos hasta que uno les reveló un secreto: los planes de construir el instrumento científico más grande y complejo que se levantaría en México.

Entonces se pusieron a escribir: al mismo ritmo en que el guión tomaba forma y buscaban financiamiento, el supertelescopio también se erigía. Hasta que años después, al fin subieron a la cima del volcán también conocido como Tliltépetl y cuando vieron aquella colosal antena de 50 metros de diámetro a medio construir Alvahuante y Félix Mercado inmediatamente lo supieron: ahí debía filmarse la película.
 

Tras una década de per-producción, la película se filmó en unas seis semanas de 2015. En el telescopio grabaron 10 días. Y no fue sencillo. A los caminos difíciles para ascender, se le sumaron otras complicaciones tanto biológicas como psicológicas
Foto: Especial

Una filmación de altura
La ciencia ficción es un género poco explorado en el cine mexicano. Desde la comedia sci-fi La nave de los monstruos (1960) --en la que dos venusinas aterrizaban en México y raptaban a un ranchero--, se cuentan casos aislados como Sleep Dealer (2008) --en la que un muro termina con la inmigración de México a Estados Unidos--, la distópica 2033: La ilusión de un futuro mejor (2009), Seres: Génesis (2010) y El incidente (2014), un tributo a Philip K. Dick.

De ahí que cuando los investigadores del Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) escucharon las ambiciosas ideas de Félix Mercado también pensaron que, como el protagonista de la historia que les proponía, se había vuelto loco. “Hemos sido conquistados hace muchas décadas --asegura el director--. No conquistados con una invasión militar sino a través de la penetración cultural del cine de Estados Unidos. Pero eso no implica que no haya otros modos de hacer, otras historias que contar”.

Una de las películas de referencia del director fue Contacto (1997) de Robert Zemeckis y basada en una novela de Carl Sagan, en la que la científica Eleanor “Ellie” Arroway detecta también una señal, pero de una distante civilización alienígena con las grandes antenas del observatorio radioastronómico Very Large Array en Nuevo México de fondo. Sin embargo, este no fue el único film que guió la imaginación de los creadores de Cygnus. “Nos interesaba en especial la llamada ciencia ficción dura, es decir ciencia ficción basada en ciencia real, no en fantasía. Otro referente fue The Andromeda Strain de 1971 basada en la novela de Michael Crichton y Another Earth (2011). A mí también me gusta mucho el suspenso de las películas de Alfred Hitchcock".

Tras una década de per-producción, la película se filmó en unas seis semanas de 2015. En el telescopio grabaron 10 días. Y no fue sencillo. A los caminos difíciles para ascender, se le sumaron otras complicaciones tanto biológicas como psicológicas: "La primera vez que subí me sentí cansadísimo por la falta de oxígeno y con taquicardia --recuerda Félix Mercado--. Me sentía lento, como si tuviera puesto alguna clase de traje espacial invisible y como si alguien hubiera jugado con mi cerebro. Era lo más parecido a caminar en la Luna. Desde que comenzamos a escribir el guión al día de comienzo de la filmación, yo fui muchas veces al telescopio y me terminé adaptando. Pero mucha otra gente de producción, no: padecieron lo que se llama el mal de montaña y muchos tuvieron que ser bajados".

La filmación, así, fue muy entrecortada en especial debido los repentinos cambios meteorológicos en la montaña. "Estábamos grabando con un sol esplendoroso y de repente sin avisar una nube nos invadía arruinando la continuidad".

Sin embargo, el principal obstáculo no fueron los dolores de cabeza, los mareos o la irritabilidad propios de la altura sino encontrar financiamiento. "Nosotros no somos Hollywood. Somos otro tipo de industria, no solo con otro tipo de presupuestos sino también con otro tipo de historias e intereses". En el camino, tocaron muchas puertas: consiguieron recursos del Fidecine (Fondo de Inversión y Estímulos al Cine), así como recurrieron también a la plataforma de financiamiento colectivo ARCA Fondeadora Creativa.

En su camino, además, Cygnus debió combatir varios estereotipos. "Cuando estaba buscando financiamiento --recuerda el director--, muchos me decían que nadie iba a creer que este tipo de ciencia se hiciera en México. De hecho, un productor de Estados Unidos se me acercó y me dijo que para conseguir dinero el científico protagonista no podía ser mexicano sino japonés o francés. Pero yo quería lograr lo contrario: mostrar que hay muy buenos astrónomos en el país".

“Hemos sido conquistados hace muchas décadas. No conquistados con una invasión militar sino a través de la penetración cultural del cine de Estados Unidos. Pero eso no implica que no haya otros modos de hacer, otras historias que contar”.
Foto: Félix Mercado
 

Imanes para la imaginación
Para el actor Jorge Luis Moreno, quien interpreta al astrónomo en la película, un gran estímulo estuvo en las locaciones: "Lo que más atrajo mi atención fue el hecho de filmar en un telescopio real, en un tesoro que tenemos en nuestro país".

Alto como un edificio de 22 pisos, de unas 2.600 toneladas, capaz de girar sobre su base con una precisión de relojería y de resistir vientos de 250 km/h, el Gran Telescopio Milimétrico “Alfonso Serrano” es el radiotelescopio más grande del mundo su tipo: busca emisiones de radio emitidas por antiguas galaxias, nebulosas y discos protoplanetarios. No ve al universo, más bien lo escucha. Este proyecto binacional entre el INAOE mexicano y la Universidad de Massachusetts Amherst, de Estados Unidos, fue inaugurado en noviembre de 2006, si bien entró en operaciones en 2011. Y recién en enero de este año comenzó a funcionar a toda capacidad.

"Es como estar en una isla tecnológica --dice Félix Mercado--: alejado de todo. Estás ahí y te sientes abandonado. Produce un fuerte contaste: te sientes cerca del cielo, de las estrellas y a la vez alejado de la civilización. Y muchos mexicanos no lo conocen".

Las grandes instalaciones científicas funcionan como imanes para los cineastas. La majestuosidad de estas construcciones, sus enigmáticos instrumentos y estructuras para muchos misteriosas excitan la imaginación de guionistas y empujan a productores a ver en muchos de estos megaexperimentos el set de filmación perfecto para películas de cualquier género. Además del GTM, el Gran Colisionador de Hadrones o LHC en Suiza, también fue set de rodaje. Allí se filmó en 2012 la película de terror Decay sobre un grupo de estudiantes que descubre que el gran acelerador de partículas subterráneo transforma a científicos en zombies.

El director chileno Patricio Guzmán, por su parte, aprovechó la desoladora belleza del desierto de Atacama --donde se encuentra el complejo astronómico ALMA-- para explorar en Nostalgia de la luz (2010) el contraste entre los astrónomos que investigación los confines del cosmos y un grupo de mujeres que remueve las piedras en busca a sus familiares asesinados durante la dictadura. Y en la escena final de la película GoldenEye (1995), James Bond pelea con el villano de turno en un telescopio gigante: el radiotelescopio de Arecibo en Puerto Rico.

En el caso de Cygnus, ya desfiló por varios festivales internacionales. Se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Morelia en 2017, ganó el premio del público en el Festival Internacional de Cine Fantástico y de Terror Mórbido y también se proyectó en el Festival Sci-fi London y se exhibirá en el Berlin Sci-fi Filmfest en noviembre.

La gente que la vio sale del cine interesada en el tema. Quieren saber más del telescopio. Por lo que en ciertas funciones habrá astrónomos para contestar preguntas del público sobre astronomía, por ejemplo, sobre la constelación Cygnus (El Cisne) o "La cruz del norte". El telescopio espacial Kepler de la NASA, por ejemplo, lleva detectados decenas de planetas extrasolares al observar el brillo de las estrellas que habitan en esa región del espacio. En especial, lo que atrae el interés de muchos astrónomos es Cygnus X-3, una poderosa fuente de rayos-X localizada a 23000 años luz de la Tierra. Descubierta en 1967, la primera "llamarada" se registró en 1972. Y también en 2011 y 2016. Se trata de lo que se conoce como microcuásar: un objeto compacto en un sistema binario, una fuente de rayos cósmicos de ultra-alta energía.

¿Será esta la fuente de la misteriosa señal de la que habla la película? Habrá que esperar al 2 de noviembre para averiguarlo.

 

Autor: Federico Kukso
Periodista científico independiente. 2015-16 Knight Science Journalism Fellow at MIT. Escribe sobre ciencia, tecnología y cultura para publicaciones como La Nación (Argentina), Undark (MIT), Muy Interesante Argentina, Agencia Sinc (España), Scientific American (Estados Unidos), Brando, Le Monde Diplomatique, Suplemento Soy de Página 12 (Argentina), Bank Magazine, entre otras. Fue editor de las secciones de ciencia en diarios como Página 12, diario Crítica de la Argentina y subeditor de la sección Ideas en la Revista Ñ (Clarín). Autor de los libros: Todo lo que necesitás saber sobre Ciencia y Dinosaurios del fin del mundo, entre otros.