Sociedad

“Sin bolsa, por favor”: ¿Estamos listos para dejar de usarlas?

Carmina de la Luz Ramírez 12 / Jul / 19
La experiencia alrededor del mundo muestra que, cuando se trata de cuidar el medio ambiente, no basta con prohibir y castigar

“Con la aprobación de esta reforma pondremos punto final a los plásticos de un solo uso en la Ciudad de México, en beneficio del planeta y el medio ambiente, así como de los seres vivos que habitan la madre tierra", dijo Alessandra Rojo de la Vega —diputada local del Partido Verde Ecologista de México— al presentar en mayo de este año una iniciativa de ley con la que se pretende regular la producción, distribución y consumo de bolsas de plástico (y otros productos desechables) en la metrópoli. El pleno del Congreso de la Ciudad de México consintió la enmienda, que entrará en vigor el 1 de enero de 2020 y que se suma a una serie de políticas públicas bienintencionadas y esperanzadoras que, no obstante, requieren de una implementación adecuada para resultar contraproducentes. 

Cielo, mar y tierra

Las bolsas de plástico desechables provienen de la industria del petróleo, y su uso se extendió en los Estados Unidos a partir de la década de 1970, cuando era muy común que el personal del súper mercado preguntara: “¿Papel o plástico?”. Su versatilidad, resistencia y bajo costo las volvió tan socorridas que cada año se utilizan entre 500 mil millones y 1.5 billones alrededor del mundo, según datos publicados en 2007 en la revista Waste Management. Mientras tanto, otra de sus cualidades —la durabilidad— ha desembocado en un problema creciente de contaminación ambiental.

Las bolsas de plástico afectan cielo, mar y tierra; tienen una vida útil de 12 minutos, pero en los ecosistemas pueden persistir hasta por mil años: en los océanos, resultan fatales para la fauna, pues es muy común que aves, tortugas y mamíferos marinos las ingieran o se enreden en ellas; al incinerarlas, liberan sustancias tóxicas, y si son desechadas en el suelo sus residuos pueden bloquear el intercambio de nutrientes en las plantas y llegar hasta los mantos acuíferos. Debido a este tipo de consecuencias, organizaciones no gubernamentales como Green Peace aplauden reformas similares a la propuesta presentada por Alessandra Rojo de la Vega, sin reparar demasiado en las variables sociales, culturales y económicas que pueden significar el éxito o fracaso de la política.

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Las bolsas de plástico afectan cielo, mar y tierra; tienen una vida útil de 12 minutos | Foto: Especial

Vacas sagradas y resistencia

Las primeras políticas que regularon el uso de las bolsas de plástico se remontan a los 90s, tal como indica una revisión del tema publicada en 2017 en la revista Marine Pollution Bulletin. El país pionero fue Bangladés, donde el fenómeno comenzó como una campaña anti-uso, y culminó con la prohibición de la producción y consumo de bolsas desechables. Le siguieron gobiernos municipales (como la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos), estatales (como Victoria, en Australia) y nacionales (como Taiwán) distribuidos en todos los continentes del planeta, cada uno con su propias razones. En India, por ejemplo, fue para evitar el riesgo de que las vacas —consideradas animales sagrados— ingirieran bolsas de plástico.

Fue en Irlanda donde germinó el verdadero sentimiento ecologista contra las bolsas de plástico desechables. Sus habitantes, al ver el paisaje costero arruinado, prácticamente pidieron la existencia de un impuesto, cuyo efecto fue la reducción hasta en un 95% del consumo de bolsas de plástico desechables. Los irlandeses no se arrepienten, ya que los gastos de administración representan solo el 3% de lo recaudado; además, se han convertido en el ejemplo para el resto del mundo.

Desde 2010, las políticas que regulan la producción, distribución y consumo de bolsas de plástico desechables se han triplicado. Al respecto, una investigación publicada en marzo de 2019 analizó 160 medidas, de las cuales el 56% corresponde a prohibiciones y el 32% a impuestos; por ejemplo, diversos gobiernos han prohibido la fabricación de bolsas muy delgadas, difíciles de reutilizar, mientras que otros han preferido elevar el costo para desmotivar el consumo, o bien, recaudar fondos para resarcir daños. Los autores del estudio se percataron, además, de que en lugares como Estados Unidos aún hay resistencia al cambio de conducta debido a la complejidad que supone la gobernanza de los plásticos.

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Las bolsas de plástico desechables provienen de la industria del petróleo y su uso se extendió en los Estados Unidos a partir de la década de 1970 | Ilustración: Especial

¿Un asunto de percepción?

En general, los instrumentos legislativos y de mercado que regulan el uso de bolsas de plástico desechables han tenido buenos resultados alrededor del mundo. Así lo sugiere un grupo internacional de científicos mediante un trabajo publicado en 2017 en la revista Current Opinion in Environmental Sustainability. Sin embargo, existen algunas excepciones. 

Dos casos contrastantes son el de Portugal y Sudáfrica. El país europeo inició sus regulaciones implementando en algunos súper mercados un cargo extra por las bolsas de plástico, y los análisis al respecto mostraron que la reutilización de bolsas era mayor en aquellos comercios donde existía el impuesto. Con esta experiencia, en 2015, Portugal instauró de forma universal el cargo extra, pero la población no lo percibió como una medida en favor del medio ambiente y la salud. En cambio, una encuesta publicada a principios de 2019 señala que los sudafricanos sí consideran el uso de bolsas de plástico desechables como algo dañino para el ambiente, aunque el impuesto correspondiente no ha logrado reducir su consumo.

¿Prohibir o imponer?

El principal problema con la propuesta de reforma a la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, presentada por la diputada Rojo de la Vega es la falta de claridad respecto a cómo se implementarán las regulaciones correspondientes. Esta ausencia de información no es única de la capital; en Jalisco, donde las restricciones fueron anunciadas desde 2018, pequeños comerciantes han manifestado que hasta la fecha siguen en espera de los lineamientos técnicos correspondientes.

Vistas con optimismo, este tipo de reformas representan una oportunidad para recuperar —a través de impuestos bien diseñados— parte del costo social que implican productos como las bolsas de plástico desechables. Desde la Universidad de California Davis, Bernardo Bastien Olvera, quien estudia interacciones entre economía y clima como parte de un doctorado en Geografía, explica para Tangible que:

lo ideal sería poder cuantificar, monetariamente, las repercusiones de cada acción asociada a la producción, uso y desecho de las bolsas de plástico en todo el ambiente”.

El principal problema con la propuesta de reforma a la Ley de Residuos Sólidos del Distrito Federal, presentada por la diputada Rojo de la Vega es la falta de claridad respecto a cómo se implementarán las regulaciones correspondientes
Foto: EFE / Miguel Sierra

Igual de importante es la comunicación precisa acerca de los mecanismos para administrar lo recaudado. En este mismo tenor, la bióloga Elena Rivadeneira Gutiérrez, experta en educación ambiental y profesora de bachillerato en la Universidad Autónoma de Yucatán, piensa que “en general, la población percibe el uso de bolsas de plástico desechables como algo malo; se piensa que no son la mejor opción; hay una conciencia y una preocupación por el daño que pueden causar, pero lo que hace falta es que puedan visualizar los tipos de daño, mostrar qué pasa más allá de lo que no alcanzamos a ver”. Por ejemplo, en un afán de ser más amigable con el medio ambiente, la gente ha optado por consumir bolsas oxo-degradables, las cuales en su proceso de descomposición liberan gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global. 

Autor: Carmina de la Luz Ramírez