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Sustentabilidad: ¡Basta de discursos!

Citlali Aguilera 06 / Dec / 18
La idea equivocada de que la degradación ambiental nos es ajena está en la origen de una crisis de la civilización

En 1987 la población mundial alcanzó los 5 mil millones de habitantes; se cumplió un año de la explosión nuclear de Chernóbil donde los habitantes se vieron afectados con graves problemas de salud, y el agua y suelo ahora contienen contaminantes radioactivos; el Golfo de México seguía recuperándose del derrame de 560 millones de litros de petróleo —el segundo más grande de la historia— y se hablaba del  agujero en la capa de ozono sobre Antártida, observado por primera vez 1985.  

El mismo año, el periodista James Gleick escribió un libro que lo llevó a ser finalista de los premios Pulitzer llamado Caos: la creación de una ciencia donde se trata de comprender la complejidad de la naturaleza y se hizo conocido el concepto de “efecto mariposa” que, según el matemático y meteorólogo Edward Lorenz, un pequeño cambio puede generar grandes resultados o, hipotéticamente “el aleteo de una mariposa en Hong Kong puede desatar una tempestad en Nueva York”.

Otro acontecimiento fue que la Comisión Mundial Para el Medio Ambiente y el Desarrollo de la Organización de las Naciones Unidas presentó el informe Nuestro Futuro Común —también conocido como Brundtland por ser el apellido de la ministra noruega Gro Harlem a cargo de la comisión— y el mundo escuchó hablar por primera vez sobre un nuevo concepto: Desarrollo sustentable.

A partir de ese momento, los conceptos de sustentabilidad y desarrollo sustentable dejaron de centrar el foco sólo en el medio ambiente, como había ocurrido en los años setentas con el discurso ambiental. La nueva concepción incluyó la dimensión económica y social responsabilizando de la degradación ambiental al crecimiento económico de una sociedad industrial, tecnológica y de consumo. 

Han pasado 31 años del informe Brundtland, a la fecha el concepto de sustentabilidad ha caminado en vanguardia divulgándose hasta formar parte del discurso oficial y el lenguaje común.

Sin embargo, parece ser que algo en su planteamiento no ha funcionado del todo bien. Pese a nuestro conocimiento y datos científicos previos, actualmente la población mundial rebasa los 7 mil millones de habitantes, hay conflictos armados en decenas de países, hablamos de calentamiento global y cambio climático, escasez de agua, desigualdad social, extinción masiva de especies o defaunación, y pérdida de la biodiversidad por mencionar los más graves.

¿Por qué no ha cambiado significativamente y para bien la situación planetaria? ¿Por qué nuestros esfuerzos y avances científicos y tecnológicos producto de nuestra creatividad y sapiencia homínida se ven sobrepasados por el maremágnum que nosotros mismos hemos generado?

Lo anterior ha devenido en una “sociedad de riesgo global” denominada así por el sociólogo alemán Ulrich Beck, quien sustenta la idea de que vivimos en una sociedad que se pone en peligro a sí misma.

Desde la Grecia antigua hemos configurado una dicotomía que separa al ser humano y a la naturaleza. Y seguimos teniendo la falsa percepción de que el deterioro ambiental es algo ajeno nosotros.

El ambientalista mexicano Enrique Leff, en su libro Racionalidad ambiental menciona que la crisis ambiental es una crisis civilizatoria, producto del pensamiento occidental que ha traído como consecuencia el modelo económico, político, tecnológico y cultural actual, y hace una invitación a cuestionarnos sobre “el ser, conocer y estar” en el mundo y con lo que nos rodea.
En la concepción de sustentabilidad podría estar la respuesta, pero primero tendríamos que alejarlo de aquellos discursos manidos y cooptados por algunos sectores políticos y sociales que desvirtúan, opacan y simulan que se está actuando bajo el enfoque sustentable. 

El desafío es que el concepto nacido en el mundo de las ideas logre pasar al terreno de la acción, cual sea el sector gubernamental, empresarial, socio-cultural, político o familiar en el que nos encontremos.

Para toda acción existe una reacción, así lo declara la Tercera Ley de Newton. Es así que, paradójicamente, la complejidad de la crisis planetaria que nos enviste puede llegar a tener solución si a nuestras acciones individuales y regionales les damos el peso de corresponsabilidad que tienen.

¿Qué oculta el efecto del aleteo de una mariposa? Tal vez una sencilla pero potente solución: No hay preocupación más humana y antropocéntrica que aquella dirigida a preservar el ambiente dice el especialista en filosofía latinoamericana Ramón Fabelo. 

Es así que no se trata de salvar el planeta per se, sino de salvarnos a nosotros mismos y nuestra estancia futura en el planeta. 

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.