Cuerpo

Susurros desde el más allá

Berenice González Durand 31 / Oct / 18
Imagenología e informática combinan sus virtudes en nuevos estudios en Pompeya y el proyecto de un banco de imágenes en 3D de los cadáveres no identificados en México

Un niño que mide menos de un metro de estatura parece acurrucarse entre los brazos del científico que lo sostiene hasta colocarlo en el interior de una máquina de tomografía axial computarizada (TAC) capaz de obtener una depurada imagen en tercera dimensión de su estructura ósea.

El pequeño falleció hace casi 2 mil años entre la lava arrojada furiosamente por el Vesubio en el 79 d. C. El volcán sumergió bajo una poderosa capa de cenizas y piedra pómez a la ciudad italiana de Pompeya hasta que a mediados del siglo XVIII encontraron sus restos.

En ese entonces, un científico llamado Giuseppe Fiorelli se le ocurrió resguardar los restos encontrados inyectando yeso a las cavidades huecas que habían conservado perfectamente las formas de los cuerpos sobre las cenizas. Actualmente se realizan nuevos estudios en los restos atrapados en estos moldes.

Mediante el escaneo realizado en el interior de sofisticadas máquinas de TAC se han logrado descifrar detalles relacionados con su alimentación y con las circunstancias precisas de su muerte que ayudan a alimentar los estudios históricos  de la época. 

Uno de los hallazgos más interesantes está relacionado con el estudio de la dentadura de los pobladores de esta ciudad. Todos los cuerpos estudiados presentan dientes que hoy serían la envidia de cualquier campaña publicitaria de un dentrífico, lo que confirma los beneficios de la dieta mediterránea caracterizada por el bajo consumo de azúcar. Esta saludable condición en sus  dentaduras también  fue reforzada por el alto nivel de flúor contenido en el agua que bebían. 

Con los cortes de estos sofisticados aparatos se pueden reconocer a detalle e incluso reproducir las características morfológicas que tenía el individuo antes de morir. La doctora Lorena Valencia Caballero, jefa de la Unidad Académica de Investigación en la Licenciatura de Ciencia Forense de la UNAM señala que el desarrollo de la imagenología, desde la invención de los rayos X hasta  las más depuradas técnicas de resonancia magnética, ha permitido la observación detallada del cuerpo por dentro y por fuera e incluso su reconstrucción fidedigna después de su muerte:

“Estos simples avances tecnológicos han revolucionado todo nuestro mundo en relación al análisis del cuerpo humano, pero hay otra vertiente muy importante que permite que las técnicas de imagenología crezcan: la informática”.
 

“Estos simples avances tecnológicos han revolucionado todo nuestro mundo en relación al análisis del cuerpo humano, pero hay otra vertiente muy importante que permite que las técnicas de imagenología crezcan: la informática”
Foto: Valencia Caballero / Restos óseos en Pompeya

La académica explica que el software es el que finalmente permite reconstruir de manera tridimensional toda la estructura corporal. De esta forma, se puede recuperar evidencia de rasgos morfológicos, estatura o afinidad biológica.

“Es posible quitar tejido blando y ver sólo el esqueleto o una parte de él. Este tipo de programas permiten que el hueso pueda ser analizado para obtener los parámetros poblacionales útiles para analizar  colecciones contemporáneas y antiguas”.
 
De momias y reflexiones históricas
La especialista señala que uno de los primeros casos en nuestro país en los que se utilizaron este tipo de herramientas fue el estudio de la momia llamada “Pepita”,  encontrada en la Sierra Gorda de Querétaro y datada con 2 mil 300 años de antigüedad.

A pesar de que no se le podía quitar el fardo funerario en el que venía envuelta, se pudo aislar su cráneo y hacer una réplica, pues la imagenología y la informática cuentan a su vez con aditamentos básicos en la actualidad, como lo son las  impresoras tridimensionales, sucesoras de la esteriolitógrafía. 

Respecto al “acervo” de momias encontradas en nuestro país, el doctor Zaíd Lagunas investigador del Centro INAH Puebla, experto en osteología, señala que el norte de nuestro país se ha convertido en un importante lugar de hallazgos de este tipo pues el clima seco de la región ha contribuido a  la momificación natural de muchos cuerpos que se acostumbraban envolver  al momento de su muerte, junto con sus herramientas y armas.

Después los cadáveres eran depositados en cuevas. El encierro en estos lugares contribuyó a mantenerlos en buenas condiciones y  ahora son una fuente de conocimiento para fortalecer la historia de la medicina e incluso poder rastrear patologías, como la sífilis que incluso se piensa que también estaba en América antes de la llegada de los españoles. 
Por su parte, el Doctor José Luis Vera Cortés, director de la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH), señala que los estudios en contextos arqueológicos que se desarrollan actualmente son impensables sin los beneficios de la interdisciplina.

“No hay una disciplina que se encargue totalmente de este tipo de investigaciones. Tiene que haber un trabajo que reúna el enfoque de diferentes expertos como antropólogos físicos, arqueólogos y osteólogos, entre otros. La tendencia de los últimos años ha sido la fragmentación del conocimiento, pero alrededor de hace dos décadas se ha intentado volver a una visión interdisciplinaria, con información distinta pero complementaria que alimenta un todo complejo”. 

Vera señala que ctualmente bajo el análisis molecular de las poblaciones, se puede establecer nueva información que sería muy difícil obtener mediante las técnicas tradicionales; como parentesco biológico a nivel muy fino, identificación de sexo en etapas tempranas o detección de algún tipo de enfermedades que se expresen en la información genética.
“El futuro de las herramientas científicas en estas áreas es que se pueda establecer un diálogo con las herramientas tradicionales”, señala el especialista sobre los procesos de análisis y reflexión que también conlleva el uso de las herramientas científicas.

El doctor Vera señala que uno de los casos más notables que han subrayado el avance de la ciencia en la arqueología y antropología física en los últimos tiempos son los estudios sobre Ötzi, la momia de un hombre encontrada en los Alpes (en la frontera entre Austria e Italia) y datada en el 3300 a. de C. Tan sólo el estudio del polen en los restos de comida que resguardaba su estómago, ayudó a establecer su tipo de alimentación, actividad física y hábitat. Incluso en la actualidad se ha identificado a una veintena de personas relacionadas con él, después de que 3 mil 700 austriacos donaron muestras de sangre para saber si había relación genética.
 

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“La ciencia ha ido transformándose. Hay información que hasta hace pocos años eran imposible obtenerse. Hoy existen nuevas líneas de investigación que permiten plantear nuevas preguntas; de hecho, normalmente los arqueólogos y antropólogos físicos resguardan una parte del material investigado en espera de que las  técnicas que surjan en un futuro puedan proporcionar lo que hoy sería imposible obtener”.

Impacto en la vida cotidiana
Pero además de la información histórica que este tipo de estudios pueden aportar, estos métodos también están siendo utilizados en nuestro país para cuestiones que afectan de manera más inmediata la vida cotidiana de las personas. A finales del 2013 se aprobó la creación de un laboratorio de antropología forense en la UNAM para impulsar investigaciones sobre parámetros poblacionales  e innovación en técnicas de identificación humana, entre otras cosas. 

Uno de sus proyectos más ambiciosos es la creación de un banco de imágenes en 3D de los rostros de cadáveres que permanecen en calidad de desconocidos en los servicios forenses nacionales. Justamente las herramientas de imagenología contemporánea e informática constituyen la columna vertebral de este proyecto. Sus antecedentes se sitúan hace 14 años cuando la doctora Lorena Valencia realizó estudios para determinar el grosor del tejido blanco de la población mexicana, necesario para determinar la cantidad de tejido que existe entre el cráneo y la parte externa de nuestros rasgos faciales. 

Este tipo de información trabajada con tomografía axial computarizada permitió determinar las profundidades en 32 puntos del cráneo muy bien establecidos que sirvieron para hacer mediciones en grupos de vivos y muertos en México. En 2004 se realizó un estudio similar en Granada, España; y  de 2011 a 2012 se realizaron estudios en la población puertorriqueña. Así fueron analizados los rasgos faciales de esas tres poblaciones. 

“Es así que actualmente tenemos una base de datos con información antropométrica muy importante, que brinda la posibilidad de hacer comparaciones y tener datos biológicos al momento de aplicar la técnica de reconstrucción facial por medio de un software”.

Valencia explica que el software es una herramienta comercial, pero su aportación son los datos que integran de manera automática la información biológica.

“Estos simples avances tecnológicos han revolucionado todo nuestro mundo en relación al análisis del cuerpo humano, pero hay otra vertiente muy importante que permite que las técnicas de imagenología crezcan: la informática”.

La reconstrucción facial  que hacen directamente sobre un cráneo puede generar la imagen de  un rostro de manera virtual e incluso se puede llegar a plasmar en un busto mediante una impresora 3D. Actualmente también investiga otra variable que es la obesidad y cómo afecta ésta la morfología de los rasgos.

“Este programa tiene una finalidad muy particular para el ámbito forense. Queremos crear un banco de rostros de todos los cuerpos que están en calidad de desconocidos por su avanzado estado de descomposición o esqueletizados y que por su condición no pueden ser reconocidos a simple vista”, señala la especialista.

Se tiene contemplado empezar con este trabajo de reconocimiento facial a mediados del año que entra después del proceso de programación y los trámites correspondientes a la  parte legal del desarrollo del  software que da vida a este proyecto  que enfatiza el valor que pueden llegar a tener las ciencias forenses en todos los ámbitos.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.