Fuera mitos

Tarot sí o no: una adicción a la lectura de cartas

Luis Javier Plata Rosas 31 / Jul / 19
Un análisis desde la psiquiatría identifica como una adicción no tóxica ciertas actitudes de los consumidores recurrentes de la “lectura de cartas”

Dicen que entre tarotistas no se leen las cartas, pero, como antes que adivinos estos milagrosos videntes son empresarios y, como tales, lo que quieren es vaticinar un buen futuro para su negocio, ¿quién puede culparlos de buscar una diversificación de sus servicios con el fin de proporcionarnos la mejor atención en persona o en línea, con ayuda de las nuevas tecnologías?

Es así como, aunque los clientes más tradicionales aún pueden hacer una cita y acudir con tarotistas como Lady Utopia (sic, sin acento) para una lectura del tarot de Marsella que nos diga cómo recuperar a un ex o conservar a nuestra pareja actual, nativos digitales quizás sean más rápidos de embaucar —perdón, convencer— con opciones más modernas y consideren que está mejor invertido cada peso por minuto gastado en una hora completa de tarotmancia con la baraja Toth del mago Aleister Crowley —unos cuantos cientos de años más reciente que la de Marsella— y la lectura vía telefónica de Maika (“la mejor guía para hacer de tu vida un paraíso”) o Puri (“experta en consejos de amor para parejas a punto de romper”) por treinta euros (más de 600 pesos). Para los más tímidos por supuesto que hay la opción de una lectura por email, que permite a la vidente Paloma “hacer las cosas con calma y correctamente”.

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Lectura del tarot | Foto: Pixabay

Y es que hasta entre tarotistas hay niveles, y mientras que Paloma nunca ha entendido a esos colegas “que son capaces de dar una respuesta en el momento en que tiran la última carta”, pues como otros profesionistas saben, “siempre hay cosas que necesitan de una comprobación para obtener una lectura fiable y eso sólo se puede hacer a través del tarot por correo”, para que luego no le salgan con cosas como que “yo tengo otras cartas” y la diferencia entre los futuros real y predicho sean mayores que las diferencias en las predicciones de desarrollo o crecimiento económico entre el gobierno y el FMI.

¿Videncia veraz?

Si de algo saben los tarotistas, además del porvenir, es de ética. Es por ello que, preocupados por ofrecer una videncia veraz y honesta, quienes brindan un servicio “eficiente y certero” a través de un número telefónico fijo, nos advierten de los tarotistas charlatanes que “sólo quieren cobrarte” en una línea premium 806, “falsas videntes” que “se esconden detrás de un teléfono para engañar a quien llama con expectativas de conocer su futuro”, engañabobos con los que hablamos “sin saber realmente quiénes son ni su reputación”.

Como el buen tarotista se hace y no nace —aunque aseguren que nacieron con ese don— y aunque tirar las cartas seguramente tiene mucha menos ciencia (de hecho, no tiene ninguna) que gobernar, tal vez no dé lo mismo que nos tire las cartas una tarotista sin instrucción formal que alguien como Angélica L., quien tiene una licenciatura en parapsicología y es maestra Reiki, terapeuta holística, certificada en par biomagnético, facilitadora de un curso de milagros, con diplomados en programación neurolingüística y constelaciones familiares y maestra espiritual y energética de metafísica, alta magia, canalizaciones y, faltaba menos, médium.

Pero es momento de poner las cartas sobre la mesa la intención principal de este texto, que en realidad no intenta convencer a nadie de que el orden en que se nos aparece El Diablo, La Rueda de la Fortuna, El Colgado, Los Enamorados o alguno de otros arcanos dibujados en unos cartoncitos, de la mano de un tarotista y por boca de éste, no tiene forma alguna de en verdad decirnos qué es lo que pasará en nuestras vidas.

Creer en la clarividencia puede ser considerado como algo tan inofensivo como creer en que una pata de conejo (amuleto ahora en desuso, por suerte, en especial para estos roedores) nos asegurará buena fortuna, salvo por lo siguiente.

Adicción no tóxica

Es probable que el lector perspicaz, más que adivinar, haya sospechado que, para un porcentaje desconocido de personas que acuden a casas particulares, llaman por teléfono o usan internet para pagar a los tarotistas y supuestos videntes por consejos, terapias y rituales mágicos como amarres y desamarres —según sea el caso—, este comportamiento puede llegar a tener rasgos que permiten considerarlo, de manera estricta, como una adicción, con todos los riesgos que esto implica para su salud física y mental.

Aunque hablar de adicción al tarot podría parecer un uso inadecuado del término, dado que por lo general asociamos con un problema adictivo la introducción de alguna sustancia a nuestro cuerpo (lo que en psiquiatría se conoce como adicciones tóxicas o desórdenes del uso de sustancias), en este caso estaríamos ante una adicción no tóxica o sin sustancia o comportamental de la que se ignora casi todo, empezando porque el libro de cabecera del psiquiatra —el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales en su quinta edición (2013), DSM-5, por sus siglas en inglés— únicamente reconoce dentro de éstas al juego patológico, lo que no significa que no existan muchas otras, sino que apenas en años recientes (más recientes al menos que el año de publicación de la última edición del DSM-5) han comenzado a acumularse los estudios necesarios para que nuevas formas de comportamiento puedan ser identificadas como tales, como la adicción a las compras, a los videojuegos, a las nuevas tecnologías, al sexo, y hasta a sustancias que anteriormente no habían sido consideradas como adictivas, como la comida.

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Existen personas adictas al Tarot que ponen en peligro sus relaciones sociales | Foto: Especial

La psiquiatra María del Consuelo Tomás Benlloch, en un artículo publicado este año, alerta que es posible aplicar los criterios diagnósticos del juego patológico según el DSM-5 al caso de la consulta del tarot para así determinar si alguien tiene un trastorno adictivo:

1) necesita visitar a un tarotista con cada vez mayor frecuencia para conseguir la excitación deseada 
2) se pone nervioso o se irrita cuando se abandona o se reduce el número de visitas a tarotistas 
3) se esfuerza repetida e infructuosamente en controlar, reducir o abandonar las visitas 
4) a menudo piensa en el tarot
5) a menudo recurre a tarotistas al sentir desasosiego
6) luego de gastar dinero en una consulta, suele volver al día siguiente
7) miente para ocultar el grado en que está implicado en las consultas
8) pone en peligro o pierde relaciones sociales, laborales o académicas por culpa de las consultas
9) solicita dinero a otros para pagar las consultas.

Un futuro nada claro

Al igual que con otras adicciones, por supuesto que en los tarotadictos experimentan consecuencias serias en todas las áreas de su vida. En lo personal, se vuelven dependientes de los consejos de estos desconocidos, quienes les ofrecen soluciones mágicas y limitan su capacidad de elección personal y su libertad, colocándolos en una situación que asemeja a la de quienes son enganchados por una secta.

La psiquiatra señala que las personas que ha tratado con esta adicción están seguras de que los tarotistas son quienes dicen la verdad, en tanto que todos los demás están equivocados, y se sumergen en estados de ansiedad, depresión, culpabilidad, vergüenza, baja autoestima e incapacidad de manejar adecuadamente sus emociones y retomar el control de su vida.

En el ámbito de las relaciones interpersonales, los tarotadictos con frecuencia mienten y ocultan las consultas a su pareja, son incapaces de aceptar la idea de que su relación con su ex terminó y recurren a los tarotistas para amarres o contra-amarres que permitan que regrese o que eviten la separación, por lo que no procesan adecuadamente el duelo por la relación terminada.

Debido a los gastos cada vez mayores al aumentar la frecuencia de las consultas, los adictos al tarot suelen pedir préstamos a familiares y amigos, mintiendo sobre el destino real del dinero. Como el tarotista indica qué decisiones debe tomar su cliente en relación a todos sus conocidos, y como las consultas se convierten en la actividad principal en su vida, el resultado suele ser el aislamiento del tarotadicto.

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Personas acuden al tarot para pedir guía sobre sus relaciones amorosas | Foto: Especial

Antes de 2018, el único caso de una paciente plenamente diagnosticada con adicción al tarot —siendo más precisos, en el artículo la consideraron de manera general como adicta a la clarividencia, pero se trataba específicamente de tarot— del que se tiene registro médico es en 2015[2]. En 2018 psiquiatras del Hospital Clínico Universitario de Valencia, España, además de reportar detalladamente otro caso, propusieron el perfil de quienes son más vulnerables a esta adicción: mujeres de entre 30 a 60 años, de cualquier clase social, con rasgos dependientes de personalidad.

Estos mismos autores alertan que, debido a la casi nula existencia de estudios, no hay un tratamiento específico en el caso de la adicción al tarot, por lo que lo que actualmente se hace es recurrir a tratamientos que corresponden a otro tipo de adicciones.

O sea que, por el momento, para quienes sufren de adicción al tarot el futuro no es todo lo claro que requieren con urgencia. 
 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Tomás-Benlloch, M.C., 2019, Adicción al tarot: ¿mito o realidad? Consecuencias y factores de riesgo, Revista Española de Drogodependencias, 44(2), 13-25.,Grall-Bronnec, M.G., Bulteau, S., Victorri-Vigneau, C. y Bouju, G., 2015, Fortune telling addiction: Unfortunately a serious topic about a case report, Journal of Behavioral Addictions, 4(1), 27-31.,Ontañon-Gómez, J., Cañete-Nicolás, C. y Hernández-Viadel, M., 2018, Adicción al tarot: a propósito de un caso, Revista Española de Drogodependencias, 43(4), 97-101.