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Teporingo, ¿estás ahí?

Berenice González Durand 15 / Oct / 18
Esta carismática especie endémica de conejo no está extinta, pero aún falta una evaluación más exhaustiva y reintroducirla en áreas apropiadas para fortalecer sus poblaciones

En la cosmogonía prehispánica, cada ser vivo era visto como parte fundamental del engranaje del Universo, cuyo espacio y necesidades eran respetados para garantizar la continuidad de la vida. Precisamente en la cultura azteca (1345-1525 D.C) el Tochtly (conejo en náhuatl) simbolizaba la fertilidad y era uno de los veinte signos incluidos en el centro de su calendario. Bajo este escenario, el teporingo, el conejo salvaje endémico del centro del país, saltaba de gusto. Hoy sus saltos son más titubeantes, pero aún se encuentran registros en varios sitios de la parte central del eje Neovolcánico de México.

El nombre científico de este pequeño conejo de orejas cortas y cola prácticamente invisible es Romerolagus diazi, apelativo elegido en consideración a Matías Romero, quien fuera embajador de México en Washington y que jugó un papel importante en los permisos para los estudios de los naturalistas estadounidenses E.W. Nelson y E. A. Goldman. Tampoco se dejó de lado el nombre de Agustín Díaz, jefe de Ferrari Pérez, quien fuera director de la Comisión Geográfico Exploradora a fines del siglo XIX y que identificó por primera vez al también llamado conejo de los volcanes, aunque hubo controversia internacional durante algunos años sobre quién habría sido su verdadero descubridor.

Esta controversia sobre la identificación de la especie quedó guardada en el anecdotario histórico, pero una nueva polémica sobre el teporingo se dio hace un par de semanas cuando se empezaron a difundir noticias, que como teléfono descompuesto, circularon anunciado la extinción de la especie. En realidad, se trataba de una investigación del Centro de Investigación en Ciencias Biológicas Aplicadas (CICBA) de la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM) que reportaba la ausencia de la especie en el bosque del Xinantécatl, en el Nevado de Toluca. De allí a la extinción, todavía hay un camino que recorrer, pero la velocidad a la que se descienda por esta ruta depende de muchos factores.

Rafael Silvio Ramírez Álvarez, especialista en especies prioritarias de la Dirección General de Análisis y Prioridades de la CONABIO señala que aunque no es una especie extinta, sí es una especie catalogada en peligro de extinción por la NOM 059-SEMARNAT-2010. Se considera el lagomorfo más pequeño de México y el segundo de menor tamaño del mundo. El peligro por el que atraviesa la especie se debe principalmente a su pequeña zona de distribución. “El que su refugio sea cercano a los volcanes, hace que esté confinada a una porción limitada de hábitat”, señala y agrega que con las malas prácticas de cuidado ambiental que permiten la deforestación y la extensión de la agricultura (con prácticas de quema de suelos) se están reduciendo aún más los lugares donde habita.

Descubrir su presencia es relativamente fácil. En el texto Ecología y conservación del conejo zacatuche y su hábitat (Alejandro Velázquez et al, compiladores. FCE-UNAM) se señala que se puede distinguir fácilmente de otras especies de conejos con los que comparte hábitat pues el suelo muestra excrementos en abundancia. Según datos de la CONANP actualmente se desarrolla un estudio en coordinación con la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, gracias al cual se ha logrado extraer ADN de posibles excretas para poder confirmar su presencia y distribución precisamente en la parte norte y oriente del Nevado de Toluca.

 

“La noticia de que se han extinguido del nevado de Toluca es rara porque en realidad no es endémico de esa zona. El último registro lo hicimos en el 2008, pero en las últimas décadas su presencia ha sido extraña, es un lugar que en realidad representa ‘una colita’ de su distribución”
Foto: Gerardo Ceballos, especialista del Instituto de Ecología de la UNAM / El Universal

Una de sus peculiaridades es que realiza vocalizaciones fuertes y agudas. También se han descubierto asociaciones indirectas con otros animales, como el llamado mito de los arbustos (Psaltriparus minimus) un pequeño pájaro que construye su nido colgante en forma de pera, pero con la peculiaridad de que al interior llega a poseer un mullido tapizado de pelo de teporingo.
La zona de distribución del teporingo que actualmente se confirma de manera oficial es en los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl, así como en el corredor biológico Ajusco-Chichinautzin. “Investigaciones del 2016 reportan que el lugar donde se encontró el mayor número de individuos fue precisamente en este último corredor mencionado, pero esto no refiere que haya un aumento en la población o que haya crecido su distribución, sino simplemente que es la zona donde hubo un mejor muestreo, más datos poblacionales”. Dependiendo lo que se quiera indagar sobre una especie, como densidad o presencia, van a variar el tipo de estudios científicos que se realicen, pero Ramírez Álvarez señala que en un caso como el del teporingo se tendría que realizar un monitoreo eficiente que reporte periódicamente su presencia, ya sea de parte de la academia o de las agencias gubernamentales, pero también proteger los hábitats que tienen cada vez mayores laceraciones antropogénicas. “El deterioro de la zona del Nevado de Toluca no es una mentira y al final pone en riesgo no sólo al teporingo, sino a muchas especies que pueden ser extirpadas de la zona”.

La reintroducción de la especie
El Doctor Gerardo Ceballos, especialista del Instituto de Ecología de la UNAM y quien fuera elegido hace unos meses como miembro de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, ha estudiado durante muchos años al conejo de los volcanes. Comenta que aunque no hay un registro exacto del número de teporingos que aún recorren su zona endémica, se calcula en alrededor de cinco y seis mil individuos. “La noticia de que se han extinguido del nevado de Toluca es rara porque en realidad no es endémico de esa zona. El último registro lo hicimos en el 2008, pero en las últimas décadas su presencia ha sido extraña, ya que en realidad es un lugar que en realidad representa ‘una colita’ de su distribución”.

Ceballos comenta que de cualquier forma el Nevado de Toluca representa un hábitat bueno para esta especie. “Es una zona de gran extensión con lugares que posiblemente aún lo resguardan, pero si no es así, tiene zonas muy adecuadas para su reintroducción”, señala y subraya que una de las cosas que la situación actual del teporingo indica es que ante los embates hacía la fauna silvestre, lo que se suele llamar como “la liquidación de la naturaleza”, con factores que constantemente la amenazan como el fuego, perros ferales y pérdida de hábitat, muchos individuos pueden extinguirse, pero el mayor problema sobreviene ante la extinción de poblaciones. “En el caso del teporingo lo que habría que hacer es una evaluación más exhaustiva y en todo caso reintroducirlo, de hecho esta zona es el lugar perfecto para llevar a cabo estas acciones”.

“El deterioro de la zona del Nevado de Toluca no es una mentira y al final pone en riesgo no sólo al teporingo, sino a muchas especies que pueden ser extirpadas de la zona”.

La reintroducción de una especie no es un proceso sencillo, implica que la nueva población logre adaptarse aún cuando las habilidades de supervivencia, que generalmente son pasadas de padres a hijos durante la crianza, se pierden en los individuos que se desarrollaron en cautiverio; sin embargo, datos de la Asociación Mexicana de Mastozoología, AC, indican que desde el 2012 México lidera exitosos programas de restauración y reintroducción de especies de fauna silvestre en vías de extinción. SEMARNAT ha intensificado los programas para la reintroducción de ejemplares en sus hábitats originales para lograr su repoblación o recuperación.

Gerardo Ceballos menciona al caso del lobo gris mexicano, como algunos de los ejemplo más exitosos de reintroducción de poblaciones de fauna en el país. Otros casos que merecen mención: el cóndor de california, el berrendo penínsular, el hurón de patas negras y el bisonte. De esta última especie fueron liberados hace casi una década, en Janos, Chihuahua, 23 ejemplares genéticamente puros provenientes de EU. Dos años después nacieron 11 crías y el año pasado ya sumaban en el país 123 ejemplares. “Este tipo de técnicas son bastantes comunes en otros lugares del mundo, como África; de hecho, en este continente constantemente se mueven poblaciones de leones y elefantes gracias a estrategias de reintroducción muy bien hechas”.
 

Teporingo
La zona de distribución del teporingo que actualmente se confirma de manera oficial es en los volcanes Popocatépetl e Iztaccihuatl, así como en el corredor biológico Ajusco-Chichinautzin
Foto: El Universal

La ventaja del teporingo, según explica Ceballos, es que produce camadas grandes y están adaptados a presiones fuertes de mortalidad; además, se conoce muy bien su comportamiento en cautiverio, de hecho desde hace varios años hay una población importante en el Zoológico de Chapultepec con la que ya lleva trabajando muchos años. De hecho por estas características de la especie, instituciones de otros lugares del mundo como el Zoológico de Amberes en Bélgica y la Universidad de Hokkaido en Japón han buscado conocer la especie.
“Aunque el teporingo no está extinto hay que reforzar poblaciones y todavía tendríamos tiempo de aprender en el proceso y reintroducirlo adecuadamente, no como lo que sucedió con la vaquita marina que cuando se quiso hacer ya había muy pocos ejemplares. La noticia debería ser que este es el momento adecuado para empezar un esfuerzo grande de revisar cómo están todas las poblaciones de teporingo en su distribución y empezar un proyecto en el nevado de Toluca. Hablar de una extinción de la especie es completamente falso, pero también irresponsable”.

Para Ceballos, los científicos y los conservacionistas tienen que empezar a ser mucho creativos y activos en los terrenos de la conservación porque esto que pasa con el teporingo y otras especies es sólo un aviso de algo que se va a volver más recurrente en el futuro. Por otra parte Ramírez Álvarez comenta al respecto que además de las estrategias científicas en conservación cada vez deberían existir medidas más agresivas de manejo para recuperación de hábitats, a la par de una conciencia ambiental en todas las personas sobre los recursos que brinda la naturaleza y que no son renovables.

Autor: Berenice González Durand
Periodista cultural independiente. Ha trabajado en diferentes revistas y periódicos como editora y reportera. Desde 2013 escribe para Conciencia, que antecede a Tangible, como la apuesta por la ciencia de El Universal.
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Tangible Redacción
15/10/2018