SCI-Tech

Terminator y Los 4 jinetes del apocalipsis de la Inteligencia Artificial

Luis Javier Plata Rosas 01 / Nov / 19
Inmortalidad, comodidad, gratificación y dominancia son las características cyborg que influyen en el desarrollo de las nuevas líneas de investigación tecnológica

El 1o de noviembre marca, muy apropiadamente para un robot cuyo suicidio asistido salvó a media humanidad (o casi, pues, según esta ficción futurista, murieron tres mil millones de personas) de la rebelión de las máquinas, el regreso de los cyborgs que, si en verdad tuvieran inteligencia artificial, sabrían que tener el rostro de Arnold Schwarzenneger es lo que les confiere el poder de resucitar y regresar al pasado las veces que sea necesario, sin importar si son ensamblados por Cyberdyne Systems o por Mi Alegría, si se trata del modelo 101 o del T-800, o si hicieron un fondue con sus cuerpos de tungsteno-titano recubiertos de piel. 

Amenazas robóticas en el cine abundan, pero sólo el androide humanoide con los músculos -y, tal vez, hasta con los sentimientos- de Conan, el bárbaro, ha conseguido encarnar y popularizar en una misma criatura una de las cuatro dicotomías que Stephen Cave y Kanta Dihal, investigadores del Centro Leverhulme para el futuro de la inteligencia de la Universidad de Cambridge, han identificado en la percepción de nuestra especie con respecto a la construcción de máquinas dotadas de inteligencia artificial . 

El lado oscuro de la inmortalidad es la inhumanidad, la posibilidad de que ese cyborg o esa copia orgánica haya perdido en el camino lo que nos hace humanos y que, además, no se trate en verdad de uno mismo.

 El sueño de la inmortalidad

A partir del análisis del contenido de 300 narrativas procedentes tanto de la ficción fílmica y literaria como de obras ensayísticas, Cave y Dihal describieron la esperanza y el miedo paralelos que comprende cada dicotomía surgida de nuestras respuestas afectivas ante el desarrollo futuro vislumbrado -o, de plano, imaginado sin ninguna base sólida en las posibilidades reales- de la inteligencia artificial:

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Imgen promocional de la película Terminator | Foto: Especial

1. Inmortalidad. Este es el sueño sin el cual los otros tres estarían incompletos, y habría, en teoría, dos opciones para cumplirlo con la inteligencia artificial. La opción A es la transformación -más bien cyborgización- de nuestros cuerpos al estilo de los personajes de la película Los recolectores (2010). ¿El corazón ya no palpita? Lo cambiamos por uno artificial. ¿Las piernas ya no responden? Las sustituimos por unas prótesis, si no de inexistente adamantium, sí de alguna aleación duradera. ¿El cerebro ya no responde? ¿Cuál es el problema? Para eso está un modelo con una capacidad de cálculo mucho mayor que la red neuronal de su obsoleto antecesor orgánico. 

El lado oscuro de la inmortalidad es la inhumanidad, la posibilidad de que ese cyborg o esa copia orgánica haya perdido en el camino lo que nos hace humanos y que, además, no se trate en verdad de uno mismo.

La opción B es la trascendencia: ¿quién quiere ser visitante habitual de una refaccionaria de piezas humanas, si de una sola vez puede descargar todo el contenido de uno en un clon orgánico, como en el filme La isla (2005) o en una máquina, como en la cinta Identidad virtual (2014), al gusto del cliente? El lado oscuro de la inmortalidad es la inhumanidad, la posibilidad de que ese cyborg o esa copia orgánica haya perdido en el camino lo que nos hace humanos y que, además, no se trate en verdad de uno mismo.

2. Comodidad. Una vez que seamos inmortales, si para algo queremos máquinas que piensen por su cuenta es para no tener que volver a lavar los platos ni hacer absolutamente ningún trabajo obligatorio cuando tenemos esclavos artificiales que jamás protestarán ni serán una carga emocional para nosotros. Podríamos pasar el tiempo frente a una pantalla, recostados en un camastro y sorbiendo comida con la consistencia de una malteada, como los obesos humanos de Wall-E. Aparte de que disponer de una eternidad de ocio puede que sea más de lo que podemos tolerar, parece ser que el trabajo nos provee, más allá de un ingreso económico, de un estatus y de propósito dentro de la sociedad a la que pertenecemos. O sea que el lado negativo de esta segunda dicotomía es el temor a la obsolescencia.

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Película "Terminator: Destino Oscuro" | Foto: Captura de pantalla del trailer

3. Gratificación. Es claro que tener ante nosotros una eternidad de ocio puede convertirse más temprano que tarde de una utopía en una distopía si no contamos con entretenimiento variado, suficiente y duradero. Por fortuna, para eso dotamos a nuestros robots con inteligencia y creatividad artificiales con niveles al menos similares -si no es que superiores- a los presumidos (es un decir) por los guionistas de joyas del divertimiento cinematográfico como Campo de batalla: La Tierra (2000) y Transmorphers (2007, no confundir con Transformers, si bien es discutible qué tanto representa esta última una mejora sobre su cuasihomónima). Los androides podrían incluso convertirse en nuestras parejas románticas… si el Joker -perdón, Joaquin Phoenix- se enamoró de un sistema operativo en Ella (2013), ¿cómo no enamorarnos de robots con los rostros de James Marsden o Evan Rachel Wood en la serie Westworld? El infierno de esta dicotomía es la alienación: ¿qué pasa si preferimos por completo relacionarnos con las máquinas y las relaciones entre humanos se vuelven obsoletas? Un peldaño debajo de este escenario se presenta en la película Identidad sustituta (2009), en el que la única interacción “cara a cara” es entre avatares robóticos controlados a distancia por humanos.

Uno de nuestro temores más grandes cuando se habla de inteligencia artificial, es la posible rebelión de nuestras creaciones robóticas.

4. Dominancia. Una inmortalidad cómoda y gratificante debe ser protegida de otros humanos envidiosos que busquen arrebatárnosla. Para establecer nuestra dominancia sin poner en riesgo nuestras vidas siempre es preferible enviar a máquinas autónomas e inteligentes como el Terminator. El problema es que otras máquinas más inteligentes que el Terminator y que nosotros mismos, como Skynet, se nos adelanten y decidan establecer su dominancia sobre la humanidad. En resumen, la última cara distópica de esta tetralogía dicotómica es una favorita del tema de la inteligencia artificial: la rebelión de nuestras creaciones robóticas.
 

A pesar de sus grandes ventajas, el uso de la inteligencia artificial podría mermar las capacidades cognitivas del ser humano. Estás leyendo: ¿Puede la inteligencia artificial superar a la inteligencia humana? Para seguir leyendo da clic aquí o en la imagen.
Foto: Especial

Influencia Cyborg

Examinar cientos de narrativas como las ejemplificadas aquí puede parecer ocioso, pero Cave y Dihal señalan al menos tres aspectos en los que tienen una influencia actual y real:

1) En los objetivos de quienes trabajan con inteligencia artificial.

2) En la aceptación pública y en la apropiación o rechazo de los sistemas de inteligencia artificial; y

3) En la forma en que son regulados los productos que cuentan con inteligencia artificial.

Para entender qué tan grande puede ser este impacto no hay más que voltear a ver las filias y fobias que desatan los organismos transgénicos. Y es que pocas cosas en ciencia ficción son tan atemorizantes como el Complejo de Frankenstein.

 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Cave, S. y Dihal, K., 2019, Hopes and fears for intelligent machines in fiction and reality, Nature Machine Intelligence, 1, 74-78.