Fuera mitos

¿Tienen alguna relación los tiroteos escolares y el consumo de psicotrópicos?

Luis Javier Plata Rosas 18 / Sep / 19
En la desesperada búsqueda de las razones que llevan a estudiantes a abrir fuego contra sus compañeros se ha señalado el consumo de fármacos como causa principal. ¿Hay evidencia científica al respecto?

El 21 de mayo de 2018 Oliver North, en la antesala de ser nombrado presidente de la Asociación Nacional del Rifle, sugirió que quizás la causa de que un día un adolescente se despertara al sonar la alarma y, tras tomar su desayuno, se apertrechara con armas de fuego de alto poder y decidiera disparar a sus maestros y compañeros de escuela, habría que buscarla en que desde el jardín de niños había sido medicado con Ritalin. ¿Por qué apuntar a una agrupación con fines tan nobles como la que él preside y exigir un mayor control de armas, habiendo tantos a quien culpar?

Un villano favorito en este caso han sido los videojuegos violentos, pero es algo difícil usarlos como chivo expiatorio cuando es evidente que millones de personas de todas las edades en todo el mundo los juegan a diario y sin que sea noticia cotidiana que un estudiante japonés, costarricense o suizo, influenciado por Fortnite o Rainbow Six Siege, fue responsable de una tragedia.

Pero siempre quedan las drogas psicotrópicas como segundo sospechoso común. ¿Quién puede confiar en que un fármaco que ayuda a tratar un desorden de personalidad o la esquizofrenia de un paciente no tenga como efecto secundario que una mañana el paciente amanezca oyendo voces que le dicen que acometa algo que no haría en su sano juicio? Pero ésta y conjeturas similares implican poner a los bueyes detrás del carro en una asociación en la que, de haberla, una persona responsable de un tiroteo escolar que tiene problemas mentales, si está medicado, es porque tiene estos problemas y no al revés. Es decir, no tiene problemas mentales porque esté medicado.

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Se le atribuye a las drogas psictrópicas ser causantes de las balaceras en colegios en Estados Unidos, ¿esto es cierto? | Foto: Pinterest

En busca de evidencia científica

Sobre la supuesta relación entre tiroteos en escuelas de Estados Unidos y que los culpables estuvieran medicados con algún psicotrópico (es decir, una sustancia que afecta las funciones cerebrales y provocan cambios en nuestras percepciones, conductas y estados de ánimo) hay, en particular, una fuente más preocupante que la pura opinión de North, dado que ha sido extensamente divulgada en internet por la Comisión de Ciudadanos por los Derechos Humanos, organización formada por la Iglesia de la Cienciología (la que tiene pocos rivales en cuanto a estar alejada de la ciencia se refiere, como no sea de la ciencia ficción peor y más fantasiosa que pueda haber, sin ánimo de ofender a un género tan valioso como diverso). Se trata de la sentencia expresada por el psiquiatra y psicofarmacólogo David Healy:

Noventa por ciento de los tiroteos escolares por más de una década has estado asociados a un tipo de antidepresivos ampliamente prescritos llamados inhibidores selectivos de la recaptura de serotonina”.

Pero una cosa es decir algo y otra muy distinta probarlo, en especial en la investigación científica, donde es una condición indispensable para ello publicar artículos en los que Healy o cualquier otro investigador exhiban todas las observaciones, mediciones y experimentos que él y su equipo hicieron para apoyar la veracidad de su afirmación. El problema es que, a pesar de la autoridad que él tenga en el campo de los antidepresivos y otros psicotrópicos, y aunque cuenta con numerosos artículos y libros sobre la posible asociación entre antidepresivos y suicidios, sólo existe un artículo en el que documenta un único caso del culpable de un tiroteo escolar medicado con el antidepresivo fluoxetina.

¿Bajo el efecto de los fármacos?

En cambio, para erradicar este mito con graves consecuencias de estigmatización para quienes requieren una terapia que incluya psicotrópicos, un equipo de psiquiatras forenses encabezado por Ryan Chaloner Winton Hall hizo la más reciente y más exhaustiva posible de las revisiones de los perpetradores de los tiroteos escolares que ha habido en Estados Unidos de 2000 a 2017, lo que se dice en una línea pero que en la práctica presenta dificultades que van desde la definición de tiroteo escolar (para los autores del estudio: “todo incidente en el que uno o más individuos participan en una balacera aleatoria o sistemática con el fin de lograr asesinatos múltiples o masivos”) hasta indagar, cuando el historial clínico del perpetrador es inexistente, si lo reportado por los medios es correcto (un artículo del New York Times publicó sobre uno de ellos, por ejemplo, que sus compañeros de cuarto sabían que tomaba medicamentos como parte de un tratamiento psicológico, pero documentos oficiales mostraron posteriormente que, en efecto, eran medicamentos, más no para la cabeza sino para los hongos, pues se trataba de un antimicótico)
 

El problema es que, a pesar de la autoridad que él tenga en el campo de los antidepresivos y otros psicotrópicos, y aunque cuenta con numerosos artículos y libros sobre la posible asociación entre antidepresivos y suicidios, sólo existe un artículo en el que documenta un único caso del culpable de un tiroteo escolar medicado con el antidepresivo fluoxetina. En la imagen policías hacen guardia en la secundaria Marjory Stoneman Douglas de la ciudad de Parkland, en el sureste de Florida; el cual ocurrió el 14 de febrero de 2018
Foto: EFE / Cristóbal Herrera

En el intervalo de tiempo considerado hubo 49 tiroteos escolares. La edad promedio de los perpetradores de los tiroteos fue de 23 años, con una moda (el dato más repetido) de 15 años. Los perpetradores más jóvenes tenían 12 años y el más viejo 62, en tanto que siete eran adultos de alrededor de 40 años; en la mayoría de los casos adultos, se trata de empleados de la escuela (maestros, personal de mantenimiento), de estudiantes graduados o de otros antiguos estudiantes con alguna relación con la escuela.

Veintiún perpetradores (43% del total) habían recibido alguna forma de tratamiento mental anterior al tiroteo, en tanto que para el resto no hay indicios de ningún tratamiento previo. Doce de los perpetradores (24% del total) habían sido arrestados o tenido algún otro problema legal antes del tiroteo. Sólo siete (14%) había visto a un psiquiatra en algún punto de su vida anterior al evento. A veintitrés (47%) se les había prescrito algún psicotrópico en algún momento previo al evento: un antidepresivo a 11 de ellos (22%), un antipsicótico a tres (6%), benzodiacepinas a tres (6%), estimulantes a dos (4%) y un somnífero a uno. En la gran mayoría de los casos no fue posible establecer si aquellos con un tratamiento clínico con psicotrópicos lo seguían o lo habían dejado para el momento en que perpetraron el tiroteo.

Los resultados del estudio de Chaloner Winton y colaboradores coinciden con los de Peter Langman, creador del sitio en red schoolshooter.info, e indican que la mayoría de los culpables de tiroteos escolares no habían tomado psicotrópicos. Langman encontró que sólo el 12.5% de ellos estaban medicados antes del tiroteo, una cifra muy baja comparada con el 47% del equipo de Chaloner Winton, pero hay que considerar que esta última considera personas con prescripciones médicas en algún punto de su vida, lo que incluye aquellas que no habían tomado psicotrópicos por hasta 8 años antes del tiroteo, de ahí la diferencia en las cifras.
 

En la gran mayoría de los casos no fue posible establecer si aquellos con un tratamiento clínico con psicotrópicos lo seguían o lo habían dejado para el momento en que perpetraron el tiroteo. En la imagen residentes visitan el memorial en honor a las víctimas del tiroteo de la Escuela Primaria Sandy Hook, en Newton, Connecticut, el 20 de diciembre de 2012
Foto: Xinhua / Zhang Chuanshi

Influencia mediática

Chaloner Winton y sus colegas postulan que la preponderancia con que un alto porcentaje de personas asocia a los psicotrópicos como causa de los tiroteos escolares se debe tanto a un sesgo por parte de los medios de comunicación -que enfatiza este hecho, cuando está presente-, a un sesgo de confirmación por parte de la gente -que se enfoca en aquellos eventos que apoyan su creencia previa en que existe esta relación- y a una falta de consciencia de la predominancia de esta relación -de tener en cuenta, cada que ocurre, el número de eventos en que así pasa comparado con el número de eventos en que no-.

Dado que, en Estados Unidos, uno de cada seis adultos y uno de cada 13 menores de 18 años son recetados con psicotrópicos, y que esta cifra está muy alejada del porcentaje de adultos y de menores que disparan contra lo que se mueva en sus escuelas, los psiquiatras concluyen que es incorrecta la explicación que ve en los fármacos la razón detrás de estos eventos.

Buscar en los fármacos la raíz del mal tampoco les parece raro a los autores del estudio, pues señalan un caso de 1857, cuando Abraham Lincoln era un joven fiscal, en el que el abogado defensor alegó que su cliente se declaraba No Culpable por Razones de Demencia con base en que había cometido su crimen bajo los efectos del cloroformo que le habían administrado durante una cirugía. Está por demás consignar aquí cuál fue la decisión del jurado en este juicio.

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Healy, D., Herxheimer, A. y Menkes, D.B., 2006, “Antidepressants and violence: Problems at the interface of Medicine and Law”, PLoS Medicine, 3(9), e372.,Winton-Hall, R.C., Hatters-Friedman, S., Sorrentino, R., Lapchenko, M., Marcus, A. y Ellis, R., 2019, “The myth of school shooters and psychotropic medications”, Behavioral Sciences & the Law, 1-19.