Cuerpo

La tragedia de ser trans en América Latina: vivir sólo 40 años

Valeria Román & Debbie Ponchner 03 / Nov / 19
Estigmatizados, invisibilizados y sin acceso a servicios de salud de calidad, este sector de la población reduce su esperanza de vida a la mitad

Buenos Aires, Argentina

“Soy una sobreviviente”, dice Yuliana Oviedo, de la localidad de Avellaneda, al sur de Buenos Aires, en Argentina. Mide 1,70 metros y tiene 55 años, y se las rebusca con el trabajo de peluquería o de limpieza a domicilio. Sufre enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y ha enfrentado barreras en el acceso a la salud. En los años ochenta, se automedicó al inyectarse silicona en mamas, cadera, nalgas y entrepierna. Mucho tiempo después cayó internada en un hospital. Primero los médicos pensaron que era una neumonía, hasta que pudieron detectar que las manchas negras que había en los pulmones de Yuliana era la silicona que se había desparramado por su cuerpo. “A las chicas y chicos trans que encuentro les digo que se asesoren antes de hacerse algo invasivo, y que estudien”, cuenta.

Ella, como otras personas trans, tiene una identidad de género que no se corresponde con las normas y las expectativas sociales que se asocian con su sexo asignado al nacer. En su caso fue registrada como varón por sus genitales externos, pero no se percibe como tal. Por supuesto, también existe el caso a la inversa.

Una de cada 4 personas trans no termina la escuela secundaria por el fuerte hostigamiento que recibe por parte de docentes y compañeros.

Como todo ser humano, las personas trans tienen derecho a una vida digna, a educarse, a trabajar y a recibir atención médica. Son parte de la gran diversidad de la humanidad. Sin embargo, en América Latina aún son fuertemente estigmatizadas y discriminadas. Están más expuestas a la violencia, al acoso, y a quedar al margen de la escuela, la casa, la familia, el trabajo y del hospital.

Hoy, Yuliana está terminando la escuela primaria. El próximo año, a los 56, espera empezar la escuela secundaria. "Espero que mi salud me permita llegar a estudiar ciencias políticas en la universidad". Así mismo, dejó atrás el consumo de marihuana y cocaína y la prostitución que ejercía cuando tuvo que abandonar su hogar en su juventud, pero como muchas otras, estuvo expuesta a un patrón de determinantes sociales que terminan por causar diferentes problemas y hacen que el promedio de vida de las mujeres trans en América Latina se encuentre entre los 35 y 41 años a diferencia de la expectativa de vida general de la región que es de 75 años, según la RedLacTrans con base en diferentes trabajos parciales sobre la región.

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Yuliana en 2018 con su certificado de peluquera | Foto: Cortesía

En este sentido Amalia del Riego, jefa de la Unidad de Servicios de Salud y Acceso de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) afirma que “es inadmisible que las personas transgénero, así como otros grupos de población en situación de vulnerabilidad, tengan una expectativa de vida menor al resto. Los países de las Américas suscribieron en 2014 la Estrategia de Salud Universal. La salud universal es el fundamento de un sistema basado en los valores del derecho a la salud, la equidad y la solidaridad. Universal significa que todas las personas tengan acceso y cobertura a servicios de salud integrales y de calidad, y a intervenciones para abordar los determinantes sociales de la salud, sin tener dificultades financieras. Esto requiere el compromiso de transformar los sistemas de salud de la Región, y un esfuerzo concertado para eliminar las barreras de acceso”.

Hasta el 77% de las personas trans son expulsadas de sus hogares durante la infancia.

Estigma y maltrato

Históricamente, se ha considerado que las personas trans padecían un trastorno patológico porque su identidad de género no coincide con su sexo asignado al nacer. En junio de 2018, la Organización Mundial de la Salud retiró oficialmente a la identidad trans de la clasificación como enfermedad mental. Actualmente se la considera una “incongruencia de género”. Desde Naciones Unidas se ha advertido que “tratar a las personas trans como si fueran enfermas es una de las principales causas de las violaciones a los derechos humanos a que se enfrentan estas personas”.

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Integrantes de la comunidad LGBTTTI recuerdan que sigue pendiente el reconocimiento de la identidad sexogenérica en Toluca, Estado de México 25 de junio de 2019 | Foto: Jorge Alvarado 

Pero que lo haga patente una institución por más influyente que sea no garantiza la conciencia en la sociedad. Los prejuicios tienen un grave impacto en las personas trans. De acuerdo con la RedLacTrans —una organización sin fines de lucro que lucha contra la discriminación de las personas trans en la región desde 2004— hasta el 77% de las personas trans son expulsadas de sus hogares durante la infancia. Una de cada 4 personas trans no termina la escuela secundaria por el fuerte hostigamiento que recibe por parte de docentes y compañeros. Además, el 52% sufre situaciones de discriminación en centros de salud y hospitales. El personal administrativo o de seguridad y los equipos de salud que —en muchos países aún no han recibido formación para atender a personas trans— los estigmatiza y maltrata. Yuliana cuenta cómo recientemente una secretaria en un hospital insistió con llamarla con su nombre de nacimiento, pero una médica la ayudó para que escriban “Yuliana” en su historia clínica.

Como todo ser humano, las personas trans tienen derecho a una vida digna, a educarse, a trabajar y a recibir atención médica. Son parte de la gran diversidad de la humanidad. Sin embargo, en América Latina aún son fuertemente estigmatizadas y discriminadas.

Por desgracia, esa muestra de empatía es más una excepción que una constante. La mayoría de las veces, no las llaman por el nombre acorde a su género autopercibido. En otros casos, el personal de la salud estigmatiza al asociar a la persona trans con la condición de ser inevitablemente una persona viviendo con el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana adquirida).

Al sentirse mal, las personas trans tienden a evitar la consulta médica a tiempo. Experimentan miedo, y muchas veces sólo vuelven a un hospital cuando las enfermedades han avanzado y ya no hay opciones de tratamiento. Por décadas, la negación de la atención médica en hospitales ha llevado a que las personas trans se automediquen de manera privada o clandestina como en el caso de Yuliana que modificó su cuerpo por medio de intervenciones sin evidencia científica de eficacia y seguridad.
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Integrantes de la comunidad LGBTTTI recuerdan que sigue pendiente el reconocimiento de la identidad sexogenérica en Toluca, Estado de México 25 de junio de 2019 | Foto: Cuartoscuro / Crisanta Espinosa Aguilar

El derecho a ser una/o misma/o

Hay indicios de que la situación del derecho de acceso a la salud en América Latina está empezando a cambiar. Hay cuatro países con leyes nacionales, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, y otras naciones como Costa Rica, Ecuador, Colombia, y México que permiten cambiar el nombre según la identidad de género sin tener que hacerse una intervención previa en el cuerpo. En más hospitales públicos o privados de la región, las personas trans pueden acceder a intervenciones que sí han sido evaluadas científicamente.

Se trata de procedimientos que pueden ayudar a una persona con disforia de género a sentirse más congruente con su género autopercibido. El tratamiento depende de cada individuo. No existe una única fórmula. Cada uno decide hasta dónde desea llegar en su reafirmación de género. En el caso de las mujeres trans, existe la opción de utilizar la terapia hormonal cruzada, donde se bloquea la acción de la hormona masculina testosterona y se administran estrógenos, la hormona sexual femenina, para inducir en el cuerpo cambios físicos como la redistribución de grasa, la disminución de masa muscular y de vello corporal, el desarrollo de mamas, entre otros.

 

En América Latina la comunidad trans es fuertemente estigmatizada y discriminada. En este especial te contamos cuatro historias que exponen los problemas a los que se enfrentan día a día. Conócelas en nuestro especial, da clic aquí o en la imagen.
Foto: El Universal

En junio de 2018, la Organización Mundial de la Salud retiró oficialmente a la identidad trans de la clasificación como enfermedad mental. Actualmente se la considera una “incongruencia de género”. 

La terapia hormonal puede ir acompañada de procedimientos quirúrgicos, como aumento de mamas, la extracción de los testículos o la creación de una vagina. También se pueden realizar cirugías faciales, para lograr facciones más femeninas, como la disminución de la quijada, aumento de los pómulos o mover el cuero cabelludo para hacer más pequeña la frente.

En el caso de los hombres trans, también está la opción de la terapia hormonal masculinizante. La persona recibe testosterona, que suprime los ciclos menstruales, decrece la producción de estrógeno en los ovarios y hace que se den cambios a nivel corporal como el crecimiento de vello facial y corporal, una redistribución de la grasa corporal, engrandecimiento del clítoris, incremento en la masa muscular, calvicie, cambio en la voz, entre otros. En cuanto a cirugías, los hombres trans pueden removerse las mamas y crear un torso más masculino, crear un pene mediante una faloplastía o crear un escroto a través de una escrotoplastía.

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Yuliana en una exposicíon fotográfica de personas trans como sobrevivientes en Avellaneda, Argentina | Foto: Cortesía

La ciencia y la mayor apertura democrática y legislativa hacen pensar que podría haber un cambio en el futuro cercano. Como señala Amalia del Riego “si bien ha habido progreso en varios países de Latinoamérica en cuanto a ampliación del acceso a los servicios de salud y se han promulgado leyes que han ampliado derechos, aún resta mucho por hacer para que haya mayor acceso, sin discriminación, en todos los servicios de salud, para hacer realmente efectivo el derecho a la salud, sin dejar a nadie atrás, con especial atención a la diversidad y las personas en situación de vulnerabilidad. Para eso, es necesario poner fin al estigma entre los trabajadores de salud, así como capacitarlos para que puedan responder de manera adecuada a las necesidades de salud específicas de la población transgénero. El estigma y la discriminación son también causa de mala salud y debemos eliminarlos.”

El promedio de vida de las mujeres trans en América Latina se encuentre entre los 35 y 41 años a diferencia de la expectativa de vida general de la región que es de 75 años, según la RedLacTrans con base en diferentes trabajos parciales sobre la región.

Personas trans como Yuliana que vive en la Argentina ya pueden beneficiarse de estas medidas. Pero, sin duda, hace falta mucho. Ella, que ha sido estigmatizada y rechazada y ha arriesgado su vida en busca de un cuerpo que se corresponda con su identidad hoy hace un esfuerzo por comer lo más saludable posible dentro de su limitado presupuesto, y su energía se enfoca a terminar el trámite para obtener un documento de identidad con el nombre que eligió y en terminar la escuela primaria a sus 55 años. "Empecé mi transición como chica trans a los 26 años. Me siento orgullosa de la persona que soy", relata. Como ella misma se define, Yuliana es una sobreviviente que ha enfrentado los prejuicios y el rechazo de la sociedad. Hoy su reclamo forma parte de la voz de la comunidad trans en América Latina que pide la aprobación e implementación de la ley de identidad de género en toda la región para que “nunca más se tenga que volver a negociar el derecho a ser una/o misma/o”.

Cuatro reporteras de Tangible se internaron en la vida de las personas trans en México, Costa Rica, Venezuela y Argentina. Estas son las historias narradas desde la diferencia. 

 

Autor: Valeria Román & Debbie Ponchner
Valeria Román es periodista científica independiente. Fue Knight Science Journalism Fellow en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en 2004-2005 y becaria del Programa de Periodismo Médico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2003. Escribe sobre ciencia, ambiente y salud para publicaciones como la revista Science (Estados Unidos), Infobae.com (Argentina), Scidev.net, y la revista Forbes Argentina. Ha publicado en el blog Periodismo en Salud de la Fundación Gabo de Colombia y fue editora de ciencia y salud del diario Clarín de Argentina, donde trabajó durante 20 años. Es coautora del libro Darwin 2.0 La teoría de la evolución en el siglo XXI. Ha sido docente de periodismo científico en la Universidad de Buenos Aires y otras casas de estudios, y expositora en encuentros sobre periodismo y comunicación en Corea del Sur, Canadá, México, Qatar, Estados Unidos, Inglaterra, España, entre otros países. Fue vicepresidente de la Federación Mundial de Periodistas Científicos (2009-2011). Es cofundadora de la Red Argentina de Periodismo Científico (RADPC). Debbie Ponchner es una periodista costarricense especializada en temas científicos. Estudió Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica y luego obtuvo una maestría en Comunicación Científica y Médica en la Universidad Pompeu Fabra, en Barcelona, España. En el 2003-2004 formó parte del Knight Science Journalism Fellowship, en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, EE.UU. Sígala en twitter @debbieponchner