Cuerpo

Trangénero: La libertad de construirse a uno mismo

Valeria Román 18 / Nov / 19
Cuatro reporteras de Tangible se internaron en la vida de las personas trans en México, Costa Rica, Venezuela y Argentina. Estas son las historias narradas desde la diferencia

Buenos Aires, Argentina

“Yo le pedía a mi primo los calzoncillos mientras mi mamá me insistía con que usara una malla de baile con tutú”. Su madre quería tener una hija que siguiera su carrera de bailarina. Lo había adoptado con el nombre de Gisel en su documento y lo criaba sola en un ambiente de artistas en la ciudad de Buenos Aires. Pero Iván Puhlmann, que había nacido en 1979, no se sentía a gusto con hebillas ni polleras. “Era rebelde, y cuando tenía 9 años mi mamá me internó en un hospital neuropsiquiátrico infantil. Pasé un año allí y cuando salí, empecé a callar que me sentía varón porque había consecuencias. Me fui de mi casa, y no pude seguir en la escuela porque las burlas eran imparables y violentas. En cambio, en la calle yo me sentía bien porque encontraba la libertad de ser lo que era”, recuerda.

Se sentía un varón en un cuerpo adolescente que lo incomodaba. A los 14 años, eligió el nombre de Iván. Cuando fue a consultar por primera vez a un médico ginecólogo con su madre: lo llamaron por el nombre asignado al nacer, y no encontró comprensión para lo que le pasaba. Durante 22 años nunca más regresó ni a un centro de salud ni a un hospital. “Hasta 2001 no conocía qué había hombres trans. Busqué en Internet “travesti al revés” porque era lo que sentía. Encontré información en Internet”.

Con la idea de masculinizar su cuerpo, Puhlmann se aplicó por su propia cuenta anabólicos de fisicoculturistas y hormona testosterona, que dañaron su hígado y sus riñones. Volvió a una consulta médica recién hace tres años. Su vida había cambiado.

Maltrato desde los hospitales

Lo llamaron “Iván” tal como está registrado en su documento nacional de identidad. Pudo hacer ese cambio oficial de nombre gracias a la primera ley en el mundo que garantiza que toda persona puede decidir, desarrollar y expresar su identidad de género de acuerdo con su propia autopercepción, sin estar obligada a someterse a diagnósticos médicos, sin tener que pasar por una instancia judicial y sin someterse a un procedimiento de modificación del cuerpo.

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Frente a un entorno adverso, Iván Puhlmann hizo su proceso de transición con automedicación. Después de la sanción de ley de identidad de género, pudo acceder a un tratamiento con control médico. Hoy trabaja en Casa Trans, en Buenos Aires, para informar y empoderar otras personas trans sobre sus derechos | Foto: Valeria Román

Desde la sanción de esa ley en 2012, hubo mejoras en la situación de las mujeres y los varones trans en la Argentina con respecto al derecho de acceso a la salud. “Diferentes situaciones, como la expulsión por parte de sus familias, la deserción escolar por hostigamientos, la violencia ejercida por la Policía, el riesgo de exposición a las enfermedades de transmisión sexual, y la discriminación que sufren cuando van a los hospitales, han impactado negativamente en la expectativa de vida de las personas trans”, comenta Inés Aristegui, psicóloga e investigadora de la Fundación Huésped, con varios trabajos publicados sobre los problemas que enfrenta la población trans. “Desde la puerta de los hospitales, las personas trans eran maltratadas. Esa estigmatización se internalizó e hizo que no regresaran para recibir atención”.

Hasta 2001 no conocía qué había hombres trans. Busqué en Internet “travesti al revés” porque era lo que sentía. Encontré información en Internet”

Avances contra la discriminación

Un año después de la sanción de la ley, el equipo de investigación de Aristegui entrevistó a 498 personas trans (452 mujeres trans y 46 hombres trans). Encontró que siete de cada 10 personas trans se atendían en el sistema público de salud. Antes de la ley, 8 de cada 10 personas trans se sentía discriminada. Después de la sanción de la norma, sólo 3 de cada 10. Con la ley, se redujeron las situaciones en las que las personas trans no son llamadas por sus nombres de elección, las burlas o las agresiones del personal de salud, y las negativas a darle atención. También disminuyeron los casos en que las personas trans eran internadas en los hospitales según su sexo asignado al nacer en lugar de tener en cuenta su género autopercibido: se pasó del 34% al 4% para el caso de mujeres trans después de la ley y del 19% al 4,4% en varones trans.

“Cuando llegamos a ser atendidas en el hospital estamos en un deterioro tan avanzado que no se puede hacer mucho. Eso está cambiando de a poco. Nuestro activismo influyó para que hoy existan los espacios Trans-Vivir dentro de cinco hospitales de Capital y provincia de Buenos Aires, donde se acompaña a las personas trans para que se respete el derecho a la salud”, cuenta Nadir Cardozo, una mujer trans de 47 años que es promotora de salud en hospitales y coordina grupos en Casa Trans. Si las promotoras de salud encuentran que una persona trans fue internada sin tener en cuenta su género autopercibido, conversan con el personal de salud para que cumplan con la ley.

Otro cambio fue que la ley argentina reconoció el derecho a acceder a procedimientos de reafirmación de género a las personas trans que los requieran. Las obras sociales, las prepagas y la cobertura pública deben cubrirlas sin costo. La hormonización y las cirugías como la vaginoplastía (que consiste en la construcción de una vagina), el aumento de las mamas y la feminización del rostro son más frecuentes en mujeres trans. En los hombres trans, la cirugía que adecúa las mamas a características masculinas y la extirpación de útero y ovarios son más solicitadas. En menor medida, se solicita la faloplastia, la construcción de un pene usando tejido de otra parte del cuerpo de la persona trans.
 

En América Latina la comunidad trans es fuertemente estigmatizada y discriminada. En este especial te contamos cuatro historias que exponen los problemas a los que se enfrentan día a día. Conócelas en nuestro especial, da clic aquí o en la imagen.
Foto: El Universal

 

La bala de mayor calibre
 

“La ley de Identidad de género fue el primer paso. El problema es que no todos los hospitales públicos de la Argentina tienen personal capacitado para indicar las hormonizaciones o realizar los procedimientos o cuentan con los insumos necesarios. Hay esperas de más de 2 años para acceder a los procedimientos”, informa Cardozo. En el caso de las obras sociales, algunas se niegan a cubrir las cirugías, y la persona trans tiene que presentar una demanda judicial para que le respeten su deseo de intervenir su cuerpo. En estos casos, tendrá que esperar un año o más. En cambio, si una persona trans puede pagarse las intervenciones, en menos de una semana ya puede pasar por el quirófano.

A fines de agosto pasado, el Juzgado N° 11 del Fuero Contencioso Administrativo y Tributario de la Ciudad, a cargo de Paola Cabezas Cescato, ordenó que la Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires (ObSBA) le brinde a una afiliada trans de 32 años la cobertura integral de un tratamiento de feminización del esqueleto facial completa. La obra social le había negado el procedimiento en 2017 al argumentar que se trataba sólo de una cirugía estética con el objetivo de “alcanzar un estándar de belleza exigido por la actual sociedad”.

Al reconocerse el derecho a los procedimientos dentro del sistema de salud, las personas trans empezaron a abandonar la automedicación. El 61,2% de las mujeres trans había usado aceite de avión o silicona industrial y el 68% había tomado hormonas sin seguimiento médico antes de la ley. Los porcentajes de esas prácticas riesgosas bajaron al 4,3% y al 33% respectivamente al año siguiente de la ley. Desde las mismas agrupaciones que defienden los derechos, se hacen campañas con los adolescentes y jóvenes para que no se automediquen. En 2015 y 2018 desde el área de Salud del Gobierno de Argentina se publicaron guías para equipos de salud para la atención integral de las personas trans.

Diferentes situaciones, como la expulsión por parte de sus familias, la deserción escolar por hostigamientos, la violencia ejercida por la Policía, el riesgo de exposición a las enfermedades de transmisión sexual, y la discriminación que sufren cuando van a los hospitales, han impactado negativamente en la expectativa de vida de las personas trans”

“En los años ochenta, no teníamos acceso a un cirujano y estaba de moda feminizarse con inyecciones de aceite de aviones y siliconas. Otras mujeres trans te colocaban la sustancia. Yo me compré las agujas y me puse silicona en mamas, nalgas y piernas. Pero nadie sabía las consecuencias: ya estuve dos veces internada. Sufro inflamaciones y úlceras en la piel. Es como si la silicona quisiera salir y rompe tejidos. No hay cura para esta secuela. Solo tengo un seguimiento médico”, comenta Alessandra Babino, una mujer trans de 52 años, enfermera, costurera y actriz. Babino participó en agosto pasado en una reunión con representantes de atención primaria de la salud en el partido de Avellaneda, al sur de la Ciudad de Buenos Aires y contó que profesionales de la salud se negaron a ponerle una inyección recientemente en dos oportunidades.

“Por momentos sufro ataques de pánico porque estuve muchas veces presa en lugares inhóspitos sin saber por qué me detenían. Nunca me encontraron robando o con drogas, pero la Policía detenía sin brindarme explicaciones. Nadie nos defendía. Hoy para mí es muy importante que me den explicaciones en los centros de salud cuando la ley de identidad de género no se cumpla”, enfatiza Babino. “La sociedad no ha aceptado a los diferentes: a los gordos, a los morochos, a las personas con problemas de visión. Pero la bala de mayor calibre siempre fue para las personas trans. Estábamos muy solas en las décadas pasadas. Hoy la ley nos ayuda. No se trata de sólo de lograr la hormonización, sino que se considere la salud integral de las personas trans, incluyendo la atención psicológica y el acceso a las diferentes especialidades médicas”. A través del teatro, Babino quiere “abrir puertas y mentes para la sociedad integre a las personas trans”.

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Alessandra Babino, una mujer trans de 52 años, enfermera, costurera y actriz | Foto: Valeria Román

Construirse a una/o misma/o

Empieza a vislumbrarse que cada persona trans puede elegir su recorrido. Como la China, una mujer trans de 26 años que irrumpió en un desfile de modas BafWeek en Buenos Aires con un cartel “Yo también soy modelo” y no quiere hacerse cirugía alguna. O como Iván Puhlmann, quien después de hacer una consulta con un médico endocrinólogo decidió hacerse una mastectomía y accedió a un tratamiento con hormonas para masculinizarse. Pero no quiere hacerse una faloplastia. “No me suma ni me resta tener un pene. Cada uno debe tener la libertad de construirse como quiere”. Puhlmann ya cumpió los 40. No fue la bailarina que su madre quería. Hizo lo que quiso. Se recibió de cuidador terapeútico el año pasado, y hoy trabaja como promotor de salud en la Casa Trans, un espacio creado para dar orientación. Su próxima meta es terminar la escuela secundaria.

Autor: Valeria Román
Periodista científica independiente. Fue Knight Science Journalism Fellow en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) en 2004-2005 y becaria del Programa de Periodismo Médico de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2003. Escribe sobre ciencia, ambiente y salud para publicaciones como la revista Science (Estados Unidos), Infobae.com (Argentina), Scidev.net, y la revista Forbes Argentina. Ha publicado en el blog Periodismo en Salud de la Fundación Gabo de Colombia y fue editora de ciencia y salud del diario Clarín de Argentina, donde trabajó durante 20 años. Es coautora del libro Darwin 2.0 La teoría de la evolución en el siglo XXI. Ha sido docente de periodismo científico en la Universidad de Buenos Aires y otras casas de estudios, y expositora en encuentros sobre periodismo y comunicación en Corea del Sur, Canadá, México, Qatar, Estados Unidos, Inglaterra, España, entre otros países. Fue vicepresidente de la Federación Mundial de Periodistas Científicos (2009-2011). Es cofundadora de la Red Argentina de Periodismo Científico (RADPC).