Sociedad

Una mirada científica al universo de Stan Lee

Luis Javier Plata Rosas 16 / Nov / 18
Mirados desde una perspectiva analítica Wakanda y el meteorítico material, vibranium, pueden dar grandes leccciones de economía y geopolítica en nuestro mundo terrestre

Para ningún fanático de las historietas es misterio alguno que la Comiquísima Trinidad a la que se debe mayormente la creación del Universo Marvel está constituida por Stan Lee, Steve Ditko y Jack Kirby. En los años sesenta esta trinidad de dioses del arte secuencial tomaron una decisión de proporciones bíblicas: a diferencia de superhéroes como Batman y Superman, que en sus identidades secretas no podían importarnos menos –¿o a alguien le interesaba saber qué hacía Bruce Wayne durante el día o qué tipo de reportajes escribía Clark Kent?-, los semidioses del para, en comparación, no tan maravilloso Universo Marvel se enfrentarían, como cualquier mortal no superempoderado, a situaciones en las que, por ejemplo, a Peter Parker/Spider-man trepar por las paredes de tu departamento no evitaría que lo desalojaran por no pagar la renta, a Tony Stark/Iron Man tener una armadura no lo blindaría del alcoholismo y a Hank Pym/Ant-Man encogerse hasta casi desaparecer no cambiaría el color de hormiga de su divorcio.

Para Lee/Ditko/Kirby y sus sucesores no importa si vives en la versión de historieta de una ciudad real como Nueva York y encontrarte con algún colega superheroico a la vuelta de la esquina es, más que una probabilidad, una certeza, o si respiras el aire imaginario de una ciudad ficticia en medio de África: ten la seguridad de que, en algún número del cómic que estelarizas, la realidad te alcanzará y en el caso de Wakanda, hasta puede que esté acompañada de un profuso análisis geopolítico como el realizado por el economista John Robert Subrik en enero de este año[1].

Así, tuvo que pasar más de medio siglo para que T’Challa, la Pantera Negra, saltara de una esquina de las viñetas de los Cuatro Fantásticos (en el número 52 de 1966) al centro de un blockbuster en 2018 que reveló a todo el mundo dentro y fuera de la pantalla la existencia de una civilización tecnológicamente avanzada en la que, de acuerdo con Subrik y al igual que en nuestro universo, el papel que la geografía tiene en su desarrollo económico y político es imposible de separar y tan fundamental como el del recurso natural que la distingue del resto de las naciones ficticias o reales: el vibranium.

Al igual que el adamantium de las garras y el esqueleto indestructibles de Wolverine (si bien en el Universo Ultimate, uno más de los incontables que forman el Multiverso Marvel, Hulk parte a Logan en dos sin mayor esfuerzo) el vibranium es, más que un material exótico (es decir, un material con propiedades físicas poco comunes, como los superconductores, que transportan electricidad sin ninguna pérdida de energía), un material tan ‘imaginarium’ como el ahora famoso teseracto (que, en geometría, es en cuatro dimensiones espaciales el análogo a un cubo en tres y a un cuadrado en dos; si el lector no puede visualizarlo no se preocupe, pues lo mismo le pasaría a un ser bidimensional si le pidiésemos que pensara en algo tridimensional).

Como, según Steven W. Cranford, “la creatividad no está regida por reglas físicas”, este experto en nanotecnología se inspiró en el teseracto para crear en computadora, si no un material exótico, sí un material de geometría exótica con átomos de carbono: una nanoestructura (el prefijo implica que estamos ante un objeto con dimensiones de 10-9 metros, un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro) a la que bautizó como hipercubino[2].

 

Al igual que el adamantium de las garras y el esqueleto indestructibles de Wolverine (si bien en el Universo Ultimate, uno más de los incontables que forman el Multiverso Marvel, Hulk parte a Logan en dos sin mayor esfuerzo) el vibranium es, más que un material exótico es decir, un material con propiedades físicas poco comunes, como los superconductores, que transportan electricidad sin ninguna pérdida de energía
 

Las simulaciones en computadora permitieron a Cranford estimar que, para que Thanos pudiera destruir un teseracto de un tamaño similar al que vimos en Avengers: Infinity War, que de poder fabricarse en la realidad estaría formado por una cadena de miles de millones de moléculas de hipercubinos, el apretón de su mano morada (no por el esfuerzo, sino porque, como pudimos apreciar y sin querer ser racistas intergalácticos, ese es el color de su especie) tendría una fuerza de por lo menos cuarenta mil toneladas o alrededor de setecientos cincuenta mil veces la fuerza de cualquier humano normal -ahora queda claro porqué Hulk fue zarandeado peor que un luchador triple A y sigue sin recobrar color (verde) tras su pelea con Thanos-.

Cambiando de materia, el vibranium tiene la peculiaridad de absorber la energía cinética de las ondas de sonido y, cuando algo manufacturado con él -como el traje de la Pantera Negra- es golpeado, libera esta energía de manera explosiva, además de ser casi indestructible, lo que hace salivar a los fabricantes de armas. Y como la única fuente de vibranium en todo el mundo es un meteorito que cayó en Wakanda, esto ha hecho que la familia real de T’Challa tenga una riqueza -calculada a ojo de buen economista por Subrik a partir de datos fidedignos y hallados en los cómics-, de unos 90 millones de millones de dólares; mucho más que lo que tiene Slim aun si se le hubiera concesionado el aeropuerto en Texcoco y, de hecho, más que el producto interno bruto mundial en 2014.
Armado con las herramientas de la geopolítica, Subrik resolvió varios misterios wakandianos:
 

Steven W. Cranford, “la creatividad no está regida por reglas físicas”, este experto en nanotecnología se inspiró en el teseracto para crear en computadora, si no un material exótico, sí un material de geometría exótica con átomos de carbono

1) Los países más abiertos a la cooperación y al intercambio internacionales son los que se benefician de un mayor avance científico y tecnológico, pero Wakanda es una nación con ciencia y tecnología de punta a pesar de su aislacionismo. Esto se debe a que las ganancias obtenidas por las ventas de vibranium se han invertido sabiamente en investigación e innovación.

2) La mayoría de los países que, como Wakanda, dependen principalmente de las exportaciones de recursos naturales -sea vibranium, diamantes, petróleo o algún otro- tienen gobiernos con instituciones débiles y gobernantes que deciden despilfarrarlo en todos los lujos y elefantes blancos (y casas) que puedan comprar en lugar de invertirlo en (para ellos) banalidades como la educación del pueblo que, de esta manera, realmente sería sabio (quién sabe si bueno). Es sólo gracias al liderazgo y a la honestidad de T’Challa y sus antecesores que el peculado y la corrupción no son moneda corriente en Wakanda.

3) Aunque benevolente, T’Challa es un dictador que decide sin necesidad de consulta alguna qué es lo mejor para su pueblo, como privilegiar las ciencias exactas sobre las ciencias sociales y las humanidades; Subrik señala que para los dictadores es arriesgado invertir en académicos que, entre otras cosas, analizarán si no sería mejor cambiar el régimen que los gobierna. Aun con un déficit de investigadores en ciencias sociales, la monarquía wakandiana sería una anomalía sujeta a continuas presiones internas y externas para derrocarla o transformarla, como ocurre tanto en la película como en las historietas.

4) Basándose en los cómics, Subrik sitúa a Wakanda en medio de Etiopía, Sudán, Uganda y Kenia, lo que significa que el país de T’Challa no tiene acceso directo al océano y, al estar rodeado de vecinos, por decir lo menos, bastante problemáticos, enfrenta problemas para exportar el vibranium, pues los no tan fantásticos cuatro países citados están en los primeros lugares del mundo en los rubros de corrupción y pobreza, y en los últimos en estabilidad política. Esto justifica hasta cierto punto la política wakandiana de ocultar su verdadero nivel tecnológico y su cuantiosa inversión en armamento y medidas defensivas que, como Suiza con la Alemania nazi, disuaden a cualquiera de un intento de invasión.

Encerrado geográficamente y atrapado por vecinos corruptos, ¿es Wakanda un país cuyo éxito sólo podría ocurrir en las páginas de los cómics? Subrik asegura que no, y cita el caso de Botswana, que en condiciones similares ha experimentado una prosperidad continua desde los años sesenta. Rica en diamantes -en vez de vibranium-, Bostwana es un ejemplo de éxito equiparable al wakandiano gracias a que Seretse Khama, su primer presidente, creó instituciones fuertes que permitieron la correcta inversión de las ganancias económicas en educación, salud e infraestructura y evitaron la corrupción.

Si hace cincuenta años Stan Lee y Jack Kirby hicieron que T’Challa retara a los Cuatro Fantásticos para demostrar que era digno de gobernar a su pueblo, el escritor Ta-Nehisi Coates, autor de Una nación bajo nuestros pies -una de las sagas más reciente de la Pantera Negra en los cómics-, enfrenta a nuestro héroe en el siglo XXI a una rebelión cuyo resultado es la transición hacia una democracia. Aún sin Stan Lee, la idea de un Universo Marvel en el que la realidad en la que viven sus superhéroes es reconocible en la del nuestro sigue más que vigente.

Como dirían los wakandianos: ¡Stan Lee por siempre!
 

Autor: Luis Javier Plata Rosas
Divulgador científico y profesor de la Universidad de Guadalajara. Doctor en oceanografía costera. Autor de, entre otros libros, "La ciencia y los monstruos", "El océano tiene onda" y "La física del Coyote" y el "Correcaminos". Columnista de Nexos(Sobre ciencia, en teoría) y colaborador de ¿Cómo ves? (sección ¿Será?). Premio Estatal de Ciencia, Tecnología e Innovación de Jalisco en la categoría Divulgación (2014).
Referencias:
Subrick, J.R., 2018, The political economy of Black Panther’s Wakanda, Social Science Research Network Electronic Journal, 26 pp.,Cranford, S.W., 2018, Compressive failure of a carbon nano-tesseract: Sci-Fi inspired materials and the strength of Thanos, Extreme Mechanics Letters, 22, 19-26.