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¿Viajar a Marte dentro de México?

Susan Irais 08 / Apr / 19
Un paisaje en el norte del país atrae a científicos y cineastas por sus particulares características “fuera de este mundo”

México tiene 2 millones de kilómetros cuadrados, y un 60% de ese territorio son desiertos o zonas áridas, eso quiere decir que gran parte de nuestro país tiene condiciones de muy poca humedad y altas temperaturas.

“México está formado por dos cordilleras enormes, dos Sierras madres, la Oriental y la Occidental. Esas dos cordilleras son frentes que frenan el viento que viene del mar. El viento llega a la cúspide, pero desciende seco. Ese aire ha creado las condiciones perfectas para los desiertos”, explica el doctor José López García, Jefe del Departamento de Geografía Física de la UNAM.
 

En la imagen se aprecian las dunas de Bilbao en medio de las Sierras Madres. Estas enormes cordilleras impiden el paso de aire humedo, lo que ha creado las condiciones perfectas para un desierto.
Foto: Google Earth

Tangible fue al norte del país, al tercer lugar más grande en extensión desértica, Coahuila, para conocer el desierto de la comarca lagunera. Este atractivo turístico está ubicado a 65 kilómetros de Torreón y es una zona natural protegida: Las Dunas de Bilbao.

En las arenas de Bilbao los vientos pasean las arenas y forman grandes dunas, las arenas destellan con el Sol y son suaves.

Las formas de la arena

De acuerdo a una leyenda de la región, las dunas fueron formadas por los dioses para castigar a un pueblo de gigantes que se encontraría debajo de las arenas de Bilbao, y —según esta tradición— cuando los gigantes están a punto de encontrar la salida, las dunas se mueven.

Y de ser cierta esta leyenda los gigantes nunca encontrarían la salida pues el dios Eolo —viento— todo el tiempo está jugando con la arena.

“En los desiertos tenemos procesos eólicos (del aire). El viento levanta partículas y las deja suspendidas, esas partículas chocan y se van tallando entre sí, esto las hace más pequeñas; y finalmente las deja caer. Los movimientos eólicos forman dunas”, indica el experto de la UNAM.

 

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Foto dentro de las dunas en el crepúsculo  | Foto: Pamela Macías Cepeda
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Vista de las dunas con la luz natural del Sol | Foto: Pamela Macías Cepeda
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Enfoque a las formas transversales de las arenas  | Foto: Pamela Macías CepedaAlt
Foto dentro de las dunas | Foto: Pamela Macías Cepeda

Los montículos de arena —son móviles—, y tienen diversas formas dependiendo cómo pegue el viento. Las parabólicas tienen forma de “U” invertida y, como su nombre lo indica, semejan una parábola, en éstas la cima indica hacia dónde va el viento. Otras formas son: Barján, en forma de media luna, en ésta los picos indican la dirección del viento; longitudinales, son múltiples cordones de dunas, usualmente con una orientación paralela; transversal, tienen gran variedad de formas, pero la mayoría tienen forma de semicírculo y son constantes; barjanoide, con forma de estrella, formadas debido a que el viento pega en diferentes puntos. En algunas ocasiones se combinan varios tipos de dunas. Las dunas de Bilbao son transversales y en algunos puntos barjanoides.

Las dunas de Bilbao son transversales y en algunos puntos barjanoides (en forma de estrella).
Foto: Pamela Macías Cepeda

Paisaje marciano 

Las condiciones de las dunas de Bilbao son semejantes a la superficies de otros astros del Sistema Solar, como el planeta Marte o el satélite Titan, la luna más grande de Saturno.

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Paisaje desértico de las dunas de Coahuila | Foto: Susan Irais

En Marte las dunas tienen forma de media luna alargada. Y en Titán alcanzan centenares de metros de altura y muchos kilómetros de largo. Por lo que recorrer esas arenas puede dar al viajero la sensación de caminar por algún astro fuera del planeta Tierra. 

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Dunas de Marte, la imagen compuesta de varias fotografías tomadas por la Mast Camera (MastCam) del vehículo Curiosity en un valle de dunas en Marte | Foto: NASA

Antes de los gigantes 

La leyenda señala que las dunas fueron un castigo divino, pero el Programa de Manejo de la Reserva Natural Villa de Bilbao señala que se formaron porque las aguas de los ríos Nazas y Aguanaval acarrearon material mineral a las hoy extintas Lagunas de Mayrán y de Viesca, este proceso siguió hasta formar este territorio.

Hoy los vientos juegan con la arena de esos ríos y lagunas formando dunas altas y pequeñas, “es fascinante que ver a estas dunas móviles, el viento las pasea, pero jamás se las lleva de aquí”, expresa Manuel De Jesús Lastro López, cronista del lugar. 

“Las dunas son móviles, pero su movimiento es imperceptible al ojo humano porque es muy lento, la naturaleza tiene todo el tiempo del mundo”, explica el doctor López.

Brillos del desierto

Las arenas de Bilbao brillan por los diminutos cristales que contienen. Esta arena se llama sílica —es la combinación de sílice con oxígeno—. Se compone por granitos de cuarzo. Y una de las aplicaciones de esta arena es que de ella se puede extraer vidrio, señala el Programa de Manejo de la Reserva.

“Estás dunas se ubican en medio de la Sierra madre Oriental y de la Occidental, están más cercanas a la Oriental, y ésta es rica en sílice”, dice el jefe del Departamento de Geografía Física de la UNAM.

El clima en este paraíso desértico puede llegar a los 55° centígrados centígrados en verano y en las noches a 5°, y de acuerdo a una medición en Google Earth tienen 2.65 kilometros largo .80 kilómetros de ancho. aproximadamente 224 hectáreas.

 

Vista aérea de las dunas donde se aprecian sus dimensiones
Foto: Google Earth

Su semejanza con los desiertos más famosos es indiscutible y es por ello que los cineastas desde 1960 han usado este lugar como una locación recurrente para los filmes del viejo Oeste y  escenas en el desierto. Por ejemplo, La Almada de 1970, El diluvio en 2003, Blue Berry 2004 y Salvando al soldado Pérez en 2011.

Los habitantes de la arena

Un pueblo de gigantes habita debajo de las arenas y podría ser, ya que “las zonas desérticas tienen condiciones favorables para la obtención de fósiles, porque son zonas muy antiguas”, indica el experto de la UNAM.

Pero si no son grandes restos de animales de otras épocas, lo que puede estar debajo son selvas tropicales, “se cree que el norte de México en alguna época tuvo selvas tropicales. En expediciones en el norte del país se han encontrado conglomerados que en alguna vez fueron ríos enormes como el Grijalva o el Usumacinta”, explica el doctor José López, quien ha sido parte de dichas expediciones.

Por el momento no sabemos qué hay debajo de las dunas de Bilbao, pero sí conocemos a sus habitantes, liebres, conejos, coyotes, víboras de cascabel, hormigas rojas, búhos y correcaminos. “Tenemos un animal único, sólo se puede ver aquí y es el lagarto uma exsul lagartija blanca, tiene unos colores brillantes iguales que la arena. Muchos científicos han venido a estudiarlo”, indica Manuel Lastro.

Lo único verde entre la arena son los arbustos bruja, que son arrastrados por viento, y los límites de este árido lugar terminan con un horizonte verde: los cerros, ahí abundan mezquites y palmas datileras.

La zona del silencio

Este paisaje ha resultado atractivo para diversos turistas, cineastas y científicos alrededor del mundo por su clima y características naturales, pero también porque es una zona donde abunda el silencio, “es tan callado que uno puede escuchar sus pensamientos”, aseguran algunos visitantes recurrentes. Para acceder a “un paisaje fuera de este mundo”, solamente hay que pagar 10 pesos.

Autor: Susan Irais
Periodista de ciencia. Colaboradora en Tangible y Asistente de Información de Iván Carrillo. Profesora adjunta de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha escrito para la revista Algarabía y Ciencia UNAM de la Dirección General de Divulgación de Ciencia.