Sociedad

¿Víctima de la moda? Tus compras podrían impactar en los derechos femeninos

Citlali Aguilera 08 / Mar / 19
La explotación en la industria textil estuvo en el centro de la lucha por los derechos de las mujeres de principios del siglo XX. Una situación que no cesa en la actualidad

En 1975 la Organización de las Naciones Unidas (ONU) declaró el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. El inicio de esta conmemoración tiene varias versiones. La más conocida son las manifestaciones de las obreras textiles en Estados Unidos en 1857 —aunque el movimiento de más fuerza sucedió entre 1909 y 1917– cuando ellas exigían un salario equiparable al de los hombres, mejores condiciones laborales y la reducción del tiempo de trabajo de 17 a 10 horas.

En ese contexto, tuvo lugar la tragedia de 1911, cuando 123 mujeres y 23 hombres (en su mayoría migrantes) que trabajaban en la fábrica textil Triangle Shirtwaist en Nueva York, murieron quemados como consecuencia de haber estado encerrados cuando la fábrica ardió en llamas.

En pleno siglo XXI,  hablar de la mujer en el sector textil sigue siendo un tema pendiente que cada vez más se complejiza. En el informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre esclavitud moderna, hay alrededor del mundo 40 millones de mujeres (71%) y hombres (29%) —incluyendo niñas y niños— viven bajo esta inadmisible situación. De ese total, al menos seis millones son víctimas de esclavitud en la industria manufacturera que incluye a la industria textil.

El mismo informe reporta abusos como obligar a trabajar horas extras sin paga para alcanzar los objetivos de producción, retención ilegal de pasaporte o documentos oficiales, y acciones de coerción que van desde mantenerlos encerrados —¡sí, como a los trabajadores de Triangle Shirtwaist!— hasta el maltrato a golpes.

Trapitos al sol
La industria global de la moda, además de acrecentar los problemas de género y pobreza, ha sido declarada como emergencia medioambiental por la ONU. Olga Algayerova, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas, declaró que es uno de los sectores productivos que más agua gasta, además de emitir el 10 por ciento del dióxido de carbono a la atmósfera y de de producir el 20 por ciento de las aguas residuales en el mundo.

 

Al respecto de este último punto, es importante mencionar que van cargadas de sustancias tóxicas que dañan el ambiente impactando en la vida de la flora y fauna acuática y que, además, al estar presentes en la ropa, también pueden repercutir en nuestra salud.

Greenpeace analizó varias marcas de ropa reconocidas internacionalmente para detectar la presencia de ftalatos y nonifenoles etoxilados  —sustancias altamente tóxicas y dañinas— La investigación señaló que el 63 por ciento de las prendas contenían dichas sustancias.

¿Qué hacer?
Pareciera que desde un inicio nos hemos abotonado mal la camisa y, lo peor, que será muy difícil dar marcha atrás para hacerlo de manera correcta.

Por un lado, tenemos el problema de la mano de obra barata que son personas, como tú y como yo que  —literalmente— han sido convertidos en la máquina de coser de empresas transnacionales que comercializan el producto a precios que distan mucho de la remuneración que reciben. Por el otro lado, estamos todos nosotros: los consumidores.

El acceso que —con muy poco (o mucho) dinero— podemos tener para vestirnos y calzarnos tiene que ver con el ciclo de las tendencias, y temporadas que se rigen por el consumismo voraz, donde la ropa está pensada para ser usada y desechada, para que compremos más. Un ciclo absurdo que da por resultado que cada año miles de toneladas de prendas útiles terminen en la basura.

Reducir la cantidad de ropa que compramos, así como adquirirla de manera social y ambientalmente responsable, puede ser una pequeña acción con impacto de grandes proporciones para mitigar este gran problema que la mayoría de las veces es invisible.

Basta con revisar las etiquetas de la ropa que en este momento llevas puesta para darte una idea que te aproxime a lo grave de la situación. Otra cosa, cuando vuelvas a estar dentro de una tienda departamental frente a esa ropa que te gustó tanto, pregúntate si la cara del maniquí que la exhibe refleja el rostro de las personas que la fabricaron.

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.