Sociedad

Yoga, más allá de la pseudociencia y la mercadotecnia del wellness

Citlali Aguilera 20 / Jun / 19
La práctica milenaria de la India que celebra hoy su día internacional ha sido manipulada a conveniencia en occidente para convertirla en un producto más de la sociedad del consumo

Descalza, extiendo mi tapete sobre la duela de madera. A través de un gran ventanal observo la ciudad congestionada de autos. Comienzo a respirar profundamente lista para iniciar la práctica de yoga... inhala...pûraka... exhala... rechaka...

Cada una de las posturas o āsanas en sánscrito, exigen de quienes nos encontramos practicando prestar atención plena, a través de la respiración y los sentidos a la vida que se contiene dentro de nuestro cuerpo, la única sobre la que tenemos potestad y que como mexicanos es imperante cuidar.

¿Como mexicanos? Sí, subrayo la nacionalidad porque somos precisamente nosotros, los nacidos en este país, quienes ocupamos los primeros lugares mundiales en enfermedades no transmisibles y crónico- degenerativas. Por ejemplo, según las estadísticas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) somos el primer lugar en estrés laboral (por encima de China y los Estados Unidos); primer lugar en obesidad infantil;  segundo lugar en obesidad en adultos; noveno lugar en diabetes, y primer lugar en América Latina en defunciones por enfermedades cardiovasculares.
 

Es la misma OMS la que declara que la salud mundial es uno de los objetivos de desarrollo, y reconoce en el yoga una práctica que ofrece un enfoque holístico de la salud y el bienestar.
postura_de_yoga.jpg
Postura de yoga | Foto: Especial

Bajo la lupa de la ciencia

Un gran número de estudios científicos han puesto bajo escrutinio los beneficios del yoga. Una práctica que, como sabemos, se suele llevar a cabo en una atmósfera de pensamiento místico y espiritualidad, pero también de mucha e insana pseudociencia.

Científicos de diversas áreas del conocimiento como la cardiología, neurociencias y medicina de institutos de investigación y universidades reconocidas internacionalmente, han publicado los resultados de sus investigaciones donde señalan que practicar la disciplina en cuestión que incluye ejercicio físico, meditación (dhyâna) y ejercicios de respiración (prāṇāyāma) reduce significativamente el estrés, el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, regula la presión arterial y niveles de colesterol, y disminuye los cuadros de ansiedad y depresión. Hasta aquí todo muy bien pero, ojo, el yoga no es la panacea.

¿Lo mismo yogi que corredor?

Por ejemplo, en algunos de los muchos estudios que pueden ser encontrados en la web — como es el caso de uno publicado en la revista europea de cardiología preventiva por parte de investigadores la Universidad de Harvard— se señala que no había diferencias significativas entre las personas que hacen yoga y las que practican otro tipo de ejercicio aeróbico.

No obstante, ante esta práctica milenaria surgida en India, el capitalismo occidental parece dominar la flor de loto si de meditar la estrategia mercadológica se trata y así capitalizar la salud y espiritualidad con cualquier cantidad de productos y servicios —desde el tapete hasta el retiro exclusivo— que se traducen en ganancias millonarias.

meditation_0.jpg
Foto ilustrativa | Crédito: Especial

El aval de la (pseudo)ciencia 

En los más de 10 años que llevo practicando yoga he escuchado a algunos “gurús”, instructores y youtubers que en sus “enseñanzas” legitiman con el nombre de la ciencia información falsa, incorrecta o imprecisa promoviendo abiertamente la ignorancia. Por ejemplo, decir que el yoga modifica nuestro cerebro y el material genético de nuestras células, o que al hacer posturas de torsión como ardha matsyendrasana se exprimen las toxinas de hígado y riñones para  expulsarlas. ¿Cuál es la evidencia? Eso es lo que se necesita preguntar antes de hacer semejantes aseveraciones tan a la ligera.

Tu salud al mejor postor

El filósofo Guilles Lipovetsky menciona que estamos viviendo la era del vacío y que éste ha de ser llenado con el hiperconsumo. Considero que el verdadero yoga está más allá de la difusión de información pseudocientífica que empaña la literatura científica que sí avala algunos de sus beneficios, y también entorpece y confunde la concepción de los conceptos filosóficos tradicionales de la disciplina. Está, también, más allá de una clase de 90 minutos para vernos mejor físicamente, y más allá del impulso consumista que lucra descaradamente con nuestro anhelo de alcanzar una mejor salud integral.

Pûraka...inhala... 

¿Eres consciente de que algunos músculos de tu cuerpo están tensos? ¿Mientras lees estás líneas puedes reconocer si tus ojos están cansados de tantas horas de pantalla? ¿Cómo es tu respiración? ¿Dormiste bien? ¿El día de hoy cuál ha sido tu pensamiento y emoción más recurrente?

yogas.jpg
Foto ilustrativa | Crédito: Especial

Ahora, rechaka... exhala...

La palabra yoga significa la unión que busca la articulación armónica de tu estado físico, emocional y mental. Este equilibrio se logra al hacer una pausa en la vida y detener la prisa voraz que impera en nuestra sociedad. 

Observo el ventanal, el tráfico continua saturando la avenida. Pero yo me he transformado. La práctica del yoga me permite darme cuenta de cómo vivo mi existencia. Me invita a la interiorización, al autoconocimiento y no únicamente a lograr con mí físico la postura perfecta. Habito el presente.

Autor: Citlali Aguilera
Maestra en Gestión Ambiental para la Sustentabilidad. Dirige el proyecto SiembraUV del Centro de Eco-Alfabetización y Diálogo de Saberes de la Universidad Veracruzana. Periodista ambiental y conductora de los programas El Show de la Tierra (RadioMás) y La Ensalada (Radio UV). En el 2018, recibió la Mención Honorífica Nacional del Premio al Mérito Ecológico en la categoría Cultura y Comunicación Ambiental entregado por la SEMARNAT.